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Imagen: Pedro Crenes Castro
Ahora que han comenzado las clases toca hacer un compromiso como sociedad: promover las bibliotecas como «espacio activo para la felicidad» en las escuelas
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Reseña por: Pedro Crenes Castro


El viaje en bus a la biblioteca era parte de la aventura. Previo al encuentro con los libros estaba viajar juntos hasta el centro, conversar, acercarnos a ellas, soltar quizás algún título de libro para darnos un caché mayor

La biblioteca como compromiso

Recuerdo ir con los compañeros, y sobre todo con las compañeras, hasta la Biblioteca Nacional cuando quedaba cerca de la Asamblea Nacional, en el centro de la capital, cuando la Central todavía era el corazón de la ciudad. Ir en bus a «hacer un trabajo», preguntar por libros, sentarse a leerlos, hablar en voz baja, mirar alrededor y sentir la solemnidad casi de iglesia, y poner empeño en comprender lo que se leía.

Mi amigo Carlos Fong, que lleva escribiendo una serie brillante de artículos que deseo leer pronto compilados en un libro, decía en uno de ellos, Un encuentro con la felicidad, lo siguiente: «La biblioteca escolar es un espacio activo para la felicidad. Puede llegar a ser un laboratorio de bienestar emocional, hospitalidad, libertad y florecimiento humano desde el descubrimiento personal. Es un lugar, según Michelle Petit, para la felicidad porque es una de las instituciones «más generosas y hospitalarias”, inventadas por los humanos; un lugar que escapa a la lógica de la competencia y se dedica al cuidado de la vida interior y al encuentro con los demás».

Ahora que han comenzado las clases toca hacer un compromiso como sociedad: promover las bibliotecas como «espacio activo para la felicidad» en las escuelas. Tenemos que generar en los estudiantes una necesidad genuina por leer. La mayor parte de lo que van a aprender en la vida lo harán por medio de la lectura, y si no conseguimos acercarlos a los libros estarán perdidos: después de años de clases desperdiciados, a nuestros jóvenes, más que a otros, les toca sumergirse cuanto antes en la lectura.

Así las cosas, el compromiso con las bibliotecas no es un asunto exclusivamente estatal, es asunto de todos los actores sociales. ¿Cómo sería nuestra relación con la lectura y los libros si dedicáramos los mismos recursos y voluntad que ponemos en grandes «festivales» cuyo impacto de futuro es menor? No olvidemos que leer y comprender lo leído están en el centro mismo del aprendizaje, y sin este no hay formación y sin ella no habrá ciudadanos con criterio y preparación para hacerse cargo del futuro. La urgencia es evidente, aunque queramos mirar para otro lado.

Siempre ilusiona comenzar un nuevo curso escolar, y siempre me preocupa lo mismo: ¿cuántos lectores formaremos este año? Claro que tienen que sacar buenas notas, pero sobre todo, necesitan amar los libros. Lo cantábamos de pequeños, «de todos mis amigos, el libro es el mejor», pero parece que a todos nos da miedo, que lo acusamos de ser complejo,  y lo chifiamos para no parecer ignorantes, olvidando que nunca es tarde para ser lector, y que si nosotros le cerramos el paso al placer de la lectura, si no nos comprometemos con las bibliotecas como espacios para la felicidad, estaremos poniendo en riesgo nuestro futuro como país.

El viaje en bus a la biblioteca era parte de la aventura. Previo al encuentro con los libros estaba viajar juntos hasta el centro, conversar, acercarnos a ellas, soltar quizás algún título de libro para darnos un caché mayor. Funcionó alguna vez, pocas, pero recuerdo el asombro al llegar, al acercarnos a los libros, el mirar la gran cantidad de ellos que había y pensar que no habría vida para leerlos todos, y el intento de hacerlo perdura a pesar de la certeza de que es imposible.

No importa cuándo rompimos en el pasado nuestro compromiso con las bibliotecas, pero, más que nunca, urge retomarlo.


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.