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El tabaquismo es, quizás, uno de los factores de riesgo más evitable pero más dañino, ya que actúa como un «acelerador» silencioso del daño en los nefrones

Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid.  Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia.  Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)

La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es una pérdida progresiva e irreversible de las funciones del riñón. Cuando estos órganos fallan, el cuerpo pierde su capacidad de filtrar toxinas, equilibrar líquidos y regular la presión arterial.

Cada segundo jueves de marzo se celebra el Día Mundial del Riñón, una iniciativa global destinada a concienciar sobre la importancia de nuestros riñones y reducir el impacto de la enfermedad renal en todo el mundo. El lema siempre refuerza la prevención, pues la ERC suele ser «silenciosa» hasta que se encuentra en etapas muy avanzadas.

El tabaquismo es, quizás, uno de los factores de riesgo más evitable pero más dañino, ya que actúa como un «acelerador» silencioso del daño en los nefrones. Dejar de fumar es la 6ª Regla de Oro.

Tabaquismo: El Enemigo de los Vasos Sanguíneos

El tabaquismo no solo afecta los pulmones; es una enfermedad sistémica. Al encender un cigarrillo, se introducen miles de sustancias tóxicas (nicotina, alquitrán, monóxido de carbono) que alteran la química de la sangre y dañan el endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos).

Como el riñón es, en esencia, una red compleja de vasos sanguíneos microscópicos, el fumar lo afecta mediante tres mecanismos principales. La nicotina provoca vasoconstricción, lo que reduce el flujo de sangre que llega a los riñones produciendo hipoperfusión. Los químicos del tabaco promueven la formación de radicales libres que dañan las células renales en proceso que se llama inflamación y estrés oxidativo. Por último, se ha demostrado que los fumadores excretan más proteína en la orina, o albuminuria, un signo claro de daño en el filtro renal.

Formas de Consumo y sus Impactos

Hoy en día, el tabaquismo ha evolucionado, pero el riesgo permanece. Anteriormente se fumaba cigarrillo o tabaco. El impacto que tenía y tiene es a través del daño vascular severo y endurecimiento arterial (arteriosclerosis) y con el aumento de riesgo de cáncer.

Cuando fumas, el cuerpo absorbe más de 7,000 sustancias químicas, de las cuales al menos 70 son carcinógenos confirmados. Estas sustancias dañan el ADN de las células; cuando ese ADN se «rompe», la célula puede empezar a crecer sin control, formando un tumor.

El pulmón es el área más afectada por la exposición directa al humo y el alquitrán, y el 80 a 90% de los casos de cáncer de pulmón son relacionados al tabaquismo. Además, se relaciona al cáncer de laringe y faringe, ya que el humo caliente y los químicos irritan crónicamente las cuerdas vocales y la garganta, y a cáncer de tráquea y bronquios debido a daño directo a los conductos de aire.

Sin embargo, el tabaquismo no solo está asociado a cáncer de vías respiratorias. Los carcinógenos se tragan (con la saliva) o se filtran por la sangre, llegando a órganos lejanos: como el riñón, en donde se filtra la sangre contaminada con toxinas del tabaco, lo que altera el ADN de sus células; y debido a que estos químicos se concentran en la orina antes de ser expulsados, es el principal factor de riesgo para el cáncer de vejiga.

Además, es un factor de riesgo para cáncer de páncreas, esófago, estómago, colon, boca, lengua, cuello uterino, hígado y leucemia mieloide aguda.

El vaping o cigarrillos electrónicos (e-cigarettes) aparecieron a principios de los años 2000, diseñados como un inhalador que genera un aerosol a partir de quemar una solución líquida. 

Por lo general, el líquido se encuentra formado por una base de propilenglicol y glicerina vegetal, a la cual le añaden nicotina y aromatizantes, que generan un “vapor”. El uso del cigarrillo electrónico ha sido cuestionado por sus efectos dañinos a la salud, debido a su contenido en metales pesados como arsénico, cromo, plomo y níquel, que pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, o causar daño renal y neurológico; y, además, sus efectos se homologan a los del tabaco, en términos de riesgo de cáncer y adicción, por lo que no deben ser promocionados como un tratamiento para dejar de fumar o para los jóvenes.

El tabaquismo está relacionado con afectaciones sistémicas. A nivel pulmonar está demostrado su asociación con la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica EPOC, con la bronquitis crónica y con lesiones pulmonares asociadas al vapeo (EVALI).

Se conoce según estudios, que el tabaquismo produce aumento de presión arterial o hipertensión, debido a la rigidez del endotelio vascular y por ende infarto agudo de miocardio y accidentes cerebrovasculares. A nivel renal, se conoce que acelera la progresión de la ERC hacia la necesidad de diálisis, especialmente en personas con diabetes o hipertensión.

Recomendaciones para Dejar de Fumar

Dejar el hábito es el mejor regalo que puedes hacerle a tus riñones y a tu cuerpo. No es fácil, pero es posible con estrategia:

  • Identifica tus «disparadores»: Reconoce qué situaciones (estrés, café, reuniones sociales) te dan ganas de fumar y planifica una distracción.
  • Actividad Física: El ejercicio libera dopamina de forma natural, ayudando a combatir la ansiedad por la abstinencia.
  • Hidratación: Beber agua ayuda a eliminar toxinas y mantiene las manos y la boca ocupadas.
  • Busca apoyo profesional: Existen terapias de reemplazo de nicotina y grupos de apoyo que aumentan drásticamente las probabilidades de éxito.
  • Ambientes libres de humo: Evita lugares donde se fume y pide a tus allegados que no lo hagan cerca de ti.

Recuerda, la enfermedad renal crónica avanzada es irreversible. Este 12 de marzo piensa en los beneficios de dejar de fumar para mantener una buena salud renal y cardiovascular.

Por: Dra. Karen Courville, FACP,SNI