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El artículo es autoría de investigadores de la Universidad de Panamá y la Universidad Autónoma de Chiriquí

Redacción LWS

El típico olor y sabor del café podría resultar extraño y desconocido, y no solo “amargar” el comienzo del día, sino también representar un problema de salud.

“La adulteración del café es un problema frecuente que viola las normas de seguridad alimentaria y representa un riesgo para la salud del consumidor, más allá de su posible impacto económico”, explican científicos y científicas de la Universidad de Panamá y la Universidad Autónoma de Chiriquí, quienes publican una revisión narrativa “con el objetivo de compilar y analizar la evidencia científica más reciente sobre los principales adulterantes del café, sus efectos en la salud y los métodos analíticos empleados para su detección y control”.

De igual modo, la investigación destaca la necesidad de  implementar  técnicas  analíticas  que  aseguren  la  calidad  e  inocuidad  del  producto.

La búsqueda bibliográfica  abarcó los últimos diez años e incluyó estudios experimentales y de revisión indexados en las bases de datos PubMed y Google Scholar. “De los 53 artículos analizados se concluye que, aunque la mayoría de adulterantes son granos u otros alimentos, también se usan sustancias potencialmente peligrosas como fármacos y colorantes”.

El estudio es autoría de Kilmara Abrego-González y Aracelly Vega Ríos, de la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi), y de Estela Guerrero De León y Juan Antonio Morán-Pinzón, de la Universidad de Panamá (UP).

La investigación se publica enel Acta Agronómica (ISSN-e 2323-0118, ISSN 0120-2812, Vol. 73, Nº. 4, 2024, págs. 399-411).

¿Por qué se adultera un café?

La adulteración se define como una práctica que consiste en añadir, intencionadamente, sustancias  de calidad  inferior  o  perjudiciales  (De  Carvalho  Couto  et  al.,  2022). 

En  el caso del  café  adulterado, esta práctica dañina pretende compensar  los  altos  precios,  la  escasez  o  la  reducción  de  los  costos  de  producción.

Con relación al café tostado y molido, a  menudo  son  adulterados  empleando  cereales  tostados, los cuales son añadidos para aumentar el peso del café y reducir su costo.

“Los  adulterantes  pueden  infiltrarse  en  la  cadena de suministro del café desde el cultivo hasta el  procesamiento  y  la  distribución  (Flores-Valdez  et al., 2020)”.

Adulterantes afectan calidad y valor

Tomado de la investigación

La revisión evidenció que  los  adulterantes  más frecuentes corresponden a cereales como maíz, cebada  y  arroz,  “los  cuales  no  solo  alteran  el  perfil  sensorial del café, sino que también pueden modificar su  valor  nutricional  y  propiedades  nutracéuticas,  reduciendo  los  beneficios  asociados  a  su  consumo”.

Desde la perspectiva de la salud pública, afirman, aunque la mayoría de los adulterantes son de origen alimentario y  no  representan  riesgos  inmediatos,  se  han  documentado  casos  de  adulteración  con  sustancias  farmacológicamente  activas,  como  la  sibutramina,  que  pueden  generar  efectos  adversos  graves.

Técnicas para detectar la adulteración

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Al evaluar los tipos de métodos para detectar estas sustancias que adulteran la calidad de café, documentan que hay distintas técnicas, desde las mas convencionales hasta sistemas avanzados.

“Pese  a  los  avances  metodológicos,  el  campo  enfrenta limitaciones importantes, entre ellas la falta de  métodos  multielementales  capaces  de  detectar  simultáneamente una amplia gama de adulterantes. Asimismo, las técnicas de control de calidad rutinario presentan restricciones: la inspección visual resulta insuficiente para identificar adulteraciones, y aunque la microscopía se emplea en el análisis de café tostado molido, el color oscuro y la reducción del tamaño de partícula dificultan su eficacia”.

En conjunto, el  análisis  de  la  literatura  evidencia  un  progreso  sostenido  en  el  desarrollo  de  métodos  analíticos  más  robustos.

Brechas en la regulación

El estudio demuestra que persiste   una  brecha  normativa  entre  los  países productores y consumidores, realidad que “subraya la necesidad de la colaboración internacional entre gobiernos,  industrias  y  organismos  técnicos  para  garantizar que la adulteración del café no se convierta en un riesgo para la salud pública”.

Entre los países productores que han establecido regulaciones  específicas  para  las  adulteraciones  del  café  se  encuentran  Brasil  y  Colombia. 

La Asociación  Brasileña  de  Industrias  de  Café  ha promovido  la  creación  del  programa  de  calidad  del  café,  pero  esta  iniciativa  no  ha  sido  apoyada  completamente  por  algunas  industrias  brasileñas.

Panamá  ha ganado reconocimiento por la producción de cafés de especialidad, como el geisha panameño.

No obstante, destacan en el artículo, aún no existe una normativa oficial sobre la calidad y el etiquetado del producto, y la Ley 326 de 2022 se limita a promover la producción, procesamiento y desarrollo del cultivo de café (República de Panamá, 2022).

“Con  relación  a  los  países  consumidores/importadores,  la  Unión  Europea  (UE)  introdujo  una  legislación  que  presenta  nombres  específicos  para  productos  agrícolas,  alimentos  y  bebidas  con  características  de  calidad  distintivas  en  virtud  del  Reglamento del Consejo EEC N°2081/92, que incluye la Denominación de Origen Protegida (DOP), el Origen Geográfico  Protegido  (OGP)  y  las  Especialidades”.

Problema en la calidad y en la salud

Los autores reiteran que las adulteraciones, además de afectar la  calidad  del  producto, constituyen una preocupación por el impacto en la salud, lo cual “exige  la  implementación  de  medidas  estrictas  para salvaguardar la calidad del producto y la protección del consumidor”.

Abordar  el  problema  del  fraude  en  la  industria  del  café, subrayan,  requiere  un  enfoque  global  que  abarque  la  aplicación  de  la  normativa,  la  incorporación  de  los  avances  tecnológicos  y  la  educación  de  los  consumidores. 

Concluyen que “el  análisis  de  la  literatura  evidencia  un  progreso  sostenido  en  el  desarrollo  de  métodos  analíticos  más  robustos  y  en  la  creación  de  regulaciones  adaptadas  a  las  particularidades  de  cada  país.  Sin  embargo,  persiste  una  brecha  normativa  entre  los  países productores y consumidores, lo que subraya la necesidad de la colaboración internacional entre gobiernos,  industrias  y  organismos  técnicos  para  garantizar que la adulteración del café no se convierta en un riesgo para la salud pública”.

Redacción LWS