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La joven científica gallega es estudiante de Doctorado, en el área de Investigación y Desarrollo de Fármacos, en el laboratorio de la Dra. María José Alonso, en el CIMUS, de la Universidad de Santiago de Compostela (USC)

Por: Violeta Villar Liste

Paloma Rial Paz es el ejemplo de una joven que sabe cuán poderoso es el propósito que acompaña una decisión. La niña pequeña que quería curar el cáncer es ahora la joven científica gallega que este febrero iniciará una estancia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en el laboratorio de la profesora Paula Hammond, ubicado en el Koch Institute for Integrative Cancer Research, para ampliar sus conocimientos en el campo de la nanotecnología.

En el Día de la Lucha contra el Cáncer, y en la antesala del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia (11 de febrero), esta historia demuestra el lugar creciente de las mujeres en ciencia y cómo los desafíos son oportunidades para crecer.

Paloma Rial Paz es estudiante de Doctorado, en el área de Investigación y Desarrollo de Fármacos, en el laboratorio de la Dra. María José Alonso, en el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

El ejemplo de su madre, bióloga, “despertó en mí una curiosidad científica constante, siempre alimentada por sus explicaciones y por la búsqueda de respuestas a todas las preguntas que me hacía”. En este diálogo, una historia que invita a otras jóvenes a perseverar en su propósito.

Las capacidades blandas, en el centro de la vida

Paloma Rial Paz

Rial Paz no comenzó su vida laboral en el laboratorio científico, pero sí en oficios que le ayudaron a fortalecer sus habilidades blandas, capacidades que cada vez son más exigidas.

Lo ilustra con orgullo porque es parte fundamental de su crecimiento como ser humano:

“Creo que cada puesto de trabajo exige determinadas capacidades blandas, que pueden provenir tanto de la propia personalidad como desarrollarse con la experiencia. En mi caso, desde muy joven he sido proactiva y he buscado mis propias oportunidades laborales, compaginando mis estudios con trabajos como monitora de ocio y tiempo libre, entrenadora de patinaje y asistente en la organización de eventos internacionales. Estas actividades me han obligado a organizar mi tiempo con rigor, priorizar tareas y mantener la constancia a lo largo del curso académico, habilidades directamente trasladables al día a día en la investigación”.

Enumera que trabajar con niños le enseñó “a gestionar imprevistos con calma y a comunicarme de forma clara”, mientras el deporte y la competición “me aportaron disciplina, perseverancia y reforzó en mí la importancia de la colaboración, el apoyo mutuo y el compromiso con un objetivo común”.

La organización de eventos, por otra parte, le dio experiencia en planificación, trabajo bajo presión y adaptación rápida a cambios.

“En conjunto, todas estas experiencias han reforzado mi destreza, organización y resiliencia para afrontar los retos de la investigación en el área de la salud”, observa.

Del anhelo de curar el cáncer a un camino como investigadora

Con el grupo de la Dra. María José Alonso

Este primer anhelo de su infancia de querer “curar el cáncer” trasciende al formarse en el ámbito de las ciencias.

Durante su formación como farmacéutica “trabajé muy de cerca con profesoras como Trinidad de Miguel, participando en el proyecto MicroMundo, orientado al descubrimiento de nuevos antibióticos en el suelo, lo que alimentaba mis ganas de explorar y descubrir.

En el último curso del grado, guiada e impulsada por profesoras como Aurora Gómez, y contando con la mentoría de Esther Montero, que me animaron a seguir en la ciencia y a confiar en mis capacidades, decidí apostar por la realización del doctorado”.

En ese momento de su preparación, profundiza en el trabajo de la Dra. María José Alonso, un referente, “y, al conocer su trayectoria y sus proyectos, tuve claro que quería realizar la tesis doctoral en su grupo”.

María José Alonso es pionera en nanotecnología farmacéutica y catedrática de Biofarmacia y Tecnología Farmacéutica en la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Entre 2006 y 2010 fue vicerrectora de Investigación e Innovación de la USC.

Cuenta que la entrevista con la Dra. Alonso fue decisiva, emocionante y con un potencial transformador que la convenció de su decisión.

El lugar de la mujer en la ciencia española y gallega

Al contextualizar el lugar de la mujer en la ciencia española y gallega, escribe que “en España, las mujeres representan alrededor del 42% del personal investigador, aunque su presencia disminuye a medida que se avanza hacia puestos estables y de liderazgo. En el sistema universitario gallego, más de la mitad de las tesis doctorales leídas corresponden a mujeres, pero siguen siendo minoría entre el profesorado estable y las cátedras”.

En el caso de la USC y en centros de investigación asociados como el CiMUS, señala, la presencia de investigadoras predoctorales y postdoctorales es muy relevante y se trabaja activamente, a través de iniciativas como el Programa Gallego Mujer y Ciencia y la Unidade Muller e Ciencia, para reducir estas brechas y favorecer el acceso de las científicas a puestos de mayor responsabilidad.

“Mi vida como investigadora ha estado muy influenciada por mujeres científicas que, con su ejemplo, han mostrado que es posible liderar proyectos de alto nivel desde Galicia y desde la USC”.

El privilegio de contar con la mentoría de la Dra. María José Alonso

María José Alonso

-¿Qué ha significado trabajar en CiMUS, bajo el liderazgo de la Dra. María José Alonso?

-Investigar en el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela, un centro de excelencia reconocido con el premio María Maeztu, con instalaciones modernas y un entorno internacional de investigadores altamente cualificados, es inmensamente enriquecedor. Disfrutamos de una intensa actividad formativa, numerosas iniciativas de divulgación y una fuerte cultura de colaboración entre grupos de investigación.

“La guía de científicas y científicos consolidados no solo acelera el aprendizaje y ayuda a evitar errores, sino que también orienta las decisiones de carrera y ofrece modelos de liderazgo y compromiso con la ciencia”.

En este sentido, enfatiza, contar con la mentoría de una referente científica como la Dra. María José Alonso es un privilegio enorme: su experiencia, su visión estratégica y su amplia red de contactos facilitan colaboraciones multidisciplinares, esenciales para que la investigación tenga un impacto social real.

“Además, la dinámica que impulsa en nuestro grupo fomenta el intercambio de ideas y el cuestionamiento continuo de los resultados, de modo que el aprendizaje en el día a día es constante”.

A lo largo de su trayectoria ha tenido la oportunidad de conocer y aprender de grandes investigadores “como Cristina Fornaguera, Kostas Kostarelos o Michael J. Mitchell, y de contrastar opiniones, enfrentar nuevos puntos de vista y responder preguntas distintas, algo fundamental para el crecimiento de cualquier científico. Me siento muy afortunada de poder aprovechar estas oportunidades, que están enriqueciendo profundamente mi camino profesional”.

Nanotecnología y su impacto en la medicina del futuro

La nanotecnología farmacéutica es su pasión. La explica en palabras sencillas para que la ciencia sea comprensible: consiste en el uso de materiales y sistemas extremadamente pequeños, del tamaño de unos pocos nanómetros, para diseñar y mejorar fármacos que funcionen mejor dentro del organismo.

Describe que los nanomedicamentos son aquellos en los que el principio activo va asociado a estructuras muy pequeñas, “nanovehículos”, como nanopartículas lipídicas, poliméricas o micelas, entre otras. Gracias a estas estructuras, podemos proteger el fármaco, mejorar su solubilidad y dirigirlo con mayor precisión a los tejidos que se quieren tratar.

​“Frente a sistemas tradicionales, como comprimidos o inyecciones de fármacos libres, los sistemas basados en nanotecnología facilitan un aumento de la eficacia, reducir efectos secundarios y ajustar mejor la dosis en el lugar exacto donde se necesita. Esto es especialmente importante en enfermedades complejas como el cáncer, donde no solo importa qué fármaco se administra, sino también cómo y dónde llega dentro del cuerpo”.

La nanotecnología es tan cercana como las vacunas ARNm

Para comprender todavía más el impacto de la nanotecnología en la sociedad con ejemplos presentes, la investigadora cita el ejemplo de las vacunas frente a la COVID‑19 basadas en ARNm, “que utilizan nanopartículas lipídicas para proteger y transportar el material genético hasta el interior de las células y desencadenar una respuesta inmunitaria eficaz”.

También existen nanomedicinas consolidadas desde hace años contra el cáncer, “terapias que se apoyan en patentes clave de las plataformas de nanopartículas y métodos de formulación que hoy han llegado a la clínica y han demostrado un impacto real en la vida de los pacientes”.

Medicamentos con menos efectos secundarios

Paloma Rial Paz describe los alcances de su línea doctoral centrada “en el estudio de la corona proteica que se forma espontáneamente alrededor de los nanovehículos al interactuar con fluidos biológicos”.

Argumenta que todas las sustancias que introducimos en el organismo interactúan con las biomoléculas que ya están presentes, y los fármacos no son una excepción. Entre estas biomoléculas se encuentran las proteínas, que forman la llamada “corona proteica”.

Esta capa actúa como una nueva “identidad” del nanovehículo y puede cambiar por completo cómo lo reconoce el cuerpo, a qué órganos llega y cuánto tiempo permanece en circulación.

El estudio que estamos realizando Jorge Ruz, Philipp Lapuhs, Lucía Sanjurjo, Balbina Fernández, Belén Cuesta y yo, en colaboración con una empresa farmacéutica, se centra en entender cómo la composición química de nuestros nanovehículos determina qué proteínas se adhieren a su superficie y cómo estas modifican su comportamiento. Comprender esta relación nos permitirá diseñar medicamentos que lleguen de forma más precisa a sus dianas terapéuticas y, en consecuencia, consigan mejores resultados clínicos con menos efectos secundarios”.

-Un segundo proyecto es “la implementación de inteligencia artificial para optimizar el diseño y desarrollo de nanovehículos terapéuticos”…

-La implementación de inteligencia artificial en mi tesis busca pasar de un enfoque clásico de prueba‑error en el diseño de nanovehículos a un enfoque basado en modelos predictivos. Para ello, el primer paso es construir una base de datos bien estructurada de nanopartículas, donde se integren de forma estandarizada su composición y los resultados obtenidos tanto in vitro como in vivo.

Esta base de datos servirá como “materia prima” para poder aplicar de manera robusta técnicas de aprendizaje automático.​ Sobre esa base, planteamos desarrollar y entrenar modelos de machine learning avanzados, con la finalidad de predecir formulaciones con mejores resultados en las indicaciones terapéuticas concretas.​

En la práctica, esto permitirá reducir drásticamente el número de formulaciones a probar en el laboratorio, acortando tiempos, costes y uso de recursos. El objetivo final es disponer de una plataforma para el diseño racional de nanomedicinas más precisas y personalizadas, ajustándose al tipo de paciente o enfermedad con el apoyo de la inteligencia artificial.

Estancia en el MIT: hacia una ciencia global

Este febrero de 2026 inicia su estancia en el MIT,  en el laboratorio de la profesora Paula Hammond, ubicado en el Koch Institute for Integrative Cancer Research.

Es una experiencia que la llevará a trabajar con “una investigadora de referencia internacional en el campo de la nanotecnología y la administración dirigida de fármacos, reconocida por su trabajo pionero en el diseño de nanopartículas layer‑by‑layer (LbL) y por múltiples distinciones de alto nivel en ciencia e ingeniería”.

Cuenta que conoció más de cerca su trabajo “cuando asistí a un seminario impartido en el CiMUS por la doctora Tamara G. Dacoba, investigadora posdoctoral en el grupo de Hammond y antigua doctoranda del grupo de la profesora Alonso, sobre nanopartículas LbL para la administración dirigida de fármacos”.

Esta tecnología LbL, explica, se basa en recubrir un núcleo con capas sucesivas de polímeros, como las capas de una cebolla, para controlar de forma muy precisa la superficie de la partícula y, en consecuencia, modular su biodistribución e interacción con las células de interés.

“La experiencia del grupo de la profesora Hammond en nanomedicina, diseño de nanopartículas LbL, estudio de la corona proteica y uso de enfoques basados en datos para optimizar nanovehículos ofrece un entorno idóneo para complementar mi formación en estas áreas”.

El proyecto planteado para su estancia en el MIT “se centra en investigar cómo diferentes polímeros influyen en las propiedades y el comportamiento de entrega de nanopartículas LbL hacia distintas dianas celulares, incluidas células de cáncer de ovario y células inmunes, y en construir un conjunto de datos que sirva de base para futuros modelos predictivos”.

 Aunque todavía no ha trabajado experimentalmente con esta tecnología, “la estancia representa una gran oportunidad para incorporarla a mi formación en tecnología farmacéutica y, al mismo tiempo, ampliar la base de datos necesaria para el desarrollo de modelos de machine learning en el marco de mi tesis doctoral”.


Trasladar el conocimiento hacia la sociedad

Paloma Rial Paz estuvo presente en el pasado Congreso de Científicos Emprendedores, organizado por la Fundación DRO, con apoyo de la USC. Fue una experiencia que reafirmó su convicción:

“La transferencia de conocimiento a la sociedad, también a través de empresas, me parece fundamental; no tiene sentido que los avances se queden solo en el laboratorio si pueden convertirse en soluciones reales para pacientes. Como investigadora soy muy consciente de que la colaboración con la industria y la creación de spin-offs son vías clave para que las tecnologías que desarrollamos tengan impacto más allá de los artículos científicos”.

En cuanto a su futuro, no se cierra puertas, afirma. Primero aspira a consolidar una trayectoria científica y ve el emprendimiento científico “como una opción atractiva y complementaria”.

Le gustaría que su trabajo “se tradujese en productos o servicios que mejoren la vida de las personas, ya sea desde el entorno académico, desde una empresa, o combinando ambos mundos”.

Y en esa vida mejor que imagina para las personas, permanece intacto su deseo de curar el cáncer. Fue su anhelo de niña y persiste en la joven científica que mantiene su propósito.

Por: Violeta Villar Liste | [email protected]