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El alcohol es una toxina que obliga a tus riñones a trabajar horas extra en condiciones de deshidratación y estrés oxidativo

Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid.  Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia.  Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)

Este 12 de marzo de 2026 estaremos celebrando el Día Mundial del Riñón, una campaña global que busca generar conciencia sobre la importancia de estos órganos vitales. Nuestros riñones son los «filtros maestros» del cuerpo: no solo eliminan desechos y exceso de líquido, sino que regulan la presión arterial, producen glóbulos rojos y mantienen nuestros huesos sanos.

Para continuar con esta serie de las 8 Reglas de Oro para la salud renal, hoy veremos la séptima regla: Evitar el consumo de alcohol. El alcohol altera la capacidad de los riñones para filtrar la sangre de manera eficiente.

Anteriormente se consideraba que una ingesta diaria era beneficioso para el organismo. Sin embargo, los estudios han demostrado que beber alcohol diario aumenta el riesgo de enfermedades hepáticas, cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer, ya que el consumo diario puede aumentar la tolerancia. El límite considerado como riesgo bajo son máximo 3 bebidas a la semana para mujeres y 4 para hombres.

Se considera ingesta moderada para hombre un trago al día para mujeres y hasta dos para hombres. Incluso en cantidades pequeñas, el alcohol actúa como un diurético. Inhibe la hormona antidiurética (vasopresina), lo que obliga a los riñones a excretar más agua de la cuenta. Esto puede causar una deshidratación leve que afecta la concentración de electrolitos en la sangre. Las mujeres tienen menos agua corporal total y metabolizan el alcohol más lentamente.

Se considera ingesta severa cuando se consume una cantidad excesiva en poco tiempo (más de 4-5 bebidas), se puede producir una insuficiencia renal aguda.

El riñón puede deshidratarse y disminuye el flujo adecuado para trabajar. Además, el alcohol produce toxicidad directa ya que sus metabolitos dañan las células tubulares renales. En casos graves, el alcohol daña el tejido muscular, liberando una proteína llamada mioglobina que bloquea y lesiona los filtros renales, produciendo una rabdomiólisis.

Impacto multiorgánico y cardiovascular

El alcohol no viaja solo; afecta a toda la «maquinaria» del cuerpo. El principal órgano afectado es el hígado (cirrosis, hígado graso).

Como el hígado y el riñón trabajan en equipo para filtrar toxinas, si el hígado falla, se puede desencadenar el Síndrome Hepatorrenal, donde los riñones dejan de funcionar como consecuencia del daño hepático.

En el cerebro también se observan efectos, ya que el alcohol altera la neuroquímica, afectando el juicio, la coordinación y, a largo plazo, la memoria.

Además, el alcohol tiene efectos en el sistema cardiovascular, ya que eleva la presión arterial, que es la segunda causa principal de enfermedad renal crónica en el mundo, miocardiopatía, al debilitar el músculo cardíaco, y puede producir arritmias, ya que aumenta el riesgo de fibrilación auricular.

El consumo crónico de alcohol mantiene al cuerpo en un estado de inflamación sistémica. Con el tiempo, esto produce cambios estructurales en el riñón, aumentando su tamaño y alterando su arquitectura interna. Además, el alcohol suele ir de la mano con una dieta pobre y obesidad, factores que también pueden acelerar la Enfermedad Renal Crónica (ERC).

Recomendaciones

Aunque la regla de oro es «evitar», existen contextos culturales y nutricionales donde se permiten cantidades mínimas.

La Dieta Mediterránea es la excepción más famosa. Permite una copa de vino tinto (150 ml) al día para mujeres y hasta dos para hombres, siempre acompañando las comidas principales. El vino tinto contiene resveratrol, un antioxidante que, en dosis mínimas, puede tener beneficios vasculares. Si ya existe un diagnóstico de enfermedad renal o hipertensión mal controlada, la recomendación médica suele ser la abstinencia total.

El alcohol es una toxina que obliga a tus riñones a trabajar horas extra en condiciones de deshidratación y estrés oxidativo. En este Día Mundial del Riñón, el mejor regalo que puedes hacerle a tus filtros es moderar al máximo o eliminar su consumo para asegurar que sigan funcionando con precisión por muchos años más.

Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI