Este “documental inmersivo que invita a habitar el mundo desde el sonido y la experiencia de una mujer ciega”, ha sido posible por un equipo que ha confiado en la voz de la otra y ha construido una historia única. En este diálogo con la productora Jhojaddy Ramírez y la periodista Estefanía Cubillos es posible conocer el origen y esfuerzo detrás de esta producción. Una historia sorora en la fecha especial del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer
Por: Violeta Villar Liste
Jhojaddy Ramírez es productora afropanameña, con voz propia y reconocida en la cinematografía panameña y regional.
Estefanía Cubillos Nova nació en Colombia. Es periodista egresada de la Universidad de Panamá y activista por los derechos de las mujeres con discapacidad y en particular discapacidad visual, una condición personal que la acompaña desde su nacimiento.
Sus mundos se encontraron gracias al arte, el cine y el trabajo social. Una primera etapa comenzó cuando Estefanía Cubillos asesoró al equipo de Jhojaddy Ramírez en el conocimiento y manejo del sistema braille para una exposición de arte. Luego trabajaron juntas en un video de Amadipa, organización sin fines de lucro que promueve el bienestar y los derechos humanos de las mujeres con discapacidad en Panamá, una iniciativa que también lidera Cubillos Nova.
Esta historia de caminar juntas gracias al arte como herramienta y la discapacidad como propósito, tuvo un punto de inflexión cuando la productora acompaña a la periodista como sus ojos y su guía en un viaje de trabajo a Costa Rica.
Ser guía de una persona con discapacidad visual significa entrar en su vida. Conocer este otro lenguaje, acompañar con respeto y sin juzgar. Mirar para que la persona pueda percibir y sentir.
Al principio, Jhojaddy Ramírez sintió los nervios de lo desconocido.. Sin embargo, no solo aceptó ser guía. Le propuso a Estefanía convertir ese viaje en una experiencia audiovisual e inclusiva.
Así nació El mapa sonoro de Estefanía, documental cuya proyección está prevista el próximo mes de abril.


Su creadora lo define como “un documental inmersivo que invita a habitar el mundo desde el sonido y la experiencia de una mujer ciega”, sin “miradas condescendientes” y con el énfasis en “la autonomía, la cotidianidad y la potencia de las personas con discapacidad, con un diseño sonoro cuidado y un compromiso real con la accesibilidad”.
Este proyecto resume infinidad de virtudes más allá del talento y la creación: es el reconocimiento a la sororidad, a la amistad, al poder de las mujeres cuando se apoyan, se ayudan y crecen juntas. Una historia que merece ser contada en días como hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una fecha capaz de trascender más allá de las 24 horas de un día.
De hecho, esta propuesta cinematográfica nace de la amistad y se vuelve muy cercano.
“No es solo mi mirada como cineasta: también está el sentir de Estefanía. Ella ha sido parte activa de todo el proceso, tomando decisiones creativas y de producción; ha sido realmente un trabajo en equipo”, comenta Jhojaddy Ramírez.
Un proyecto pionero que pone a sentir

Para Jhojaddy Ramírez este documental ha significado un reto técnico: “Es la primera producción de mi empresa productora en la cual incorporamos audiodescripción, un proceso que quiero seguir integrando en mis futuras películas para que sean cada vez más accesibles”.
Reitera que la propuesta persigue, a través de la historia de Estefanía y su autonomía, abrir espacios y poner sobre la mesa que este tipo de historias también merecen ser vistas y escuchadas. “Queremos mostrar cómo una persona ciega habita el mundo desde su propia perspectiva, resignificando su entorno a través del sonido, la memoria y la experiencia cotidiana.
Es un proyecto pionero porque, desde su concepción hasta su estreno, ha sido pensado para incluir a personas con discapacidad visual y auditiva.
La obra cuenta con audiodescripción, interpretación en lengua de señas y otros elementos de accesibilidad para que pueda ser disfrutada por públicos diversos”.
Este proyecto las ha llevado a querer seguir contando otras historias, en una línea similar.
En su caso, como directora y productora, “siento que el cine, puede y debe ser, un altavoz para aquellas personas cuyas historias pocas veces ocupan el centro de la narrativa”.
Explica que le motiva mucho contar relatos “que pongan en primer plano a mujeres, personas negras, personas con discapacidad y otras identidades que históricamente han sido poco representadas, pero tienen un enorme valor humano, social y cultural”.
Financiamiento y alianzas
Avanzar en este proyecto requiere conseguir un sólido financiamiento.
La cineasta reflexiona que cuando se trata de historias “que no responden necesariamente a lógicas masivas o comerciales, acceder a ciertos apoyos puede volverse más complejo”.
Sin embargo, sostiene, en el camino hemos logrado construir alianzas significativas con personas e instituciones que creen en la importancia de este proyecto.
Estefanía Cubillos Nova se ha sentido muy a gusto con esta producción, “muy cuidada desde el punto de vista cinematográfico.Pude tomar decisiones sobre lo que debíamos contar, cómo contarlo, no solo como protagonista, sino también como coproductora.
Es mi primera experiencia rodando. Me encantó la sensibilidad de los compañeros que se ocuparon de las cámaras, el sonido y la edición”.
Relata que para romper las brechas de inaccesibilidad trabajaron en audiodescribir el documental.
“Es un método no invasivo que permite en la película contarle al público ciego lo que ocurre en la pieza cuando no hay diálogos y sí escenas muy visuales.
Esta alternativa es usada a menudo en España, Colombia, Argentina y otras naciones, pero en Panamá estamos dando nuestros primeros pasos”.
Subraya que “somos mujeres pioneras, al hacer cine desde una perspectiva diferente e interseccional. Porque nos hemos autofinanciado, y porque le estamos apostando a contar mi historia, pero también, queremos relatar historias similares”.
Además, sostiene, incluimos interpretación en lengua de señas panameñas para que el público sordo en proyecciones comunitarias, pueda ver el minuto a minuto.
“No queremos quedarnos solo en eso. Soñamos proyecciones donde podamos contar con intérpretes de lengua de señas en paneles y conversatorios que expandan esta y otras piezas”.
Un sueño que crece y sostiene el propósito, es el de contar en piezas cortas, las historias de otras mujeres con discapacidad.

“Yo me siento feliz por conocer el mundo del cine, pero soy consciente de que esta no es una narrativa que venda o que genere millones de dólares en taquilla. Por ello, esta es la experiencia experimental más alocada, transformadora y bonita para abrir espacios y relatar otras vidas, otros cuerpos”.
Estefanía se siente “afortunada entre millones”, porque Jhojaddy Ramírez, a pesar de ser una productora con distintos proyectos entre sus manos, “supo captar con su sensibilidad algo importante para destacar. Cómo una mujer ciega encuentra caminos para reconocerse, transitar la ciudad y mostrarse autónoma”.
Espera que instituciones y personas con sensibilidad estén dispuestas a contribuir con el financiamiento de esta proyección y nuevas narrativas.
Este mapa quiere ser ruta con brújula firme. “Una ventana para narrar vidas, historias y sueños compartidos de personas que normalmente no están en pantalla. Porque están relegadas a la caridad y al asistencialismo”, sostiene Cubillos Nova.
Su voz es firme al esperar “un verdadero apoyo de la industria, de los estamentos culturales y de los y las colegas en el medio. Porque hoy en día no es difícil vivir con una discapacidad. Lo difícil es el aislamiento audiovisual y narrativo que marca el destino de mucha gente latinoamericana que no es vista ni narrada en cortos como El mapa sonoro de Estefanía”.
Sororidad, el lenguaje común
Reflexionar sobre la sororidad (amistad, solidaridad, hermandad, apoyo mutuo entre mujeres…) es poner este proyecto en sí mismo como un ejemplo “de sororidad en acción”.
Construir El mapa sonoro de Estefanía ha significado “acompañarnos, confiar en la voz de la otra y construir juntas un espacio donde nuestras historias puedan existir y resonar”, afirma la productora.
La protagonista, por su parte, concede a la sororidad un papel central para que este proyecto, y los próximos por venir, puedan avanzar: “La sororidad radica en que podemos juntarnos para contar historias, imaginar, permitir que otros mundos sean accesibles y posibles en medio del arte, que muchas veces no incluye, no menciona a otros cuerpos con discapacidad, a cuerpos diferentes, que no son vistos desde siempre en la pantalla”.
Lo que ha ocurrido con El mapa sonoro de Estefanía, afirma, es sororidad entre mujeres desde siempre, porque nos apoyaron muchas mujeres en este proceso para hacer lo que estamos haciendo hoy.
“Desde el Fondo Centroamericano de Mujeres en Costa Rica, que nos permitió grabar dentro de un espacio de liderazgo, hasta la sororidad que hubo con mi mamá y abuela, para que también salieran en este documental el tiempo permitido por ellas. Fue maravilloso verlas plasmadas como retrato vivo de generaciones de mujeres fuertes. Y por supuesto, la sororidad que ha surgido en la producción y elaboración de este documental ocurre desde la solidaridad, porque queremos seguir contando historias de mujeres que cuidan, que hacen deporte, que son libres, autónomas, y no perder el cuidado y la línea del respeto en las proyecciones futuras”.
Una historia amorosa, cercana, que prueba el poder del nosotras para construir, avanzar y edificar el mundo posible.

