El ejercicio debe ser «recetado» como un medicamento, ajustando intensidad y tipo según la patología. No podemos aplicar las mismas indicaciones a todos los pacientes
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
Promover las 8 Reglas de Oro para la salud renal, integrar las pruebas de función renal en la atención rutinaria para poblaciones de alto riesgo y fortalecer las campañas de concientización pública, orientadas a fomentar la detección temprana y la atención preventiva, reducen la necesidad de intervenciones hospitalarias.
Priorizar la prevención, la detección temprana y el tratamiento oportuno de la enfermedad renal no solo preserva la función renal, sino que también reduce la necesidad de tratamientos que consumen muchos recursos y mejora los resultados a largo plazo.
Entender la relación entre el movimiento y la salud renal es clave, porque los riñones no solo filtran sangre, también responden directamente a la salud de tu sistema cardiovascular y metabólico. En este #Juevesdesaludrenal hablaremos de la primera regla: 1. «Mantenerse activo y en forma»
Regla 1: «Mantenerse activo y en forma»
No se trata de correr un maratón, sino de combatir el sedentarismo. Para la salud renal, mantenerse activo significa realizar actividad física que eleve ligeramente la frecuencia cardíaca de manera constante. Esto ayuda a optimizar la presión arterial, ya que el ejercicio flexibiliza las arterias; mejora la sensibilidad a la insulina, a través de las células musculares, al procesar mejor el azúcar y controlando la inflamación, ya que el ejercicio reduce marcadores inflamatorios que dañan el tejido renal a largo plazo.
El riesgo de la obesidad para los riñones

La obesidad no solo es un «factor de riesgo» indirecto; ataca al riñón de tres formas principales:
- Hiperfiltración (Sobrecarga): Al haber más masa corporal, los riñones tienen que filtrar mucha más sangre de lo normal. Con el tiempo, este «exceso de trabajo» agota las unidades de filtrado (nefronas) y causa cicatrices (glomeruloesclerosis).
- Inflamación del tejido adiposo: La grasa (especialmente la abdominal) es metabólicamente activa y segrega hormonas y citocinas que causan inflamación crónica en los riñones.
- Compresión física: En casos de obesidad severa, la presión de la grasa intra-abdominal puede comprimir físicamente los riñones, dificultando su flujo sanguíneo.
Para que el manejo sea exitoso, se requiere la sinergia de varios especialistas el Médico (Internista/Endocrinólogo/Nefrólogo); evaluación de comorbilidades (diabetes, hipertensión); evaluación de utilización de uso de fármacos (como los análogos de GLP-1) o cirugía bariátrica; evaluación de dieta por nutricionista para realizar educación alimentaria y ajustar la ingesta de proteínas y sodio para proteger el riñón; un psicólogo (enfoque Cognitivo-Conductual), que es crucial para manejar la ansiedad, la relación emocional con la comida y el trastorno por atracón; un especialista en actividad física, para diseñar rutinas seguras que protejan las articulaciones (comunes en obesidad) y el sistema cardiovascular.
Perder tan solo del 5% al 10% del peso corporal tiene un impacto masivo en la reducción de la presión intraglomerular (la presión dentro de los filtros del riñón).
Recomendaciones de ejercicio por condición

El ejercicio debe ser «recetado» como un medicamento, ajustando intensidad y tipo según la patología. No podemos aplicar las mismas indicaciones a todos los pacientes.
Para los pacientes con Enfermedad Renal Crónica (Etapas 1-4), el objetivo del ejercicio es retrasar la progresión de la enfermedad. El ejercicio aeróbico moderado (caminar a paso ligero, ciclismo suave) combinado con ejercicios de resistencia ligeros (pesas de poco peso o bandas elásticas) es ideal. Debe realizarse 30 a 45 minutos, 4-5 veces por semana.
Para los pacientes en Diálisis, el objetivo del ejercicio es mejorar la fuerza muscular y reducir la fatiga. Se recomienda mucho el ejercicio intradiálisis (hacer bicicleta estática adaptada durante las primeras dos horas de la sesión de diálisis). Esto mejora la eficiencia de la limpieza de toxinas. Fuera de la sesión, se recomiendan caminatas cortas y ejercicios de flexibilidad.
Para los pacientes con Falla Cardíaca, (Síndrome Cardiorrenal) y Diabetes, el objetito es mejorar la capacidad funcional sin estresar excesivamente el corazón. La recomendación es realizar ejercicios de baja intensidad y con periodos de descanso frecuentes. Se prefiere el entrenamiento de intervalos (caminar 2 minutos, descansar 1). El yoga y el Taichí son excelentes para el control de la respiración y la presión. Sesiones breves (10-15 minutos) varias veces al día según tolerancia.
Resumen de Rrecomendaciones
| Condición | Tipo de Ejercicio Ideal | Frecuencia Sugerida |
| ERC Inicial | Aeróbico (Caminar, nadar) | 150 min / semana |
| En Diálisis | Cicloergómetro (Intradiálisis) | Durante la sesión |
| Falla Cardíaca | Caminata lenta / Estiramientos | Diaria (sesiones cortas) |
Consejos
- Antes de iniciar cualquier rutina, es fundamental medir la presión arterial. Si es superior a 160/100 mmHg, se debe posponer el ejercicio hasta que esté controlada.
- Identificación de «Triggers» (Disparadores): Aprender a distinguir el hambre fisiológica del hambre emocional.
- Higiene del sueño: Dormir menos de 7 horas altera la grelina y la leptina (hormonas del hambre), saboteando cualquier dieta.
- Déficit calórico controlado: Reducciones drásticas de peso pueden causar pérdida de masa muscular y estrés renal. Se busca una pérdida gradual (0.5 a 1 kg por semana).
- Actividad Física Adaptada: El entrenamiento de fuerza es indispensable, ya que el músculo es un órgano metabólico que ayuda a quemar grasa incluso en reposo y estabiliza el azúcar. Los ejercicios de bajo impacto como la natación, elíptica o caminata en terreno plano son buenos si se desea evitar lesiones en rodillas y espalda.
Es importante realizar un abordaje integral para lograr cambiar hábitos. Las dietas pueden fallar, pero los cambios de comportamiento duran para siempre. Se debe recordar evitar la deshidratación manteniendo una ingesta adecuada de líquidos y evitando el exceso de suplementos de gimnasio que pueden dañar el riñón.
¡Continuaremos con más Reglas de Oro cada jueves por La Web de la Salud!
#WorldKidneyDay
#OurKidneysOurPlanet
#KidneyHealthForAll
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

