La doctora en Física está al frente de Nanological, una spin-off del CSIC que ha desarrollado una tecnología capaz de identificar el patógeno directamente en la sangre en cuestión de minutos, un avance clave para mejorar el diagnóstico temprano de la sepsis y la toma de decisiones clínicas. Con motivo del 11F, sostiene que las mujeres que lideran proyectos de base tecnológica tienen visibilidad; el verdadero problema, afirma, es la falta de representación.
Por: Ana Hernando Agencia SINC
Blanca Caballero (Madrid, 1986) es CEO y cofundadora de Nanological, una spin-off del CSIC con sede en Madrid especializada en tecnologías avanzadas de diagnóstico para enfermedades infecciosas.
Doctora en Física por la Universidad Autónoma de Madrid, inició su carrera profesional en el ámbito de la consultoría y la analítica de datos, trabajando en KPMG y Deloitte, y posteriormente en Repsol, donde lideró proyectos de análisis de datos e inteligencia artificial.
En 2020 cofundó Nanological junto a Daniel Ramos, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC) y creador de la tecnología en la que se basa la empresa, con el objetivo de trasladar un desarrollo científico de gran relevancia al entorno clínico y contribuir a mejorar el diagnóstico temprano de la sepsis.
¿Qué te llevó a cofundar Nanological y a apostar por llevar una tecnología del CSIC al mercado desde tu experiencia previa en consultoría y empresa?
Nunca me había planteado fundar una empresa. Mi trayectoria profesional se había desarrollado en el ámbito corporativo y de la consultoría, donde estaba cómoda y bien posicionada. El punto de inflexión llegó al conocer la tecnología desarrollada en el CSIC que hoy es la base de Nanological, creada por Daniel Ramos, con quien cofundé la empresa.
Se trata de una tecnología científicamente muy sólida y, sobre todo, con un potencial claro para abordar un problema clínico de enorme relevancia. La sepsis es una de las principales causas de mortalidad hospitalaria y, sin embargo, su diagnóstico microbiológico continúa siendo lento. En la práctica clínica actual, identificar la bacteria responsable puede llevar días, lo que obliga a tomar decisiones críticas sin información temprana.
Cuando comprendí que esta tecnología podía reducir de forma drástica los tiempos de diagnóstico y aportar información relevante desde las primeras fases, decidí asumir el reto y poner mi experiencia al servicio de transformar un desarrollo científico en una solución con impacto real en los pacientes, capaz de salvar vidas.
¿Por qué sigue siendo tan difícil detectar bacterias en sangre en las primeras fases de la sepsis?
Encontrar una bacteria en la sangre de un paciente con sepsis es como buscar una aguja en un pajar. En fases tempranas de la enfermedad puede haber solo entre una y diez bacterias por mililitro de sangre, frente a millones de células sanguíneas. Este desequilibrio explica por qué el diagnóstico estándar sigue basándose en el hemocultivo: es necesario hacer crecer las bacterias para poder detectarlas, aunque eso suponga perder un tiempo crítico.
¿Cómo aborda vuestra tecnología este problema y qué lo diferencia de los métodos actuales?
Nuestra plataforma, llamada SOMIA, combina sensado optomecánico e inteligencia artificial y parte de un enfoque completamente distinto. En lugar de esperar al crecimiento bacteriano, es capaz de detectar y analizar bacterias individuales directamente en la muestra de sangre.
Utilizamos microfluídica para guiar de forma controlada las partículas hasta una zona de medida, donde un sistema de sensado optomecánico [una técnica física que combina luz y detección mecánica] analiza sus propiedades biofísicas. Cada bacteria genera una firma característica que, combinada con algoritmos de inteligencia artificial, permite realizar una identificación presuntiva en minutos.
A diferencia de otras técnicas rápidas, este método no depende de marcadores biológicos específicos, reactivos complejos ni procesos de amplificación, sino de propiedades intrínsecas de las bacterias y de un análisis multiparamétrico a nivel de célula individual.
En una enfermedad donde cada minuto cuenta, ¿qué cambia en la práctica clínica poder identificar bacterias directamente desde sangre en tan poco tiempo?
Cambia el punto en el que se toman las decisiones. En sepsis, muchas decisiones críticas se hacen prácticamente a ciegas, porque no hay información microbiológica disponible en las primeras horas. Sin embargo, se sabe que administrar el tratamiento adecuado durante la primera hora puede aumentar la probabilidad de supervivencia hasta en un 80 %.
Poder identificar de forma temprana el patógeno causante de la infección permite al clínico dirigir el tratamiento desde el principio, evitar antibióticos innecesarios y reducir riesgos para el paciente. No se trata solo de velocidad, sino de aportar información útil en el momento en el que realmente marca la diferencia.
¿Cuál ha sido el principal reto al pasar de una tecnología desarrollada en un entorno de investigación a un dispositivo que pueda utilizarse en hospitales?
El principal reto ha sido el cambio de perspectiva. En investigación el objetivo es demostrar que algo es posible; en un hospital necesitas que funcione de forma robusta, repetible y sencilla en un entorno muy exigente.
Esto implica tomar decisiones complejas para simplificar, industrializar y pensar desde el inicio en aspectos como la regulación, la usabilidad y el flujo clínico real. También ha sido clave integrar perfiles muy diversos —científicos, ingenieros, clínicos y expertos en regulación— y alinearlos en una visión común de producto.
Con motivo del 11F, ¿crees que las mujeres tienen hoy suficiente visibilidad en los proyectos científicos y tecnológicos que llegan al mercado?
Las mujeres que hoy lideramos proyectos de base tecnológica tenemos visibilidad; el verdadero problema es la falta de representación. Siguen siendo muy pocas las mujeres CEO de startups y, si nos centramos en ámbitos como la fotónica, la presencia femenina es prácticamente inexistente.
No creo que la clave esté tanto en facilitar el acceso como en generar referentes claros y cercanos. Que se vea que este es un camino posible y atractivo, tanto para niñas y jóvenes cuando eligen su formación como más adelante para asumir puestos de responsabilidad. Ojalá llegue un momento en el que no sea necesario subrayarlo en fechas concretas; mientras tanto, es importante contarlo y hacerlo visible.
Por: Ana Hernando Agencia SINC

