Esta enfermedad infecciosa causó 282 millones de casos y 610 000 muertes en el mundo durante el 2024
Con información de Acfiman
De la malaria se tiene más conocimiento hoy que siglos atrás, cuando se creía que era causada por los gases fétidos y nocivos emanados de lugares húmedos, llamándola “mal aire” (del italiano medieval mal’aria) y “paludismo” (del latín palus, que significa “ciénaga, pantano”).
Se sabe que la enfermedad es transmitida a los seres humanos por mosquitos hembra (principalmente del género Anopheles) infectados con parásitos del género Plasmodium, y que puede afectar a otros animales, como lagartos, serpientes, aves, mamíferos y primates no humanos.
También se sabe que, para propagarse, las condiciones ambientales deben propiciar la abundancia de mosquitos adultos hematófagos (que se alimentan de sangre), así como el crecimiento y la supervivencia de Plasmodium dentro de ellos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, durante el 2024, la malaria causó 282 millones de casos y 610 000 muertes en 80 países, siendo África la región más golpeada con el 95 % de los casos y muertes. En Sudamérica, el epicentro de la máxima transmisión de malaria ha sido históricamente la Amazonía. En 2023, el 88 % de los casos de malaria en este continente se originaron en Brasil (30 %), Venezuela (25 %), Colombia (22 %), Guyana (6 %) y Perú (5 %).
Menos bosques
Según un nuevo estudio, publicado en Annual Review of Entomology, los cambios en el uso del suelo en la Amazonía estarían detrás del resurgimiento y la emergencia de la malaria en Sudamérica. Pero no cambios cualesquiera, sino aquellos relacionados con la deforestación, definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) como la conversión del bosque a otros usos de la tierra, inducida o no por el hombre.

Área yanomami, frontera norte de Brasil y sur de Venezuela, 2023 (Cortesía: Óscar Noya Alarcon)
“Todos los eventos epidémicos de malaria en la región amazónica durante los últimos cincuenta años han estado precedidos de un evento ambiental de perturbación del bosque: la deforestación de ecosistemas naturales”, advirtió la doctora María Eugenia Grillet, Individuo de Número (Sillón X) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), profesora e investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (IZET-UCV) y autora principal del artículo.

También participan en la investigación la Dra. María Anice Mureb Sallum, por la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, São Paulo, Brasil y Jan Evelyn Conn, por el Laboratorio Griffin, Centro Wadsworth, del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, Albany, Nueva York, (EE. UU.) y por el Departamento de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Ciencias de la Salud Integradas de la Universidad de Albany.
Avance económico, retroceso sanitario
El bosque amazónico es el bosque tropical más grande del mundo, cubriendo un área de aproximadamente 8,1 millones de kilómetros cuadrados (km²), más extenso que la suma de todos los demás bosques tropicales del mundo.
Tan grande es el bosque amazónico, que genera su propio clima, además de ayudar a regular el clima global al absorber dióxido de carbono de la atmósfera.
La Amazonía, que cubre el 40 % del continente sudamericano y es compartida por nueve países, es el hogar del 10 % de la biodiversidad de la Tierra, y contiene el humedal tropical y la reserva de agua dulce más vastos del planeta. A pesar de su importancia estratégica presente y futura, entre 2000 y 2020 la región amazónica perdió el 9 % (54,5 millones de hectáreas) de su superficie forestal, de acuerdo con la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada.
¿Para qué se deforesta el bosque amazónico? Principalmente, para desarrollar actividades de extracción legal e ilegal (minería, gas natural, petróleo crudo, cosecha de madera), producción agrícola y ganadera y para llevar a cabo proyectos de infraestructura de alto impacto, como carreteras y represas. Las consecuencias de tales perturbaciones ecológicas son igualmente impactantes.
Efecto de borde

Mosquito Anopheles (Cortesía: Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC)
La reducción significativa a largo plazo de la cobertura forestal debido a la deforestación puede dar paso a la fragmentación del hábitat y a la proliferación de bordes, ecotonos, límites, fronteras o interfaces. “Algunas especies de mosquitos se aprovechan de los bordes de los bosques, donde los adultos descansan en la vegetación tras alimentarse de sangre debido a la mayor humedad y las hembras ponen huevos en hábitats acuáticos cercanos, donde los inmaduros se desarrollan en aguas más cálidas y adecuadas que las del interior del bosque. Estos bordes o ecotonos pueden mediar y facilitar la dispersión e influir en el movimiento de los mosquitos por el paisaje”, sostienen las autoras en Annual Review of Entomology.
En su publicación, las expertas reunieron evidencia que demuestra por qué hay mayor riesgo de transmisión de malaria en bosques parcialmente degradados, donde la fragmentación es intermedia (no total) y se activa el llamado efecto de borde.
En primer lugar, en esos sitios se promueve la aparición de nuevas especies de mosquitos potenciales vectores de Plasmodium; en segundo lugar, se incrementa el número de especies de mosquitos vectores de Plasmodium que antes eran raras o poco abundantes en esos espacios; en tercer y último lugar, se favorece la persistencia y abundancia de especies de mosquitos vectores de Plasmodium que siempre han tenido un papel importante en la transmisión de la malaria, pero que ahora se ven más beneficiados para desarrollarse, alojar el parásito de la malaria y finalmente picar. “Esas evidencias, escasas pero existentes, se han observado al menos en Brasil, Perú y Venezuela”, indicó la doctora Grillet.
Mata Atlántica, otra víctima
La región amazónica no es la única víctima de la deforestación desenfrenada y del resurgimiento y la emergencia de la malaria en Sudamérica. Más del 90 % de la Mata Atlántica ha sido deforestada para la producción de madera, caña de azúcar y café y a la ganadería y expansión urbana. La Mata Atlántica (o Bosque Atlántico) es una selva tropical que cubre un área aproximada de 99 944 km² a lo largo de la costa atlántica de Brasil, Paraguay y Argentina. Por mucho tiempo, fue la segunda selva tropical más grande del mundo después de la amazónica.

Mata Atlántica (Cortesía: Corporación Andina de Fomento, CAF)
Cinco especies de parásitos Plasmodium pueden transmitir la malaria en seres humanos: P. falciparum, P. vivax, P. malariae, P. ovale y P. knowlesi.
La académica de la ACFIMAN recordó que, en los últimos años, la mayoría de los casos autóctonos de malaria en la región extraamazónica de Brasil fueron asociados con la Mata Atlántica Brasileña, “donde se hipotetiza que los mosquitos del género Kertezia cruzii son los principales vectores”. K. cruzii no solo es un vector natural de la malaria humana: también transmite los parásitos causantes de la enfermedad en simios (P. simium y P. brasilianum). Desde el 2015, se han detectado casos de malaria por P. simium que inicialmente fueron identificados como P. vivax. “Y esto ocurre en paralelo con una alta deforestación en la Mata Atlántica Brasileña, el mismo escenario que ocasionó un brote significativo de malaria en 1898 entre trabajadores ferroviarios en las montañas de São Paulo”, precisó la doctora Grillet.
Una Salud
Para las autoras del estudio, es necesario enfatizar en la posibilidad de que la continua invasión humana de áreas silvestres en ambos bosques tropicales sudamericanos (atlántico y amazónico) “pueda estar incrementando el riesgo de malaria zoonótica y humana. La eliminación efectiva de la malaria requiere el enfoque denominado Una Salud, que integre la conservación del ambiente, la ecología de vectores y la salud pública”.
Por su parte, la investigadora de la UCV propone analizar cómo cambian los vectores de la malaria en ambientes en constante perturbación, describir la diversidad biológica de los vectores (actuales y potenciales), buscar nuevas herramientas de manejo y control de esas especies en tales entornos, entre otros estudios. “Un bosque sano (sin perturbar) tendrá menos malaria que un bosque perturbado”, concluyó.
Aportes desde la Academia
En 2025, la ACFIMAN, a través de su Programa Amazonía Venezolana, inició un proyecto, coordinado por la doctora Grillet, que busca evaluar el impacto de la minería y la deforestación en el surgimiento de nuevas especies vectoras de patógenos, como el mosquito Nyssorhynchus rondoniensis recientemente descubierto por ella y su equipo de investigación y colaboradores (de Venezuela y EE.UU.) en el estado Bolívar infectado con P. falciparum, el principal responsable de la malaria grave y mortal en seres humanos.

Vista aérea de la selva amazónica, cerca de Manaus, Brasil, 2011 (Wikimedia/Neil Palmer )
La académica y su grupo de trabajo ha confirmado un aumento del 0,7 % en la incidencia anual de malaria en Venezuela durante el período 2007-2017 como consecuencia de la pérdida de 305 hectáreas de cobertura arbórea anual, lo que explica la gran epidemia de malaria en Venezuela entre 2017 y 2019. “¿Qué otros impactos de salud pública pudieran estar asociados a la deforestación? Es lo que trataremos de dilucidar en la ACFIMAN”.
Prevenible pero mortal
Al ser causada por un parásito, la malaria no es contagiosa ni se transmite de persona a persona.
Los síntomas leves son fiebre, escalofríos y dolor de cabeza. Los graves incluyen cansancio y fatiga extremos, deterioro del estado de conciencia, convulsiones, dificultad para respirar, orina de un color oscuro o con sangre, coloración amarillenta de los ojos y la piel (ictericia), hemorragias anormales y la muerte.
La OMS insiste en que la malaria puede prevenirse evitando las picaduras de mosquitos y con el uso de medicamentos (para impedir que los casos leves empeoren).
Aunque en la mayoría de las veces las personas enferman por la picadura del mosquito, las transfusiones de sangre y las agujas contaminadas también pueden transmitir la enfermedad.
Referencia científica: Grillet, M. E., Sallum, M. A. M., y Conn, J. E. (2026). Deforestation, mosquito ecology, and malaria elimination in the Amazon region. Annual Review of Entomology, 71, 497-517.

