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Ilustración: Pedro Crenes Castro

Santiago D. Mckay, «Fray Rodrigo» para los que fueron lectores de su columna Del Panamá que se perdió, nos dejó hace ya 55 años.

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Reseña por: Pedro Crenes Castro


«Ante la pérdida de todas aquellas cosas nuestras que daban cierto realce a la nacionalidad panameña, yo quisiera saber qué tiene nuestro pueblo que ha vuelto la espalda a todo lo esencialmente nuestro, que ha olvidado todas las cosas buenas que nos hablan de tiempos mejores«

Revistas: La Sociocultural

Ya lo dice Salomón, el sabio, en el libro del Eclesiastés: «Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría», y es verdad, mirar hacia el pasado con nostalgia nubla la conciencia de las circunstancias actuales, y convierte el presente en escenario exclusivo de una suerte de lamento de lo que se fue y de lo que podríamos a ver sido, y definitivamente, eso lastra cualquier tentativa de futuro.

Dicho lo cual, es cierto que «recordar es vivir» —lo que parece más sano—, siempre y cuando, la vivencia recordada, la emoción que hace aflore, nos haga reflexionar, encortar lecciones y aplicarlas al presente para seguir caminando hacia el futuro, lo cual no solo es necesario, sino que también ofrece pedagogía para las nuevas generaciones, que aprenden de sus mayores cómo gestionar la memoria y el olvido para seguir construyendo.

Santiago D. Mckay, «Fray Rodrigo» para los que fueron lectores de su columna Del Panamá que se perdió, nos dejó hace ya 55 años. Periodista querido y respetado por sus compañeros, discípulo de Octavio Méndez Pereira y Harmodio Arias, trabajó por más de cincuenta años en el oficio, 25 de ellos en La Estrella de Panamá, donde se manejó con solvencia en el género de la crónica, legándonos una serie de artículos que son piezas del rompecabezas de la memoria que no debemos perder.

Escribió poesía y cuento. Uno de los más conocidos se hizo «viral» —cuando aquello no existía— gracias a su inclusión en Narraciones Panameñas, libro de cabecera para muchos, que aprendimos sobre la vida cotidiana del Panamá de La Guerra de los Mil Días, en el célebre Bueno es culantro pero no tanto.

Pensando en la nostalgia y sus peligros, en el olvido que estamos siendo y los usos y abusos de la memoria, me gustaría destacar un fragmento de una de las crónicas de Santiago D. Mckay, que reproduce Berta María Cabezas en el citado Narraciones Panameñas, y que pertenece a un texto sobre las fiestas del 3 de mayo: «Ante la pérdida de todas aquellas cosas nuestras que daban cierto realce a la nacionalidad panameña, yo quisiera saber qué tiene nuestro pueblo que ha vuelto la espalda a todo lo esencialmente nuestro, que ha olvidado todas las cosas buenas que nos hablan de tiempos mejores, quizá para vivir a tono con las que nos vienen de afuera y que nada dicen al espíritu recio y firme que ha distinguido a los que hemos tenido el privilegio de nacer en este Istmo, codiciado y envidiado por los que saben que aquí está la fuente de la buena fortuna, de la dulce canción y del descanso».

Hay en lo dicho por Fray Rodrigo, parte del peligro y a la vez parte de la solución: necesitamos volver a la convicción de que podemos ser protagonistas, no solo escenario, que tenemos un legado cultural que nada tiene que envidiar a los de otros y que conviene conservar como piezas necesarias del rompecabezas de la memoria.

Hemos vuelto ciertamente «la espalda a todo lo esencialmente nuestro», para ser pretendidamente universales, cuando es todo lo contrario, según dicen que dijo Tolstoi: «si quieres ser universal, escribe de tu aldea», barrio, ciudad, casa, como lo queramos llamar. Cuando nos deshacemos de quienes somos —ya lo hemos dicho—, corremos el riesgo de ser contados o cantados como nunca hemos sido.

Les recomiendo buscar El Panamá que se fue, una compilación de los textos más representativos de Santiago D. Mckay, cuya curaduría y prólogo los firma Carlos Fong. No dejen de leerlo.

Carlos dice en su prólogo: «Creo que nuestra mayor vulnerabilidad está en la indiferencia hacia el pasado y eso empobrece nuestro presente, y mientras no apreciemos el sentido de los días idos, será muy difícil que podamos construir un futuro saludable; porque los ciudadanos aprendemos a vivir en convivencia cuando respetamos y valoramos lo que fuimos, algo elemental como norma de la vida».

Estas palabras inciden en las piezas que completan el rompecabezas de nuestra identidad: memoria sin nostalgia, presente aprendido, futuro saludable.


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.