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La clave para reducir la carga de enfermedad es el empoderamiento a través de la información y el chequeo regular

Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid.  Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia.  Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)

En este Mes de la Mujer, es fundamental visibilizar no solo los logros sociales y económicos, sino también los desafíos críticos en salud y bienestar que enfrenta la población femenina. En el contexto global y regional, la población mundial ha superado los 8,100 millones de personas, de las cuales aproximadamente 4,010 millones son mujeres (cerca del 49.5% del total), según datos de inicio del 2026, y existen diferencias en cuanto a la distribución y participación económica. En Latinoamérica,la región alberga a más de 330 millones de mujeres.

Aunque ha habido avances en la igualdad, la brecha de género persiste de manera marcada en el escenario de trabajo. A nivel mundial, la tasa de participación femenina en el mercado laboral ronda el 46%, frente a un 75% en los hombres.

En Latinoamérica, aunque la participación ha crecido situándose cerca del 53%, una gran parte de las mujeres trabaja en la informalidad o dedica hasta el triple de tiempo que los hombres a tareas de cuidado no remuneradas.

Carga de enfermedad

Los datos más recientes del Foro Económico Mundial y la OMS indican una «brecha de salud»: aunque las mujeres suelen vivir más años que los hombres, pasan un 25% más de su vida con mala salud o discapacidad. Esto se traduce en una pérdida global de años de vida saludable anualmente debido a diagnósticos tardíos o tratamientos no optimizados para la biología femenina.

La salud de la mujer va mucho más allá de la salud reproductiva. Las principales causas de morbilidad y mortalidad incluyen:

  1. Enfermedades Cardiovasculares: Son la principal causa de muerte femenina. A menudo, los síntomas en mujeres (fatiga extrema, náuseas, dolor de espalda) difieren del clásico dolor de pecho masculino, lo que retrasa la atención.
  2. Cáncer (Mama y Cuello Uterino): El cáncer de mama sigue siendo el de mayor incidencia. El cáncer de cuello uterino, aunque prevenible mediante la vacuna del VPH y el tamizaje, sigue afectando desproporcionadamente a mujeres en regiones en desarrollo.
  3. Salud Mental (Depresión y Ansiedad): Las mujeres presentan tasas significativamente más altas de trastornos del estado de ánimo, influenciadas por factores biológicos (fluctuaciones hormonales) y determinantes sociales (sobrecarga de roles).
  4. Osteoporosis: Debido a la pérdida de estrógenos tras la menopausia, las mujeres tienen un riesgo mucho mayor de fragilidad ósea y fracturas.
  5. Enfermedades Autoinmunes: Condiciones como el Lupus y la Artritis Reumatoide afectan mayoritariamente a mujeres (en una relación de hasta 9 a 1 en el caso del lupus).

Salud renal en la mujer

El riñón es un órgano vital cuya afectación en la mujer tiene particularidades biológicas y obstétricas únicas. La Enfermedad Renal Crónica (ERC) afecta aproximadamente al 10-12% de las mujeres en el mundo. Las principales causas son la diabetes y la hipertensión, pero en mujeres, el Lupus Eritematoso Sistémico es una causa frecuente de inflamación renal (nefritis lúpica).

Debido a la anatomía femenina (uretra más corta), las mujeres sufren infecciones de la vía urinaria de manera más frecuente y en algunos casos, de manera recurrente que, de no tratarse, pueden ascender y causar daño permanente en los riñones (pielonefritis).

Algunas complicaciones del embarazo, como la preeclampsia (hipertensión durante el embarazo) es una causa importante de lesión renal aguda y aumenta el riesgo de sufrir enfermedad renal crónica años después del parto. Un 5% de las mujeres que sufren preeclampsia se convertirán en hipertensas, ya que ese episodio de presión alta no será reversible, y si pasa inadvertido en los controles luego del embarazo, se transformará en una enferma renal crónica joven.

 Recomendaciones de prevención y diagnóstico temprano

La clave para reducir la carga de enfermedad es el empoderamiento a través de la información y el chequeo regular. Debemos cambiar esa intención de solo acudir al médico cuando tenemos síntomas. Todas las mujeres por arriba de 40 años, deben realizarse los estudios de tamizaje y controles de presión arterial, glucosa y pruebas de función renal cada año.

Calendario de Diagnóstico Temprano

PruebaFrecuencia Recomendada
MamografíaAnual o bienal a partir de los 40-45 años (o antes según riesgo).
Papanicolaou / VPHSegún protocolo médico, vital para prevenir cáncer de cuello uterino para mayores de 18 años o al inicio de vida sexual activa
Perfil Renal (Creatinina)Una vez al año para mayores de 40 años o si existe diabetes, hipertensión o antecedente de preeclampsia, al momento de diagnóstico y luego cada año
Densitometría ÓseaAl inicio de la menopausia para evaluar el riesgo de osteoporosis, anual para mayores de 65 años y para pacientes que usan esteroides de manera prolongada
Control de Presión y GlucosaAl menos una revisión anual completa para mayores de 40 años,  o desde el diagnóstico de diabetes mellitus, obesidad, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular

Algunas medidas de prevención primaria y las pruebas de tamizaje pueden hacer la diferencia. Reducir el consumo de sal (vital para proteger los riñones) y azúcares procesados. La alimentación saludable y balanceada es importante y necesaria. Realizar al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana para proteger el corazón y los huesos. Mantenerse activo es saludable para el sistema cardiovascular y renal. Mantén un consumo bajo de alcohol o evita el consumo, al igual que el tabaquismo, que acelera tanto el daño renal como el riesgo de cáncer.

Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI