El secretario nacional de la Senacyt, Dr. Eduardo Ortega Barría, expresó que, en los últimos años, Panamá ha asumido con decisión el desafío de construir un futuro sostenible, resiliente e inclusivo. En ese camino, la bioeconomía se ha convertido en un eje estratégico
Por: Tamara del Moral | Prensa Senacyt
Panamá es sede esta semana de la tercera edición de la “Misión de la Comunidad de Práctica de Bioeconomía”, una iniciativa regional que reúne a responsables de política pública, sector privado, comunidad científica y organismos internacionales para acelerar el desarrollo de la bioeconomía en América Latina.
Este encuentro constituye un espacio de articulación entre quienes están diseñando marcos regulatorios, estructurando instrumentos financieros, y movilizando inversiones hacia nuevas cadenas de valor basadas en biomasa, biodiversidad y biotecnología.
La Comunidad de Práctica de Bioeconomía es liderada por el Reino Unido, que promueve el diálogo técnico, el aprendizaje entre pares y la cooperación regional en políticas públicas, innovación y financiamiento. Su objetivo es apoyar la transición hacia modelos de desarrollo más sostenibles, inclusivos y resilientes.
Cerca de 80 líderes de 13 países de América Latina, incluyendo ministros y viceministros, responsables de política pública, directores de agencias de innovación, representantes de banca multilateral, fondos de inversión, centros de investigación, y empresas que están liderando procesos de regulación financiamiento e innovación bioeconómica en sus respectivos países.
El evento es organizado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), la Embajada Británica en Panamá y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con la colaboración del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Ambiente de Panamá.
Durante la sesión inaugural participaron José Martínez-Acha, ministro de Relaciones Exteriores de Panamá; el Dr. Eduardo Ortega Barría, secretario nacional de la Senacyt de Panamá; Lloyd Day, subdirector general del IICA y Greg Houston, embajador del Reino Unido en Panamá. En representación del Ministerio de Ambiente, participó Juan Carlos Monterrey, director de Cambio Climático.

El secretario nacional de la Senacyt, Dr. Eduardo Ortega Barría, expresó que, en los últimos años, Panamá ha asumido con decisión el desafío de construir un futuro sostenible, resiliente e inclusivo. En ese camino, la bioeconomía se ha convertido en un eje estratégico para transformar la manera de producir, innovar, y generar bienestar.
“Panamá cuenta con un sólido capital natural, científico y tecnológico que puede aprovecharse de manera sostenible para impulsar la bioeconomía. La Senacyt, de la mano de la cancellería y del Ministerio de Ambiente, ha desempeñado un papel fundamental en esta visión de país.
La bioeconomía no es un concepto técnico, es una respuesta concreta a los retos del país y de la región. Hoy más que nunca, la bioeconomía representa una oportunidad para proteger nuestra naturaleza, reducir los residuos, enfrentar el cambio climático, generar nuevas industrias y empleos de calidad para las próximas generaciones. La cooperación regional tiene el potencial de avanzar la bioeconomía en América Latina y construir un futuro donde el crecimiento económico y el cuidado del ambiente no sean fuerzas opuestas, sino, que avancen juntos, en beneficio de toda la sociedad”, dijo.
En su intervención, el embajador Houston, destacó que el Reino Unido pone a disposición de Panamá y de la región su experiencia en ecosistema de bioeconomía, financiamiento sostenible y cooperación científica. Subrayó, que este espacio se ha consolidado como una plataforma concreta para generar alianzas, compartir soluciones y crear oportunidades de impacto regional. Añadió que la misión, en su tercera edición, está alineada con la visión británica del crecimiento verde, acción climática y ciencia como herramienta para abordar desafíos globales.
A criterio del subdirector general del IICA, Lloyd Day, las Américas tienen el potencial biológico y las condiciones estructurales para liderar la bioeconomía global, y presentan oportunidades para transformar ese capital natural y científico en crecimiento verde, empleo rural de calidad y mayor competitividad internacional.
“Esta tercera edición es una llamada a convertirse en un punto de inflexión para transformar la Comunidad de Práctica en un vehículo de acción colectiva. Ya no se trata de solo intercambiar experiencias, sino, de identificar proyectos conjuntos, fortalecer instrumentos financieros y regulatorios, y construir una agenda regional de trabajo permanente. Desde el IICA y la Red Latinoamericana de Bioeconomía, que reúne a más de 100 instituciones en 18 países, nos ponemos a disposición para consolidar una plataforma regional para acompañar a los países en el diseño, implementación y escalamiento de sus estrategia, políticas e inversiones”.
A lo largo de la semana, la agenda incluirá potencial bioeconómico de América Latina, los principales desafíos para escalar la bioeconomía, experiencias comparadas entre regiones, inversión de riesgo y bioemprendimiento. Asimismo, se abordará la experiencia del Reino Unido, las políticas nacionales y subnacionales en la región, los marcos regulatorios e institucionales, el liderazgo latinoamericano en regulación de biotecnologías y bioinsumos, y las oportunidades desde el sector privado. La misión contempla, además, visitas de campo para conocer iniciativas específicas en territorio.

Bioeconomía como estrategia
En América Latina y el Caribe, la pandemia ha tenido repercusiones económicas y sociales que ha profundizado las brechas sociales preexistentes y los desafíos de baja productividad, todo lo cual se ve agravado por la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra y la vulnerabilidad al cambio climático (Rodríguez et al., 2019).
Se espera que el cambio climático tenga impactos negativos en la productividad agrícola de la región, la creación de empleo y el producto interno bruto (PIB) sectorial para 2030 (Bárcena et al., 2020). Del mismo modo, un colapso de los ecosistemas podría causar una disminución de hasta el 12% en los ingresos agrícolas de la región, junto con una caída del 2.2% en el PIB (Johnson et al., 2021).
Frente a este panorama, la bioeconomía se posiciona como una estrategia de desarrollo que permite mitigar estos impactos negativos mediante la valorización sostenible de los recursos biológicos y el conocimiento científico-tecnológico.
Si bien no existe una sola definición de bioeconomía, se puede generalizar por la definición de Global Bioeconomy Summit (2018) como «la producción, utilización y conservación de recursos biológicos, incluidos los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionados, para proporcionar información, productos, procesos y servicios en todos los sectores económicos, con el propósito de avanzar hacia una economía sostenible».
Para América Latina y el Caribe, esta aproximación resulta particularmente relevante, ya que la bioeconomía fortalece las interconexiones entre el uso y manejo sostenible de la biodiversidad y sus componentes; la agricultura sostenible y regenerativa; y las soluciones basadas en la naturaleza (Meza y Rodríguez, 2022). La bioeconomía es un proceso de transformación social dinámico y complejo, que exige una perspectiva de política a largo plazo; los países pueden definir sus bioeconomías en función de sus realidades y capacidades nacionales, así como sus elementos programáticos.
Para la formulación de la Estrategia en Panamá, se ha definido una ruta conformada por cinco fases: Diagnóstico del potencial nacional, desarrollo de una Visión Común, diseño de la Estrategia Nacional de Bioeconomía, diseño e implementación del Plan de Acción, y formulación de Estrategias Sectoriales específicas. La iniciativa se encuentra actualmente en sus fases iniciales de diagnóstico y construcción de visión común, con el objetivo de identificar y mapear los actores relevantes, el marco normativo existente y los sectores con mayor potencial de desarrollo bioeconómico.
La Senacyt ha destinado aproximadamente $15 millones en líneas de investigación directamente vinculadas a la bioeconomía durante los últimos años, complementados con $7 millones adicionales en áreas afines.
Por: Tamara del Moral | Prensa Senacyt

