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Fotos: Hilary Mendieta | Francisco Testa

En ocasión de su aniversario 25 en las letras, Medina Barahona nos ofrece He dicho nostalgias, editado por Foro/Taller Sagitario Ediciones, que dirige Enrique Jaramillo Levi, quien prologa esta trilogía compuesta por sus más reconocidos y queridos poemarios

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Entrevista por: Pedro Crenes Castro

Fotos: Hilary Mendieta | Francisco Testa


Lo de un cuarto de siglo suena pomposo, extenso, aunque uno no sabe muy bien cuál ha sido el sentido de todo, si en realidad el eco que la voz de los pies ha dejado sobre el polvo del camino tiene o tendrá algún peso perdurable, alguna forma de legado, algún diálogo vivo con alguien

Salvador Medina Barahona: 25 años de literatura

La poesía de Salvador Medina Barahona (Pedasí, 1973) acompaña, hace poso, se queda instalada en los párpados del ánimo y transforma la mirada. Poesía concreta la suya, que camina senderos con uno y devuelve alientos, es una de las más apreciadas por los lectores dentro y fuera de Panamá. Su máximo reconocimiento no solo le viene del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en poesía en el año 2009, sino de todos sus lectores, amigos, alumnos y críticos, que ven en la mirada poética del santeño una singularidad que lo ha puesto a la cabeza de una generación próspera de escritores panameños.

En ocasión de su aniversario 25 en las letras, Medina Barahona nos ofrece He dicho nostalgias, editado por Foro/Taller Sagitario Ediciones, que dirige Enrique Jaramillo Levi, quien prologa esta trilogía compuesta por sus más reconocidos y queridos poemarios: Pasaba yo por los días (Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2009), La hora de tu olvido y Viaje a la península soñada. Para celebrarlo, Viernes Cultural ha querido hacerle una pequeña entrevista, y aprovechar la ocasión para invitarlos a la presentación de este libro, que abre el año literario en Panamá por todo lo alto.

Pedro Crenes Castro: La poesía llama, toca, como en el poema de Neruda. ¿Cómo fue aquel primer destello, cuándo fue la llamada, el primer ardor? ¿Cómo recuerda Salvador Medina Barahona aquella primera vez con la poesía?

Salvador Medina Barahona: Eso que bien llamas el primer destello, la primera llamada, el primer ardor ocurrió cuando tenía 16 años, en el «Aula Navegante de Aventura 92: rumbo al Mundo Maya», la réplica histórica del cuarto viaje de Cristóbal Colón (lo que en ediciones posteriores y con distintos itinerarios se llamó Ruta Quetzal).

Aquello no se dio en verso, sino en prosa. En alta mar, en medio del Atlántico, salió una especie de ensayo poético-filosófico. Era una cosa sin oficio, que hasta un concepto de Aristóteles citado erróneamente tenía. Pero tuve la temeridad de ofrecerlo al diario de a bordo y ellos la temeridad de publicarlo, ¡qué vergüenza! Ese bodrio sin embargo estaba como informado por una fuerza inusitada, y su aliento poético venía de una suerte de ebriedad vital concitada por el mar, los puertos, la convivencia con los otros 419 adolescentes de múltiples países, con los monitores de grupo, con Miguel de la Cuadra Salcedo, el enorme aventurero español responsable de aquellas incursiones monumentales que cambiaron las vidas de muchos jóvenes.

Meses después, habiendo ya cruzado dos veces el mismo océano, acaso influido por un curso de literatura al que asistí dentro del aula, me sobrevino una fiebre de lecturas de enormes poetas: Octavio Paz («Himno entre ruinas»), recién galardonado con el Premio Nobel 1990; César Vallejo (Trilce); Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada, El hondero entusiasta), a quien has citado; Gabriela Mistral (Tala). Luego empecé a versificar con un afán libérrimo, y ya no hubo marcha atrás. En mi primer libro hay vestigios de esa primera fase. Por eso, creo, mi poesía tiene casi siempre esa vena de viaje, de travesía.

PCC: Un cuarto de siglo es un camino largo con el que uno se encuentra con muchas personas, amigos o colegas dentro del mundo literario. ¿A quién recuerda de estos años el poeta que eres, en este aniversario tan especial? ¿Con quiénes te encontraste, quiénes creyeron primero en tu vocación de poeta?

SMB: Lo de un cuarto de siglo suena pomposo, extenso, aunque uno no sabe muy bien cuál ha sido el sentido de todo, si en realidad el eco que la voz de los pies ha dejado sobre el polvo del camino tiene o tendrá algún peso perdurable, alguna forma de legado, algún diálogo vivo con alguien.

Acaso lo de los vínculos justifique un poco haber permanecido y seguir permaneciendo en esta tenacidad de habitar la escritura, a ver si ella lo habita a uno y llega así, con algo de profundidad, a los otros. Construir o integrar una familia literaria (de escritores y lectores) fue una manera de establecer relaciones fuertes y perdurables.

De los primeros años, con particular aprecio y gratitud recuerdo al poeta José Franco, quien me alentó a seguir escribiendo luego de revelarle que había concursado en el «Rogelio Sinán» en el que él había sido jurado, con un libro titulado Marcha entre espinas, que, con algunos ajustes, sería mi primer obra publicada bajo el nombre de Mundos de sombra (Fundación Cultural Signos, 1999), con un prólogo suyo muy breve.

Por supuesto, recuerdo a Enrique Jaramillo Levi, otro que creyó en mi talento, a cuyo taller de cuento asistí, y quien sería el editor de Mundos…; su entusiasmo, su a ratos pasmosa perseverancia y el lanzamiento de retos continuos me hicieron crecer, expandirme, multiplicar las opciones (escribir, editar, enseñar, difundir…).

A Changmarín y Ernesto Endara les debo acompañarme con mi segundo libro, Viaje a la península soñada (Fundación Cultural Signos, 2001), el primero como prologuista, el segundo como presentador. Y a Elsie Alvarado de Ricord la recuerdo ya no solo como la gran figura literaria y académica que fue, sino por su apoyo entrañable en un momento de dificultad en aquello de promover los versos de otros. La lista con el tiempo se hace más larga, por supuesto, y, como en la mayoría de los casos, hubo y habrá encuentros y desencuentros necesarios e inevitables.

PCC: Más allá de celebrar estos 25 años publicando, ¿qué te ha movido a hacer esta reflexión sobre tu vida literaria?

SMB: Celebro más que reflexiono, aunque la manera en que celebro implique de suyo un vehículo de reflexión. Juntar tres obras representativas de mi trabajo es una manera de mirar con nostalgia del pasado, del presente, y del futuro que seré, como individuo sensible dentro de una gesta colectiva. Supone fortalecer la conciencia de ser gota en el océano, con la prospección de hallar el océano en esa gota. Es más un asunto de revisión vital y artística, del goce ético y estético, obedeciendo antes al misterio de ser, estar y crear, o recrear, que a la razón.

Es un afecto emocionado más que una premisa filosófica inalterable. Parece también que soy un «nostálgico de islas», de esos pedazos que quedan a flote en el mar cuando todo pasa. Uno es la suma melancólica de fragmentos memoriosos: cómicos, dramáticos y trágicos. 

PCC: Publicas un libro que incluye Pasaba yo por los días, La hora de tu olvido y Viaje a la península soñada, que me acompañó y me acompaña. ¿Has hecho ajustes en los poemas o vamos a encontrar las versiones con el punto y final de cuando los escribiste?

SMB: A Pasaba… y La hora… les he dejado tal como se publicaron originalmente, salvo por la manera de distribuirlos en esta nueva obra aglutinante: cambios paratextuales que no alteran el fondo pero pueden darle otra tonalidad visual y rítmica al conjunto; pienso sobre todo en La hora…, cuya primera edición tenía ilustraciones de Armando José Díaz Rivera (Ologwagdi) y Jairo Llauradó, y mayores respiraciones, campos en blanco, silencios apuntalando la pérdida del padre.

Viaje a la península soñada sufrió recortes importantes y ajustes desde su segunda edición (van tres o cuatro), y en esta ocasión he suprimido los versos iniciales. Este es un libro que me ha pedido o permitido corrección. Neco Endara dijo que ojalá volviera «al núcleo de ese átomo prodigioso» que genera mi poesía… Y tal vez por ello lo he trasteado un poco, siguiendo con el subconsciente ese ojalá, volviendo a él entre insatisfecho y en preparación de una versión ampliada y definitiva. Ya veremos.

PCC: El título de esta recopilación de tus obras más emblemáticas es He dicho nostalgias, que parece una confirmación del plural «nostalgias», como para que nadie dude de que hay más de una nostalgia que habita o conversa con el poeta. ¿Qué es para ti la nostalgia y cuáles son esas nostalgias que evoca este título?

SMB: La nostalgia es la tristeza dulce de una sensibilidad, o su dulce tristeza; un correlato ocre del recuerdo; una atmósfera que permite la imantación no del todo racional a ciertos acontecimientos en verdad sucedidos o imaginados, o que tienen algo de ambas cosas. Las mías son nostalgias que son islas. Islas que son nostalgia. Del pasado. Del presente. (Y también) Del porvenir. Fragmentos a su imán, diría Lezama, donde el imán es la metáfora espacial y temporal del océano al que se accede montado en lascas de tierra, siendo uno mismo lasca de tierra, múltiples lascas de tierra en el imaginario personal, en el mar interior, en el que uno se mueve sobre el vaivén de unas olas enfurecidas y pegadas al lomo de un orbe mayor… Perdona el traslape de los espacios, la oscuridad. Dentro es afuera… ya sabes. Pero es que me has dejado, ahora sí, reflexionando, y con derecho al error.

PCC: Eres uno de los más considerados y respetados profesores de escritura creativa. ¿Cómo se ve desde esa perspectiva lo que está ocurriendo dentro del panorama literario panameño y sus nuevas voces?

SMB: En las aulas que tengo el honor de compartir hay gente con el «don» poético (no se confunda con un asunto elitista, por favor, pues a veces viene de una dolorosa alquimia), y varios acceden a él por vía de la praxis, de la técnica, de los detonantes, de la presión; de otro modo tal vez lo hubieran dejado pasar.

Aunque en muchos casos los dones se revelan en soledad, están estos que se descubren por exposición, y lo mejor que puede uno hacer como facilitador es propiciar las condiciones para el destello. Otros tal vez no tengan el don o, teniéndolo, no lo descubren, o no están listos para ello; pero igual se crean las bases para migrar de forma escritural (a la prosa, al pensamiento lúcido, a la crítica, a la narrativa) y eso también es importantísimo.

En el caso más conservador, el que menos obtiene crece como lector, y el ecosistema de la literatura con mayúsculas se beneficia, mantiene su alquimia colectiva, sobre todo en tiempos como los que corren, donde lo rápido, lo astuto, lo banal, lo ruidoso con pocas nueces saturan la escena, «estupidecen» el diálogo, diluyen la sangre espesa del magma emotivo.

La respuesta corta es que estoy viviendo el privilegio de ver los procesos creativos y formativos de algunos de los futuros exponentes de nuestras letras. Otros ya venían o están haciendo camino público, con libros publicados y notables participaciones. La palabra siempre encuentra a sus nuevos oficiantes, a sus relevos, y muchas veces eso ocurre en los talleres, que son ese pasillo al margen donde se ventila la trastienda individual de la escritura, que tiene mucho de ejercicio solitario.

Los talleres se constituyen en un sitio de acogida, donde los lectores «beta» se comprometen como críticos a presenciar, e incluso propiciar, el destello de los otros en cuanto creadores, y, según la ley de correspondencias, cuando esos otros han destellado, ellos, los antes lectores beta, en su turno creativo también destellan.

PCC: Publicas con Foro/taller Sagitario Ediciones, de nuestro querido Enrique Jaramillo Levi. Cuéntanos un poco sobre la relación editor/escritor y cómo ha ayudado a consolidar Enrique este proyecto de He dicho nostalgias.

SMB: Desde 1997, cuando lo conocí, nuestra relación se fue sedimentando en el respeto y la admiración mutuos, con un diálogo intergeneracional valioso. Nuestra amistad no tardó en entablarse y consolidarse, y hasta hoy sigue.

Trabajo muy bien con él, y sabe aceptar mis «no» como respuesta, que no son pocos, porque mi estamina para los proyectos no es tan potente como la suya. Enrique no solo editó mis primeros tres libros, sino que hemos sido coautores de dos, y yo he sido editor suyo.

De esta sinergia surge, ya se entiende, su ofrecimiento para publicar bajo su cuidado editorial He dicho nostalgias, que además incluye una muy generosa presentación suya. Para el caso, Enrique ha sido más entusiasta que yo, que casi me había propuesto no hacer acto de lanzamiento por diversas razones, que no vienen hoy a cuento; de hecho, lo estamos realizando con un año de retraso, aprovechando su visita, antes de que parta de vuelta a México, donde ahora reside.

Cuando apenas estaba yo viendo cómo celebrar estos 25 años, fíjate que solo hice comentarle de mi proyecto, y, tras aceptar su colaboración, en la primera oportunidad que tuvo me echó las patas afuera, como decimos en la península, en la columna de un diario local, con lo cual quedé más que comprometido. Luego me mandó, como tú ahora, una entrevista inesperada, en cuya liminar reafirmó lo de la publicación.

No conforme con eso, en estos días ofrece otra columna titulada «Dones artísticos de la poesía de Salvador Medina Barahona», en la que, triunfante, invita a la presentación de He dicho nostalgias este martes 6 de enero a las 6 de la tarde en el hall de la Universidad Panamericana, Minimall El Cangrejo, sobre la calle Eusebio A. Morales. Creo que es suficiente evidencia factual de que su apoyo para consolidar este proyecto ha sido determinante. Cosa que le agradezco muchísimo.

PCC: Recomiéndanos dos o tres poetas panameños y otros tantos a nivel internacional.

SMB: Panameños: Demetrio Fábrega (el de Libro de la mal sentada y Cuerpo amoroso), José de Jesús Martínez (panameño nacido en Nicaragua), Manuel Orestes Nieto, Elsie Alvarado de Ricord… De fuera: Roberto Sosa (hondureño), Antonio Gamoneda (español), Margarita Michelena y Octavio Paz (mexicanos), y Ocean Vuong (vietnamita-estadounidense).

PCC: ¿Un consejo para un joven poeta?

SMB: Que vaya lento pero seguro, como dice el dicho popular. Que no sucumba ante las mieles engañosas del circo mediático de las redes sociales, y que, si lo hace porque está en su destino, ofrezca calidad ante todo, estatura en el lenguaje, respeto por esa cosa hermosa e indefinible que llamamos Poesía.


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.