La literatura no se resigna a nada, se opone a todo, por lo menos ese debe ser el espíritu del escritor, del artista.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Reseña por: Pedro Crenes Castro

Entre los del patio que hablan bien de la obra, están Ricardo J. Alfaro y Octavio Méndez Pereira. Los demás son del New York Times, del Diario de Costa Rica, la Revista Indoamericana, y varios escritores estadounidenses y chileno
Hablemos de Fito Aguilera y su “ROSCA, S.A”
La novela tiene un mal arranque: «Lloviznaba ligeramente…», pero eso es lo de menos. Lo que llama la atención es cómo en esencia las cosas en el panorama cultural panameño han cambiado poco, sobre todo en lo relativo a la autoedición y al poco alcance crítico que tiene nuestra literatura, quiero decir, que la crítica alcance nuestras letras. Hay que esperar a que alguien, lejos de Panamá, se siente a leer y dedique horas de estudio a lo que aquí se escribe para situarlo en el panorama literario.
Aparecida en 1963, ROSCA, S.A, fue publicada por Editorial “Futuro”, S.A, e impresa en los talleres tipográficos Barletta, Ciudad de Panamá. El epígrafe, del escritor francés Romain Rolland, dice: «Oh Democracia… Democracia que no sabes defender a tus defensores», hace alusión a la Guerra Civil española. No es mala lectura, hay que reconocer. La portada, fondo rojo con el título en amarillo y una pequeña grieta en medio, del mismo color, tiene una pequeña y sugerente advertencia: «Prohibida para los MOGIGATOS los SERVILES y los HIPÓCRITAS». Ahí es nada, dispuesto a generar controversia.
En las solapas, volviendo a lo de la crítica, sorprende que cite doce «juicios sobre el autor» (las cosas eran distintas antes). Entre los del patio que hablan bien de la obra, están Ricardo J. Alfaro y Octavio Méndez Pereira. Los demás son del New York Times, del Diario de Costa Rica, la Revista Indoamericana, y varios escritores estadounidenses y chilenos. ¿Cómo lo consiguió? Lo importante es que se habló, por lo visto, mucho de esta obra, que se autopublicó el autor, que contaba con recursos para ello. Algo parecido a lo que pasa hoy.
Por lo que leemos en la otra solapa, el autor comparte obra con Demetrio Korsi, El Dr. Llorent, un anecdotario, y sorprende que, 50 millas de Heroicidad, tuviera seis ediciones en español y una en inglés, y que se imprimieran (no se si se vendieron) veintidós mil ejemplares. Estamos ante nuestro indiscutido bestseller, o por lo menos el bestprinter de nuestra historia (no vale meter las novelas al sistema del Ministerio de Educación y hacer obligatoria la compra). Una investigación apasionante, sin duda. El prólogo de esa obra tan difundida es de Ricardo J. Alfaro.
Antes de la novela, Aguilera escribe Una opinión, muy personal del autor, texto que no tiene desperdicio: «El novelista panameño ha escrito siempre con miedo. Y no porque sea un cobarde, sino porque la experiencia le ha enseñado que aún subsiste aquí, en nuestro país, un concepto retrógrado, falaz, anacrónico y servil acerca de la función orgánica de la novela en el metabolismo social de la comunidad». Y sigue diciendo. «También se ve compelido el novelista a buscar minuciosamente ciertas palabras y ciertos términos, que no produzcan ronchas en la supersensible epidermis de nuestros moralistas criollos. Porque aquí se le tiene pavor a las palabras. Se olvida que estas fueron inventadas para expresar las ideas y dar forma a los conceptos, y que no hay palabras malas ni buenas, ya que ellas en sí carecen de valor intrínseco y solo tienen el del pensamiento que las impulsa».
¿Qué les parece? Ciertamente hay cosas que no cambian, pero nos negamos a dejarlas sin solución, o por lo menos no dejaremos de dar la batalla. La literatura no se resigna a nada, se opone a todo, por lo menos ese debe ser el espíritu del escritor, del artista. Del contenido de la novela ya hablaremos. Por ahora vamos a pensar en lo que dice por fuera.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.