Papel Literario ofrece una edición dedicada a los 50 años de la nacionalización de la industria petrolera, ocurrida durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). Una reflexión necesaria
Por: Nelson Rivera, director del Papel Literario del diario El Nacional
Amigos lectores:
I.
Justo en los días en que daba forma a esta edición dedicada a los 50 años de la nacionalización del petróleo, Manuel Silva-Ferrer, editor del portal Trópico absoluto, me habló de la reciente publicación de Paisajes del subsuelo, volumen que reúne ensayos de 22 académicos, sobre una diversidad temática alrededor del petróleo. Leer el índice y el ensayo con que Silva-Ferrer presenta el conjunto, remite de inmediato a la cuestión de la riqueza del petróleo como materia de pensamiento y creación. Quien haga el arbitrario ejercicio de detenerse en algunas de las palabras o frases de la tabla de contenido -Petroespectros, alquimias, patología, inframundo, fetiche, petroficciones, puntos de fuga, ficción de arraigo, acampar o habitar, edificios manifiesto, etcétera- podrá intuir cuánto de inagotable tiene en la especificidad de la cultura venezolana el petróleo, nuestro quid.
II.
A finales de agosto de 1975 fue promulgada la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercio de los Hidrocarburos, después de un durísimo debate que tuvo en el Congreso Nacional, su epicentro. El nuevo estatuto de cosas entró en vigor el 1 de enero de 1976 (hace cincuenta años). Es probable que muchos recuerden imágenes de aquella ceremonia capitular: Carlos Andrés Pérez izando la bandera de Venezuela en el campo de Mene Grande, retratado al lado de la placa conmemorativa o leyendo aquel discurso que terminaba con las palabras, ¡manos a la obra!
III.
A pesar de la exigencia y vastedad del tema, organicé un dossier para recordar los 50 años de la nacionalización petrolera. Así, en las páginas 1 y 2 reproducimos un fragmento de El petróleo en Venezuela: una historia global, de Rafael Arráiz Lucca, la parte dedicada a esos años de 1975 y 1976: “Se le daba a la comisión seis meses para entregar resultados. El 23 de diciembre, la comisión entrega su informe, una Exposición de Motivos y un Proyecto de Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos. El 11 de marzo de 1975, el ministro de Minas e Hidrocarburos presenta al Congreso Nacional, para su discusión, el proyecto de ley. Entonces comienza el debate parlamentario, acaso el último debate a fondo que sobre el tema petrolero hubo en Venezuela”.
IV.
Le pedí a José Toro Hardy, reconocido economista, autor de libros sobre la cuestión petrolera, emérito profesor universitario y ex director de Petróleos de Venezuela, que escribiera un balance de estos cincuenta años. Viene en la página 3: “En 1974, nuestras reservas probadas de petróleo (aquellas que eran económicamente explotables con las técnicas conocidas) alcanzaban a apenas 18.500 millones de barriles. Al dividir aquellas reservas probadas entre una producción anual de 2,3 millones de barriles diarios, la duración teórica de nuestras reservas alcanzaba apenas a 17 años. Hoy en día la situación es radicalmente diferente. Según cifras oficiales, para el año 2025 nuestras reservas probadas de petróleo son de 304 mil millones de barriles, en tanto que nuestra producción es de unos 365 millones de barriles al año (1.000.000 de barriles diarios). Al dividir el total de nuestras reservas probadas actuales entre nuestra producción anual, encontramos que la duración teórica de nuestras reservas es de unos 832 años”.
V.
Luis Xavier Grisanti es economista, experto en relaciones internacionales, profesor universitario y un estudioso de la economía petrolera. Encontré un artículo suyo sobre el aniversario de la nacionalización en la web de la UCAB. El material que se reproduce en las páginas 4 y 5 es una versión que Grisanti editó especialmente para nuestros espacios: “Es nuestro criterio que la nacionalización de la industria petrolera fue un éxito en el contexto histórico en que se efectuó, e, inclusive, sirvió de modelo para otros procesos similares en diversos países en vías de desarrollo. Y fue un éxito por cuatro razones esenciales, presentadas en orden de importancia, aunque la sumatoria de ellas fue mejor que su suma aritmética:”. Y sigue.
VI.
En el mencionado libro dedicado al petróleo, Arráiz Lucca comenta lo áspero, ruidoso y extremo que fue el debate en los meses previos al momento en que el Congreso Nacional aprobó la nacionalización en 1975. Eran otros tiempos, sin duda: el Congreso Nacional ejercía un peso decisivo en la vida pública; el debate parlamentario, con sus formas y retóricas, tenía astutos oradores, de verbo florido; las grandes materias generaban debates equivalentes. Tal el caso de la nacionalización, en particular del entonces espinoso asunto del artículo 5 (reproducido en la página 2, en el mencionado artículo de Arráiz).
VII.
Las páginas 6 y 7 reproducen la intervención que David Morales Bello, parlamentario diestro y fogoso, dirigente del partido Acción Democrática, hizo el 7 de julio de 1975: “Es verdad que ha habido invocación de doctrina extranjera tratando de hacerle creer a algunos incautos jurídicos que del artículo 97, se desprende como una fatalidad la estatización de toda actividad que se reserva para ser procedente su nacionalización. Pero ¿por qué hay que recurrir a la doctrina extranjera si la muestra es tan clara? Posiblemente porque la muestra, en este caso, no conviene a quienes pretenden convencernos con argumentos jurídicos absolutamente inadecuados a la realidad institucional (y jurídica en general) vigente en el país. No solo contamos con buena doctrina a nuestro favor. También podemos apoyarnos en certera jurisprudencia emanada del más alto tribunal de la República para sostener, con toda seriedad, esta tesis defensiva de la más convincente juridicidad que sostenemos, relativa al recurso de asociación consignado en el artículo quinto que ahora debatimos”. Y así: signo de otro tiempo, de reconocimiento de la ley, de consideración a las formas que exigen las diferencias.
VIII.
Enrique Moya recuerda a Antonie Van der Mark, ingeniero holandés que llegó a comienzos de los años 60’s a la Costa Oriental del Lago, como trabajador de Shell Company. “Tiempo después de su llegada, Van der Mark se interesó por las civilizaciones prehispánicas que habían habitado a orillas del lago de Maracaibo. Y para cuando nos conocimos, ya había explorado diversos campos petroleros en la búsqueda de aldeas ancestrales. Un poco más tarde descubrió un antiguo cementerio indígena y varios asentamientos. En ellos encontró numerosas piezas que daban fe de la intensa actividad aborigen de la zona. Algunas de estas piezas de notable arte indígena se extrajeron con mi ayuda, la de Humberto Caselli, además de otros colaboradores, y hoy expuestas en el Museo de Ciencias Antonie Van der Mark, ubicado en el cerro de la Estrella, al lado del emblemático pozo petrolero Zumaque I”. Página 8.
IX.
Dos artículos de Ibsen Martínez (1951-2024) publicados en El Nacional en los meses previos a su fallecimiento, ocupan la página 9. Muchos lectores lo recordarán: los asuntos del petróleo eran para Martínez una obsesión, materia para sus artículos, crónicas y libros de ficción. Entre los muchos posibles escogí La concesión Hamilton (“Hamilton, debo precisar también, no era ningún lord, tampoco muy ilustrado: era nativo del sur de Inglaterra, de una población cercana a Brighton, y simplemente buscaba fortuna en América. Poco más sabemos de él, salvo que no se avenía a los modos yanquis y que aquellos hispanoamericanos eran su banda favorita. Por el tiempo de mi cuento, mediados los años ochenta del siglo XIX, era agente viajero de una firma inglesa de galletas enlatadas. Hablo de galletas del tipo danés, ideales para la hora del té. Las que él representaba eran de lo mejor”); y El petróleo viene de la luna, el artículo que dedicó a la novela de Gustavo Coronel, del mismo nombre: “Desde chico he encontrado poderosamente evocativo el lenguaje de los geólogos que traté en el medio petrolero en que trabajó mi padre. Es algo que notas, por ejemplo, en los libros del barón de Humboldt, vulcanólogo, esteta y escritor de gran virtud. Sigmund Freud admite haberse apropiado, sin vacilar, de conceptos claramente geológicos como “buzamiento” y “afloración” para referirse con tino a lo que desciende o emerge del inconsciente. Esa intuición del lenguaje resplandece en la prosa de Coronel”.
X.
En la página 10, cerramos la edición con tres columnas:
· Felicidad pública se titula la entrega de Sin guía para perplejos, columna de Ruth Capriles: “Desenrolló el papel. Sabía lo que contenía. Allí había registrado sus días felices. Contó con desaliento: apenas catorce en toda su larga vida. Y ya no le quedó sino contar los miserables días restantes”.
· Anatomía de la abstracción, entrega de Café del día, de Roger Vilain: “Tiempo después –aquí aparece otra vez la palabreja– di en la misma biblioteca con Las confesiones, raro escrito que San Agustín, un recién llegado a mi galería de autores, atravesaba en el camino”.
· La dimensión desconocida, entrega de Nota al margen, de Keila Vall De La Ville: “Durante la dictadura chilena, Nona Fernández, autora de La dimensión desconocida, se topa a los trece años con la revista subversiva en cuestión. En su portada el retrato de este hombre, de apariencia común, con el titular: Yo torturé”.
XI.
Reciban mis palabras de respeto y solidaridad.
Nelson Rivera, director del Papel Literario
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