fbpx
El análisis presentado en este informe, describe “que, a nivel nacional, el 37,8% de los niños y niñas vive en condiciones de pobreza monetaria, mientras el 19,5% enfrenta pobreza extrema”

Con información de UNICEF e informe

El crecimiento económico sostenido de Panamá en las últimas décadas no se refleja en la situación social de niños, niñas y adolescentes (NNA): la incidencia de la pobreza es “significativamente más alta que en la población general, por lo cual resulta crucial priorizar este grupo poblacional y a sus familias en la expansión de las políticas sociales y económicas”.

Estas conclusiones están contenidas en el estudio Pobreza infantil en Panamá: un abordaje territorial de la pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia, el cual ofrece estimaciones actualizadas de la pobreza infantil a nivel de corregimiento, basadas en datos recientes y aporta evidencia clave para orientar políticas que fortalezcan el capital humano del país.

El estudio fue presentado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Banco Mundial y el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).

Pobreza extrema en el rural y comarcas

El análisis describe “que, a nivel nacional, el 37,8% de los niños y niñas vive en condiciones de pobreza monetaria, mientras el 19,5% enfrenta pobreza extrema”.

Las tasas de pobreza infantil extrema son muy preocupantes en áreas rurales y comarcas indígenas, donde los ingresos promedio por hogar son significativamente más bajos, indica el informe.

En las comarcas indígenas, 83 por ciento de la infancia vive en pobreza y 55 por ciento en pobreza extrema, según evidencia el estudio. 

Esta realidad está muy asociada al ingreso.

Por ejemplo, “en Ngäbe Buglé, el ingreso mensual promedio de los hogares con niños y niñas es de apenas $52,84 lo que refleja la magnitud de las desigualdades económicas”.

Los resultados muestran que la pobreza afecta más a los niños más pequeños que viven en hogares numerosos y monoparentales liderados por mujeres, lo que refuerza la necesidad de priorizar intervenciones en la primera infancia, clave para el desarrollo de habilidades a lo largo de la vida.

La primera infancia (niñas y niños de 0 a 6 años) enfrenta los niveles más altos de pobreza infantil, con un 37,2% en pobreza total y un 19,1% en pobreza extrema. “Esta etapa de la vida de una persona es crucial para su desarrollo físico, cognitivo y emocional, y buena parte de las privaciones sufridas durante estos primeros años tiene efectos en la vida adulta”, señala el informe.

Por otra parte, “los hogares con más de tres niños enfrentan tasas de pobreza más altas, incluso en contextos urbanos. En familias con dos niños, la pobreza afecta al 21,2% y, en hogares con cuatro niños, afecta al 50,3%”.

Además, el estudio evidencia disparidades dentro de una misma provincia. En Veraguas, la pobreza infantil alcanza 15.7 por ciento en el distrito de Santiago y 78.7 por ciento en el distrito de Santa Fe.

Cerrar brechas y mejorar calidad de vida

Durante la presentación del estudio, se analizó que “Panamá ha logrado avances importantes en la reducción de la pobreza en las últimas décadas. El desafío es cerrar las brechas entre territorios y grupos poblacionales, especialmente las que afectan a la niñez y adolescencia indígena, para que el crecimiento y la inversión social generen mejores oportunidades de desarrollo y acceso a un empleo digno en el futuro”.

Para la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Carles de Arango, este informe representa un insumo técnico de alto valor para fortalecer la formulación y ejecución de políticas públicas dirigidas a la protección y el desarrollo integral de la niñez en Panamá.

Destacó que la evidencia presentada permite comprender con precisión la magnitud de la pobreza infantil, así como las brechas territoriales y sociales que persisten, especialmente en zonas rurales e indígenas. Subrayó que esta información es fundamental para orientar los esfuerzos del Estado hacia una atención más focalizada, equitativa y efectiva, priorizando a las poblaciones más vulnerables.

“La pobreza afecta negativamente el desarrollo cognitivo, físico y emocional de los niños y no se limita a la falta de ingresos. Se traduce en menos oportunidades, menor acceso a servicios de calidad y mayores barreras para el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes que crecen en pobreza. Panamá necesita mejorar y proteger la inversión pública e incrementar la inversión privada en la niñez para romper los ciclos intergeneracionales de pobreza y desigualdad que hoy limitan el crecimiento del país”, dijo Sandie Blanchet, representante de UNICEF en Panamá.

“Mejorar la focalización de las ayudas económicas es una inversión estratégica en capital humano. Asegurar que la niñez que más lo necesita reciba apoyos oportunos desde la primera infancia es clave para desarrollar las habilidades que sostendrán la productividad, el empleo y el crecimiento del país en el largo plazo”, indicó Juan Pablo Uribe, director de División del Banco Mundial para Centroamérica y la República Dominicana.

El MIDES, con apoyo de UNICEF y el Banco Mundial, impulsa iniciativas para fortalecer la política social con foco en la niñez.

Entre ellas, el Registro Social de Hogares, que busca mejorar la cobertura de los programas y reducir exclusiones y duplicidades; el etiquetado presupuestario de niñez para dar seguimiento a la inversión; un Presupuesto Basado en Resultados para la Primera Infancia y la ampliación de los servicios de atención integral a través de los CAIPI y modalidades comunitarias, con énfasis en los territorios con mayores brechas.

En el informe se subraya que “las políticas públicas deben priorizar la garantía de acceso a servicios de nutrición, salud, protección y educación temprana para mejorar las condiciones de vida de este grupo particularmente vulnerable”.

Para mejorar el impacto de las transferencias monetarias sobre la pobreza, recomiendan “ajustar el monto según la cantidad de niños por hogar, para garantizar que las familias puedan satisfacer las necesidades básicas de todos sus miembros”.

“La experiencia internacional demuestra que la combinación de políticas redistributivas, la inversión en servicios sociales a nivel local y las estrategias territoriales específicas pueden reducir de forma significativa la pobreza infantil. Panamá tiene la oportunidad de adaptar estas políticas a su contexto y priorizar a las poblaciones más vulnerables para garantizar un desarrollo inclusivo y sostenible”.

Con información de UNICEF e informe