Innovar en salud, apuesta de desarrollo

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El porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) destinado a investigación y desarrollo (I+D), en las industrias de la salud en América Latina, es de una magnitud inferior al que aportan los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Sin embargo, la coyuntura de la pandemia generó experiencias exitosas y evidenció “las capacidades productivas y científico-tecnológicas en la región”.

De igual modo, se han hecho evidentes cambios en las perspectivas de las empresas internacionales que están “comenzando a evaluar estrategias de localización cercanas a los mercados de consumo final”.

Estas reflexiones están contenidas en el documento, Construir un nuevo futuro: Una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad, resultado del trigésimo octavo periodo de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que se celebró desde el 26 al 28 de octubre, por primera vez en modalidad virtual.

La Cepal, en esta investigación, y con base en las lecciones extraídas de esas experiencias exitosas y de los cambios en las estrategias de las empresas internacionales, propone tener en cuenta las siguientes orientaciones en una agenda de innovación en la industria de la salud:

  • Incrementar sustancialmente el aporte público a las actividades de investigación y desarrollo.
  • Aumentar el tamaño y horizonte temporal de los proyectos a ejecutar.
  • Fortalecer los centros de excelencia públicos, universitarios o privados.
  • Promover la conexión entre los actores del sistema de innovación de las industrias de la salud.
  • Mejorar los procesos de patentamiento, registro y aprobación de productos y procesos.
  • Monitorear los procesos de adquisiciones en el proceso de innovación de las industrias de la salud.

Las industrias de la salud, observa la Cepal, tienen grandes economías de escala, por lo cual los países pequeños y medianos de la región deberían poder acceder de manera fluida a los mercados de su región.

Del lado de la colaboración regional, el organismo propone:

  • Elaborar programas de innovación orientados por misión, ejecutados por consorcios multinacionales regionales.
  • Impulsar el proceso de integración formativa e intercambio de estudiantes e investigadores.
  • Extender y formalizar el reconocimiento mutuo del registro de medicamentos.
  • Complementar la capacidad instalada en los países con una plataforma regional de ensayos clínicos, orientada a consolidar estándares regulatorios comunes y reconocidos.
  • Regular las estrategias de adquisiciones mediante la creación de una base de proveedores que ofrezcan garantías de cumplimiento de estándares de calidad, seguridad y oportunidad de abastecimiento y precios adecuados.
  • Fortalecer los mecanismos regionales para la compra conjunta de medicamentos y dispositivos médicos en situaciones de emergencia sanitaria.

La Cepal señala que en consonancia con estas propuestas, ya “el 2 de julio de 2020 el Comité Ejecutivo de la Conferencia de Ciencia, Innovación y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (un órgano subsidiario de la Cepal) aprobó una propuesta de cooperación regional presentada por la Cepal y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones de Costa Rica, que incluye medidas encaminadas a promover la industria de la salud a nivel nacional y regional”.

Diagnóstico

En Construir un nuevo futuro: Una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad, se establece, como ya se citó, la brecha entre los países de la región y los de OCDE en investigación y desarrollo en las industrias de la salud.

“Si bien no existe información agregada de la región, este indicador en la disciplina de Ciencias Médicas en 2017 fue del 0,082% en el Uruguay, el 0,047% en la Argentina, y el 0,041% en Chile y Costa Rica, según cálculos de la Cepal sobre la base de datos de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Interamericana e Iberoamericana (RICYT)”.

Sin embargo, en los países de la OCDE, esta cifra alcanza niveles de un 0,35% a un 0,5% del PIB.

De manera positiva, la Cepal señala la existencia, en los países de mayor tamaño de la región, de “núcleos de investigación básica de alta calidad, con buenos indicadores de productividad en materias de publicaciones, y con una tendencia incipiente a la creación de empresas emergentes (start-ups)”.

La dificultad se asocia con la falta de “una base empresarial para introducir esas innovaciones en el mercado”, lo cual “frustra la posibilidad de obtener resultados como los que se observan en países de alto nivel de desarrollo”.

Por otra parte, el organismo revela bajo nivel de patentamiento, “resultado de la desvinculación entre los núcleos de investigación de la región y las empresas”.

La Cepal reconoce de manera positiva iniciativas públicas para introducir productos innovadores en el mercado como “los núcleos con capacidad de investigación no exclusivamente universitarios que, al contar con financiamientos basales públicos, han podido desarrollar proyectos de investigación con horizontes de ejecución y escalas de recursos que los han acercado a las fases de producción” y también la creación de empresas de base tecnológica.

En el contexto de la pandemia, se señala en el documento, diversas instituciones gubernamentales, cámaras empresariales y centros académicos lanzaron convocatorias para la innovación con el objetivo de impulsar iniciativas que van desde la producción de mascarillas hasta la fabricación de ventiladores mecánicos de emergencia.

Caso Panamá

En el caso de Panamá, cabe recordar que la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) hizo una convocatoria de respuesta rápida ante el coronavirus que llevó a la presentación de 291 proyectos.

Del total de esas propuestas, 67 (23%) fueron vinculantes con investigaciones asociadas al virus, como test rápido de diagnóstico de manera masiva y pruebas de medicamentos. 138 propuestas (47.4%) se asociaron a desarrollo de software, app y modelos matemáticos de apoyo a los sistemas de salud y 32 propuestas (11%) relativas a uso de drones, dispositivos, logística e inteligencia artificial, en este mismo ámbito del bienestar.

De manera reciente, el 10 de septiembre, también la comunidad científica presentó los primeros resultados de la iniciativa Ventiladores por Panamá, resultado del esfuerzo colaborativo de los sectores públicos y privados y una demostración de la capacidad de respuesta de la ciencia en Panamá.

Otros avances se conocieron durante el reciente webinar Foro Permanente CECIAC sobre Desarrollo de Capacidades para la Innovación: Experiencias de Panamá, Colombia y Guatemala, organizado por la Dirección de Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP).

CECIAC (Construcción y Evaluación de Capacidades de Innovación del Sector Académico) es un proyecto de investigación coordinado por la Dra. Zoila Guerra de Castillo de la UTP y busca fortalecer las capacidades de innovación,”tanto tecnológicas como no tecnológicas, con orientación pro social”.

La profesora Sidia Moreno, investigadora del Centro de Investigación e Innovación Eléctrica, Mecánica y de la Industria (CINEMI), de la UTP,  señaló en el Foro CECIAC que la innovación y las nuevas tecnologías “es una fuerza para resolver problemas sociales y más ante el impacto que nos está dejando la pandemia, producida por la covid-19”.

Sostuvo que la “innovación tecnológica y social son las dos caras de una misma moneda si queremos avanzar en innovación social de base tecnológica”.

Reconoció que la instituciones que desarrollan Innovación y Desarrollo (I+D) en el país enfrentan desafíos importantes para generar y transferir tecnologías.

De igual modo, “la inversión tanto pública como privada en I+D en Panamá se sitúa por debajo del promedio de Latam y el Caribe” y todavía son pocos los fondos para incubadoras especializadas en emprendimientos tecnológicos y sociales.

Lo positivo es la existencia de incubadoras y centros de innovación; de aceleradores de empresa (la experiencia de la Ciudad del Saber);  de Fab Lab (en la UTP), de centros de I+D, tanto públicos como privados, así como instancias de apoyo a la innovación (Senacyt, Autoridad de Innovación Gubernamental y comunidad internacional), además de empresas de base tecnológica, spin-off, startups y redes colaborativas.

Ejemplo de este “matrimonio exitoso” entre la tecnología y lo social, es el programa de robótica al servicio de la innovación social de la UTP, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que ha permitido, entre otros proyectos, diseñar un catamarán autotripulado para llevar medicamentos a comunidades remotas.

También el proyecto Espacios de aprendizaje comunitario para la innovación tecnosocial, financiado por Senacyt, busca desarrollar capacidades en las comunidad, a partir de la conexión de los niños con la robótica.

La Cepal, en el estudio Sectores y empresas frente al covid-19: emergencia y reactivación. Informe especial covid-19, citado en Construir un nuevo futuro, destaca, con respecto a Panamá, iniciativas de adaptación del sector productivo para apoyar el sistema sanitario y la salud de la población, desde los ámbitos de la logística, la distribución y el transporte.

Acciones regionales para acceso a la vacuna

De manera regional, la Cepal valora la acción de cooperación intrarregional encabezada por México y la Argentina “con miras a asegurar la producción y el acceso a una potencial vacuna”.

Recuerda que el 12 de agosto de 2020, “la empresa transnacional británico-sueca AstraZeneca y la Fundación Carlos Slim firmaron un acuerdo para contribuir a la producción en esos dos países y la distribución en América Latina de la potencial vacuna llamada AZD1222”.

Este proyecto de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, recuerda la Cepal, es considerado uno de los más avanzados del mundo y se encuentra en la fase 3 de desarrollo.

Concluidas las distintas etapas, el pronóstico es que la empresa biotecnológica argentina mAbxience, del grupo Insud Pharma, produciría el reactivo de la vacuna, “mientras el laboratorio mexicano Liomont completaría el proceso de estabilización, fabricación y envasado para distribuirla en la región (Fundación Carlos Slim, 2020)”.

De mantenerse los plazos, la manufactura iniciaría a comienzos de 2021 y estaría lista en el primer trimestre del año, un adelanto, observa el organismo, “de entre 9 y 12 meses en el plazo previsto para el acceso a la vacuna en la región” y un buen ejemplo de cómo la concertación de esfuerzos deja lecciones de esperanza en la región latinoamericana.

Violeta Villar Liste
redaccion@lawebdelasalud.com

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