El dato se desprende del informe Prácticas y percepciones de lectura en adolescentes y jóvenes, disponible para su descarga en la web de la OEI
Por: Jair Esquiaqui Buelvas
En vísperas del Día Internacional de la Educación, que se celebra este 24 de enero, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) ha presentado los resultados del informe Prácticas y percepciones de lectura en adolescentes y jóvenes, un estudio liderado por la OEI, con financiación de AECID, y que cuenta con el apoyo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).
El estudio, basado en una encuesta aplicada a cerca de 3.000 niños, adolescentes y jóvenes de entre 10 y 22 años de países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela —tanto en zonas rurales como urbanas—, ofrece una radiografía actualizada de los vínculos de las nuevas generaciones con la lectura en Iberoamérica.
Entre sus principales hallazgos, el informe señala que en términos de autopercepción, los resultados reflejan una diversidad de perfiles lectores.
Un 32,93% se identifica como “persona lectora”, mientras que uno de cada cuatro (25%) se define como “lector habitual”, lo que suma un 57,93% de jóvenes lectores.
Por otro lado, un 33,54% de los jóvenes se considera “poco lector” y en el extremo solo un 8,54% se percibe como “persona no lectora”.
Asimismo, el estudio señala que el 48,99% de los jóvenes manifiesta que la lectura forma parte recurrente de su vida cotidiana y en el uso del tiempo libre.
No obstante, incluso dentro de este grupo, la lectura rara vez aparece como una actividad exclusiva: suele combinarse con la vida social y familiar (46%) y con el uso de redes sociales e internet (43%-44%). En contraste, el 51,01% de los encuestados no incluye la lectura entre sus actividades de ocio, optando mayoritariamente por prácticas como el deporte (53,9%) o los videojuegos (40,8%).
El análisis por franjas etarias muestra diferencias significativas. Entre los niños y niñas de 10 a 12 años, el 54,4% se identifica como no lector o poco lector.
Esta tendencia se revierte en el grupo de 14 a 16 años, donde el 59,2% se considera lector habitual y aumenta el número de jóvenes que se reconocen como lectores.
A partir de los 17 años, estos porcentajes tienden a estabilizarse y no se registran jóvenes que se identifiquen como no lectores. En el grupo de lectores habituales destacan especialmente jóvenes de Argentina, Chile, Uruguay, España y Portugal.
Por el contrario, quienes se perciben como poco lectores suelen asociar la lectura principalmente a experiencias vinculadas a los entornos educativos, como tareas escolares, actividades académicas o ejercicios de aprendizaje. En este perfil predominan jóvenes de países como Bolivia, Colombia, Venezuela y Brasil, donde la lectura aparece menos vinculada al disfrute personal o al ocio.
El informe también indaga en los principales obstáculos que enfrentan los jóvenes para consolidar el hábito lector. La falta de tiempo se posiciona como la barrera más frecuente (43,55%), seguida de la dificultad para concentrarse (29,42%).
Otras razones mencionadas incluyen el aburrimiento (18,67%), la dificultad en la comprensión lectora (13,52%), la falta de dinero (12,08%), no disponer de libros (8,98%) y el desinterés (8,58%). Un 22,96% señala “otros motivos”, entre los que destacan la carga laboral y el cansancio.

En cuanto al acceso a espacios y soportes de lectura, solo el 30,71% de los jóvenes afirma utilizar la biblioteca de su ciudad o municipio. Aunque una amplia mayoría declara preferir el formato papel (el 80,97% de los casos), el uso de dispositivos tecnológicos es prácticamente generalizado: el 90,2% confirma que suele leer a través de algún soporte digital, siendo el teléfono móvil el dispositivo más utilizado (62,91%).
El estudio advierte, además, que el uso intensivo de internet y de las redes sociales (44%) figura entre los factores que más dificultan el desarrollo del hábito lector convencional.
A ello se suma la elevada prevalencia de la descarga ilegal de libros, una práctica a la que accede el 63,55% de los jóvenes encuestados, lo que plantea desafíos adicionales para el ecosistema del libro y la promoción de la lectura.
Con este informe, la OEI subraya la necesidad de fortalecer políticas públicas, estrategias educativas y acciones culturales que promuevan la lectura desde edades tempranas, reconociendo los nuevos contextos digitales y las transformaciones en los modos de leer que se configuran en jóvenes y adolescentes en Iberoamérica.

Por: Jair Esquiaqui Buelvas

