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El Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) es una entidad que afecta a grupos de adolescentes y, predominantemente, a las mujeres. La afectación psicológica, con trastorno de la salud mental, es la consecuencia más temible de esta condición, que conduce al complejo de inferioridad, a la inseguridad y al rechazo hacia su propia figura

Por: Enrique Santiago López-Loyo

El Dr. López Loyo es el Editor en Jefe de la Gaceta Médica de Caracas. Individuo de Número Sillón XXXI de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela. Este editorial corresponde al volumen 134, Nº1. Enero-marzo 2026. La Gaceta Médica se publica trimestralmente desde 1893 y es la más antigua revista médica venezolana que se mantiene activa. Es el órgano oficial de la Academia Nacional de la Medicina. Compartimos el editorial y el enlace a la publicación, con artículos originales.

La sociedad moderna vive bajo la obsesión por la belleza, lo cual ya toca los límites de la toxicidad, impulsada por los medios masivos y, particularmente, por las redes sociales.

El fenómeno de la comunicación ha sufrido una transformación exponencial al pasar del clásico diseño que incluía el emisor o fuente de la información con guiones estructurados, que requerían medios de difusión, tales como diarios, televisoras de señal abierta o emisiones de radio, los cuales alcanzaban al receptor, entendiendo por este último al público que era el eslabón final de este esquema que por siglos mantuvo una hegemonía comunicacional con direccionamiento de mensajes diseñados para generar las llamadas “tendencias de opinión”.

Esto obligaba a crear encuestas o estudios de opinión para tomar el pulso de grupos poblacionales enteros, lo cual sustentó las campañas políticas en fase electoral o la orientación corporativa de las marcas, acuñando las “estrategias de márquetin”.

Estas redes individualizan el mensaje, lo personalizan con unidireccionales, pero con capacidad inmediata de respuesta, en forma de “likes” o “me gusta”, un simple “emoji” de expresión corporal o incluso una expresión escrita.

Esta evolución comunicacional incluye verdaderos canales de televisión o aplicaciones que monetizan contenidos, como mensajes abiertamente sexualizados, bailes, seguimiento de tareas u oficios individuales, mensajes esotéricos, teorías conspirativas, noticias, especulaciones políticas o intrigas de grupos.

De esto se salva el uso de los medios masivos para la educación digital, entre otras aplicaciones de estas plataformas.

Sin embargo, este fenómeno otorga una prioridad extrema a la apariencia, lo que eleva el riesgo de baja autoestima en amplios grupos poblacionales, de ansiedad colectiva y de la aparición del Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), una entidad que afecta a grupos de adolescentes y, predominantemente, a las mujeres.

La afectación psicológica, con trastorno de la salud mental, es la consecuencia más temible de esta condición, que conduce al complejo de inferioridad, a la inseguridad y al rechazo hacia su propia figura. Puede debutar con alteraciones de los hábitos alimentarios y, cuando no conducen a cambios satisfactorios, terminan en cuadros de depresión crónica e incluso en suicidios.

En el TDC se idealiza el ejercicio físico, que lleva a hombres y mujeres a alcanzar estados obsesivos de ir a gimnasios donde se idolatran los cuerpos perfectos, bajo una comparación continua y la social o mediática.

Luego, se pasa a intervenciones quirúrgicas con el uso de “implantes” o de inyecciones de componentes químicos lesivos para las estructuras corporales, lo que genera consecuencias físicas irreversibles.

El caso que ejemplifica esta entidad fue el del llamado Rey del Pop, Michael Jackson, un artista que en un momento de su vida se sometió a múltiples transformaciones corporales, incluyendo tratar de cambiar su color de piel.

El TDC es la expresión de los Trastornos Obsesivo-Compulsivos, con manifestaciones de fases de ansiedad y de rutinas compulsivas episódicas.

El momento más angustiante para estas personas es al mirarse en el espejo, porque solo reflejan su inconformidad y frustración.

Es importante destacar que también se debe hacer la distinción entre este trastorno y la simple insatisfacción corporal, considerando las diferencias orgánicas y neuroquímicas del cerebro.

Las personas con un verdadero TDC presentan una mayor sensibilidad a la detección de detalles, en lugar de una visión holística, lo que las hace más propensas a percibir defectos o imperfecciones que podrían pasar inadvertidos para los demás.

Sin embargo, la distorsión de esta percepción puede corregirse con la ayuda de la terapia cognitivo-conductual, siempre y cuando se reconozca que existe el trastorno dismórfico corporal como tal (1,2).

Por otra parte, ha surgido la tendencia a “patologizar la fealdad” mediante el uso de un lenguaje propio de la enfermedad y de los procedimientos médicos para justificar y afirmar las características indeseables como afecciones patológicas que requieren intervención médica o quirúrgica prioritaria.

Esto forma parte de la cirugía estética y da lugar a la rama de la “Patología estética”, que incluye aspectos estéticos indeseables, como la desviación de ciertas normas estéticas.

Logra la fundamentación de la concepción de la fealdad como enfermedad a partir de tres afirmaciones, que incluyen los daños estéticos, la disfunción estética y la desviación estética.

Se promueve en este movimiento, simultáneamente, la concepción de los ideales de belleza como atributo biológico normal y de la apariencia “normal” como un ideal estético, con el objeto de legitimar la necesidad de intervenciones cosméticas.

Es como establecer que “ser bonito es bueno y normal”, pero acaso, “¿ser feo es malo y anormal?” Consideran la fealdad como enfermedad.

Esto plantea desafíos para el trabajo académico en filosofía de la medicina y en bioética, y para reafirmar el valor teórico y práctico de definir los límites entre la salud y la enfermedad.

En Psicología social se destaca, para caracterizar este fenómeno, el llamado “efecto halo” como un sesgo cognitivo que atribuye intelectuales y de comportamiento positivos a las personas que poseen belleza física.

De acuerdo con esto, las personas atractivas logran mejores resultados académicos, trabajos de mayor estatus, salarios más altos y es más probable que se casen. Definen, entonces, la fealdad como una “disfunción estética” (3).

El uso indiscriminado de procedimientos de cirugía estética ha desencadenado fenómenos de intrusismo médico dentro de los equipos de salud y de ejercicio ilegal de personas que comercian ofreciendo y ejecutando estos procedimientos, muchos de ellos utilizando materiales calificados como “biopolímeros”, que, en verdad, son sustancias no biodegradables que afectan de forma irreversible la salud de las personas a las que se les aplican.

Los biopolímeros son, en principio, macro-moléculas presentes en los seres vivos y, por definición, son considerados materiales poliméricos o macromoleculares sintetizados por el organismo.

Pero con el desarrollo de la ingeniería de tejidos, se incluyen como biopolímeros materiales sintéticos biocompatibles con el organismo humano. Entre los biopolímeros primarios se incluyen las proteínas, como las fibroínas y las globulinas, así como los polisacáridos, como la celulosa y los alginatos. Elementos como el caucho natural, los politerpenos, los polifenoles y los poliésteres se consideran polímeros de uso potencial en el ser humano (4).

Las intervenciones estéticas históricamente se iniciaron en el área facial con la idea del llamado “refrescamiento”, para lo cual se utilizaron aplicaciones directas sobre la piel mediante el procedimiento conocido como “peeling”. Todos los agentes de peeling, que pueden ser superficiales, de profundidad media o de profundidad mayor, son derivados de sustancias químicas que causan exfoliación, destrucción o inflamación de la piel de forma “controlada”.

Lo que no se conoce hasta su aplicación es la reacción individual que puede presentar cada paciente al que se le aplica la sustancia.

Desde tratar las secuelas del acné hasta atenuar las líneas de expresión, estas terapias buscan alejar en lo posible las intervenciones quirúrgicas. Entre los agentes más utilizados se encuentran formulaciones de fenol y aceite de crotón, cuyos resultados en cuanto a la profundidad del efecto dependen de la concentración (5).

Todos estos recursos de la terapia estética, tanto facial como en el resto del cuerpo, buscan dar volumen, tener un efecto reparador e incluso reemplazar tejido. Elementos de tipo bioestimulante pueden inducir reacciones inflamatorias que terminan en una remodelación dérmica y aumentan la producción local de colágeno. El ácido hialurónico se reconoce por su efecto voluminizador; la hidroxiapatita de calcio y el ácido poliláctico, por su efecto directo en la estimulación de los fibroblastos.

Mención particular merece la toxina botulínica (TB), una proteína derivada de la bacteria Clostridium botulinum, que presenta alta especificidad y afinidad por las células neuronales, uniéndose a estas, bloqueando la liberación de acetilcolina en la placa motora terminal e induciendo parálisis muscular selectiva, con efecto inmediato sobre las líneas de expresión facial.

Esta proteína puede generar efectos adversos durante su uso, relacionados con la calidad del producto, el tipo de diluyente empleado en su preparación, la variabilidad en la anatomía facial de los pacientes y el escaso conocimiento y la escasa competencia profesional de los operadores en su aplicación.

Aun así, los eventos adversos que produce la TB se consideran menos graves que los producidos por los biomateriales. Los efectos de esta toxina incluyen hematomas y equimosis en la zona de aplicación subcutánea, así como hipotonía e hipertonía musculares antagónicas.

La hipotonía del músculo elevador del párpado superior, debida a una mala aplicación o a la difusión de la TB, produce ptosis del párpado superior y de la ceja. Y si afecta al músculo orbicular lateral-inferior del ojo, puede producir ectropión, xerostalmia y riesgo de daño de la córnea.

Por otra parte, se han informado de efectos sistémicos graves derivados de reacciones anafilácticas. Muchos pacientes, bajo engaño, reciben “terapias” en las que se utilizan aparentes “biopolímeros” en la zona facial en los glúteos, que terminan siendo aceite de motor o silicona industrial, con efectos estéticos y funcionales lesivos e incapacitantes.

Tras la reacción de inflamación crónica granulomatosa de cuerpo extraño y la formación de cúmulos de histiocitos, este material desciende siguiendo las leyes de la gravedad por el tejido subcutáneo, generando depósitos que bloquean grupos musculares y plexos nerviosos, produciendo dolor intenso y un efecto de masa que puede obligar al retiro quirúrgico de parte del material, lo que incluso puede producir lesiones cicatriciales que agravan el cuadro compresivo (6).

La búsqueda de la belleza también condicionó el uso de implantes, definidos como dispositivos de uso médico creados para reemplazar, ayudar o mejorar alguna estructura biológica faltante.

Son elementos que, con el tiempo, pueden producir efectos contraproducentes para el objetivo estético.

En un grupo de pacientes se observan los síndromes autoinmunes/inflamatorios inducidos por adyuvantes (ASIA), que incluyen un conjunto de enfermedades inmunológicas relacionadas y se desarrollan en individuos genéticamente predispuestos como resultado de la exposición a un agente adyuvante.

Estos síndromes se han descrito tras el contacto con implantes de silicona, medicamentos, infecciones, metales, la aplicación de vacunas y otras sustancias o elementos que evocan respuestas inflamatorias crónicas. Su sospecha clínica se relaciona con la evaluación de criterios mayores, como la aparición de síntomas de fatiga, mialgias localizadas, dolor articular y artritis de aparición brusca.

Otros criterios considerados incluyen la disfunción cognitiva con pérdida de memoria.

Sus criterios menores también consideran síntomas de colon irritable o de boca seca, así como el desarrollo de una enfermedad autoinmune.

En el ámbito oncológico, el linfoma de células grandes anaplásicas asociado a prótesis mamarias es un tipo de linfoma no Hodgkin, considerado una rara entidad clínico-patológica, descrita inicialmente en 1977, y se ha establecido su etiopatogenia, relacionada con pacientes portadoras de prótesis mamarias de tipo texturizado, entidad también descrita en hombres.

Esto ha obligado a evitar la colocación de este tipo de prótesis y a realizar vigilancia estricta en los casos de portadores de implantes que presenten, como complicación, el desarrollo de seromas, lo que se considera la característica clínica de alarma que hace sospechar la posibilidad de linfoma.

En lo personal, como especialista en anatomía patológica, por haber realizado el diagnóstico del primer caso de esta entidad en el país, sabemos que se requiere aplicar un protocolo laborioso que integre la evaluación citológica del seroma y la búsqueda de los criterios histopatológicos, complementados con el estudio de inmunohistoquímica (7,8).

Sin duda alguna que nuestra sociedad contemporánea asume su imagen corporal como expresión de realización exitosa y siempre está a la búsqueda de métodos y estilos de vida que alejen en lo posible los signos del envejecimiento, enalteciendo la “cultura de la belleza” sin darse cuenta que podría estar generando limitaciones insalvables que ponen en peligro el logro de sus objetivos reales, lo que plantea desafíos cada vez más importantes para el equipo de salud, el cual debe adquirir cada vez mejores herramientas cognitivas sólidas y actualizadas para enfrentar estos retos y compromisos trascendentes.

Referencias:

1. Corbin JA. Trastorno Dismórfico Corporal: causas, síntomas y tratamiento. Personas que se miran al espejo y no pueden soportarlo. Portal Psicología y mente. Publicación electrónica. 20 abril, 2016. Available from: https://psicologiaymente.com/clinica/ trastorno-dismorfico-corporal

2. Eilers JJ, Kasten E. When the Desire for Beauty Becomes Pathological: The Body Dysmorphic Disorder. An Overview. Int J Psychiatr Res. 2024;7(3):1-12.

3. Yves Saint James Aquino. Patologizar la fealdad: un análisis conceptual de las afirmaciones naturalistas y normativistas en “Patología estética”. The Journal of Medicine and Philosophy: Un foro para la bioética y la filosofía de la medicina. 2022;47(6):735-748.

4. Chandra R, Rustgi R. Biodegradable Polymers. Progress in Polymer Science. 1998;23:1273.

5. Wambier CG, Lee KC, Soon SL, Sterling JB, Rullan PP, Landau M, et al.; International Peeling Society. Advanced chemical peels: Phenol-croton oil peel. J Am Acad Dermatol. 2019;81(2):327-336.

6. Pampado Di Santis E, Hirata SH, Martins Di Santis G, Yarak S. Adverse effects of the aesthetic use of botulinum toxin and dermal fillers on the face: A narrative review. An Brasileiros Dermatol. 2025;100(1):87-103.

7. Borba V, Hernández AL, Watad A, Shoenfeld Y. Síndrome de Asia. En: Shoenfeld Y, Cervera R, Espinosa G, Gershwin ME, editores. Autoimmune Disease Diagnosis. Springer, Cham. Disponible en: https://doi.org/10.1007/978-3-031-69895-8_44

8. López-Loyo ES. Linfoma de células grandes anaplásicas asociado a prótesis mamarias, a propósito del primer caso diagnosticado en Venezuela. Propuesta para la evaluación de las muestras. Gac Méd Caracas. 2025;133(3):973-988.

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