Bajo el lema «Autismo y humanidad: toda vida tiene valor», la celebración de 2026 destaca y reivindica la dignidad y el valor de todas las personas autistas como parte integrante de futuro común de la humanidad
Por: Dra. Virginia Núñez-Samudio

La autora es médico y científica afiliada al Instituto de Ciencias Médicas (ICM) con sede en Las Tablas y al Ministerio de Salud (Minsa) Panamá
Hoy, 2 de abril, se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha que invita a la reflexión.
Según la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, revisión 11), el Trastorno del Espectro Autista (TEA) se caracteriza por deficiencias persistentes en la comunicación y la interacción social, junto con patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidos, repetitivos e inflexibles. Esta categoría unificada engloba condiciones que antes se consideraban por separado, como el síndrome de Asperger.
El TEA abarca alrededor de siete variantes que van desde manifestaciones muy leves hasta trastornos del desarrollo intelectual y del lenguaje más marcados.
Este día nos invita a reflexionar, como padres, como sociedad y como seres humanos, sobre cómo contribuimos, a veces sin darnos cuenta, al aislamiento social mediante nuestros propios comportamientos repetitivos. Vivimos en una sociedad cada vez más consumista e individualista, donde parece que cada persona construye su propio mundo y excluye a quienes no encajan en él.
También vale la pena cuestionarnos cómo nuestras conductas repetitivas, normalizadas a lo largo del tiempo, influyen en la percepción de lo que consideramos “normal”. Hoy en día, por ejemplo, quien no tiene redes sociales es visto como alguien fuera de lo común. Esto nos lleva inevitablemente a otra pregunta: ¿qué es realmente lo normal?
Si bien las personas que viven con TEA y sus familias conocen de primera mano la realidad del trastorno, es válido reflexionar sobre la importancia de la inclusión. Deberíamos preguntarnos hasta qué punto nuestras propias conductas rígidas, excluyentes o poco empáticas influyen en el entorno y en el desarrollo de los niños y las niñas que nos rodean.
La resolución de la Asamblea General de 2007 (A/RES/62/139) puso de relieve la necesidad de sensibilizar a la opinión pública sobre el autismo. Más de 17 años después, el movimiento mundial ha trascendido la concienciación para promover activamente la aceptación, el reconocimiento y la inclusión, reconociendo la contribución de las personas autistas a sus comunidades y al mundo en general.Bajo el lema «Autismo y humanidad: toda vida tiene valor», la celebración de 2026 destaca y reivindica la dignidad y el valor de todas las personas autistas como parte integrante de futuro común de la humanidad

