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Ilustración: Pedro Crenes

Como escritores de nuestra circunstancia, tenemos que adoptar una «mirada capaz de intuir las mejoras y que no se rinda ante los mínimos aciertos

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Crónica por: Pedro Crenes Castro


Reescribir es renunciar para avanzar, para pulir, para dejar atrás vicios y complacencias que no ayudan a que la obra vaya hacia su eficiencia narrativa natural: emocionar al lector.

El miedo a reescribir

Poner punto final a un manuscrito no es tarea fácil. Ante la alegría de haberlo conseguido, se abre lo que los escritores de oficio, no de beneficio, reconocen como el verdadero trabajo del escritor: la reescritura. Piglia nos alertaba del peligro de creer que un texto, que se ve tan publicable en la computadora, flotando allí, luminoso y legible, mereciera que lo mandáramos a la imprenta así sin más. Cortázar, también animaba a los escritores a tener un buen cubo de basura cerca para echar allí nuestras grandes ideas: nada de enamoramientos a primera vista con lo escrito: hay que reescribir.

Ese proceso requiere carácter como escritores, necesita de una mirada desapasionada por lo trabajado, pero apasionada por el oficio. La reescritura implica distancia, aprecio de los aciertos y severidad creativa con los patinazos. Solo desde una mirada capaz de intuir las mejoras y que no se rinda ante los mínimos aciertos, evitaremos que se nos afloje el criterio y nos veamos arrastrados hasta las playas de la autocomplacencia, con sus cantos de sirena de autopublicación y sueños cumplidos.

Apliquemos el proceso de reescritura a nuestra cultura, a ver si encontramos una lección.

Creer que hemos alcanzado todo, es un error de base. Hay pequeños avances, pero que nadie se ciegue con ser escenario de ferias, encuentros o festivales: necesitamos reescribir nuestra posición para dejar de ser el dónde ocurre, para ser personaje principal (a quien le ocurre la historia). El manuscrito de nuestra cultura narra siempre en tercera persona plural, «ellos»: ellos son los que aportan ideas, ellos son los creadores y nosotros consumidores, ellos son los admirados, ellos son los protagonistas. Algo tenemos que cambiar.

Como escritores de nuestra circunstancia, tenemos que adoptar una «mirada capaz de intuir las mejoras y que no se rinda ante los mínimos aciertos, evitaremos que se nos afloje el criterio y nos veamos arrastrados hasta las playas de la autocomplacencia», como ya dijimos, porque estamos muy lejos de ser la voz que lidera, crea o convoca. Cuando nuestra cultura consigue exportarse, la pregunta siempre es la misma: «¿dónde puedo encontrar más de ustedes?». «¿Por qué no se dan más a conocer?». Y no es por falta de esfuerzos, fuera de estas frontera istmeña hay panameños que se desgañitan, y que con uñas y dientes están construyendo espacios, pero hace falta visión y voluntad.

Reescribir es renunciar para avanzar, para pulir, para dejar atrás vicios y complacencias que no ayudan a que la obra vaya hacia su eficiencia narrativa natural: emocionar al lector. «Si no emociona no funciona», esa es la premisa fundamental del taller literario. Cualquiera monta una feria y ofrece experiencias, pero una «emoción» alojada en el criterio del lector puede motivarlo y hasta transformarlo, por eso tenemos que preguntarnos, en materia de cultura: ¿Emociona? ¿Estamos siendo eficientes como cultura nacional o autocomplacientes como gestores o funcionarios?

Cuando no se reescribe, termina uno presentando malas obras a los premios literarios y quejándose de desiertos o de malas reseñas. Queda lo publicado, como queda la huella de la mala o correcta gestión de una cultura que necesita enmiendas profundas, un ajuste de personajes, de trama, de escenario, para que enganche con el lector/ciudadano, que no termine siendo una aburrida sucesión de episodios que no son más que un llenar cansino de espacios o festividades. La lección de la reescritura puede llevarnos a ser un superventas, o simplemente un libro anodino destinado al más absoluto fracaso, al olvido, sin ninguna redención posible.


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.