Los expertos de los comités de Bioética y Salud Mental de la Asociación Española de Pediatría (AEP) piden diferenciar entre malestar, crisis vital y trastorno mental
Con información de la AEP
La Asociación Española de Pediatría (AEP) advierte del creciente riesgo de sobrediagnóstico en salud mental infanto-juvenil y reclama un manejo más humano, prudente y centrado en la persona ante el malestar emocional de adolescentes y jóvenes.
En una sesión conjunta, los comités de Bioética y de Salud Mental de la AEP han puesto el foco en una realidad cada vez más frecuente en las consultas: jóvenes que viven un profundo malestar marcado por la presión social, la sobreexposición y la dificultad para construir su identidad en un entorno exigente e inmediato.
En este contexto, como advierte el doctor José Antonio Salinas, coordinador del Comité de Bioética de la AEP, “existe el riesgo de convertir experiencias vitales propias de la adolescencia en etiquetas diagnósticas,como ansiedad, depresión o TDAH, que pueden acompañarlos durante años y condicionar su identidad”.
En este sentido, insiste en la importancia de que “no todo sufrimiento sea medicalizado”, siendo fundamental diferenciar entre malestar, crisis vital y trastorno mental
Según la última encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad, cerca de uno de cada cinco adolescentes ha consumido alguna vez hipnosedantes, un dato que refleja la creciente tendencia a recurrir a la medicación ante el malestar emocional en estas edades.
Los expertos de los comités de Bioética y Salud Mental de la AEP alertan también de una visión cada vez más extendida que reduce la salud mental a extremos.
Como apunta la doctora Paula Armero, coordinadora del comité de Salud Mental, “parece que solamente se pueda estar bien o estar mal, sin espacio para las zonas intermedias del desarrollo emocional”.
Los profesionales abogan por “escuchar más allá de los síntomas, entender qué significa ese malestar para el adolescente y acompañarlo adecuadamente”. Esto pasa, según indica Armero, “por reconocer al adolescente como un sujeto activo en su proceso, favorecer su autonomía progresiva y garantizar intervenciones proporcionadas, siempre en su mejor interés”.
Profesionales e instituciones deben asumir un papel activo
Ambos comités coinciden en subrayar la responsabilidad de profesionales e instituciones en la generación de espacios seguros de escucha que no reduzcan el malestar de los adolescentes a un problema susceptible únicamente de tratamiento farmacológico.
El acompañamiento, la escucha activa y el seguimiento en consulta deben constituir pilares fundamentales, reconociendo el papel de los pediatras también como profesionales de la salud mental. Es necesario reforzar su formación en este campo para poder dar respuesta a una realidad cada vez más compleja. “El objetivo es claro”, señala Salinas, “avanzar hacia un modelo que no solo trate la enfermedad, sino que también promueva el bienestar emocional y prevenga problemas futuros”.
Como resultado de esta iniciativa, la AEP está desarrollando recomendaciones prácticas que ayuden a los profesionales a abordar el malestar emocional de adolescentes y jóvenes desde una mirada más respetuosa, evitando la estigmatización y teniendo en cuenta el impacto del entorno social y digital.
Con información de la AEP

