El Dr. Antonio Pérez Pérez, director de la Unidad del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y coordinador de la IV edición de Revisiones en Diabetes, abogó por un manejo temprano para evitar la evolución del paciente a estadios que comprometan su vida
Por: Violeta Villar Liste
La American Heart Association (AHA), el principal referente científico en Cardiología en Estados Unidos, produjo el 9 de octubre de 2023 un comunicado de interés público sanitario en relación con el denominado Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico (CKM, por sus siglas en inglés o CRM en español).
Definieron este síndrome “como un trastorno de salud atribuible a la relación entre la obesidad, la diabetes, la enfermedad renal crónica (ERC) y las enfermedades cardiovasculares (ECV), incluyendo la insuficiencia cardíaca, la fibrilación auricular, la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular y la arteriopatía periférica. El síndrome CKM incluye a personas con riesgo de ECV y a quienes ya la padecen”.
Este concepto ha significado una evolución del denominado Síndrome metabólico, asociado a la diabetes, y cuyo eje patológico es la resistencia a la insulina y la dislipidemia aterogénica.
En el caso del CRM, es el eje la interacción bidireccional metabólica renal y cardiovascular.
Ahora bien, ¿significa el Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico que estamos ante un nuevo paradigma para la prevención cardiovascular y renal?
El Dr. Antonio Pérez Pérez, director de la Unidad del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, explica que el CRM es el mismo concepto del Síndrome metabólico pero mejorado en cuanto a la evidencia.
Ofrece una visión más longitudinal y amplia porque evalúa la interacción entre distintos factores y enfermedades. Un aspecto central es que aporta información y lineamientos para identificar al paciente, tratarlo y predecir el diagnóstico.
“El impacto en la salud pública por la alta prevalencia de estas enfermedades, y la forma en que se combinan para afectar la salud de las personas, justificó no solo la necesidad de un término que las englobara, sino que permitiera una mejor comprensión para abordarlas”.
El Dr. Pérez Pérez fue el coordinador de la IV edición de Revisiones en Diabetes, evento académico que se celebró en Madrid con “el objetivo de ofrecer a los profesionales sanitarios, actualizaciones rigurosas y basadas en la evidencia sobre los avances terapéuticos en diabetes y otras enfermedades metabólicas, así como sobre su aplicación práctica en la práctica clínica real”.
Una de las principales conclusiones del encuentro ha sido “que la gestión de la diabetes tipo 2 debe evolucionar desde un enfoque centrado en cifras aisladas hacia una visión sistémica, capaz de frenar de forma precoz las complicaciones crónicas”.

Llegar a tiempo a la salud
El académico, quien intervino con la conferencia magistral, Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico ¿nuevo paradigma para la prevención cardiovascular y renal?, explicó a LWS que este paradigma es una invitación a generar una mayor implicación sanitaria, lograr tratamientos de consenso, evitar que el paciente llegue tarde a la salud y hacer énfasis en la prevención primaria.
El Síndrome Cardiovascular-Renal-Metabólico evoluciona a partir de cuatro estadios (Ver cuadro siguiente), entendiendo que los estadios más altos se asocian “con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y la cardiovascular”.

El Dr. Pérez Pérez advierte que “estamos ante una epidemia silenciosa, con una mortalidad exponencial, y sabemos que se puede prevenir”.
Casi la mitad de los eventos serían prevenibles “si hacemos las cosas bien”, subraya.
Esta epidemia afecta a un porcentaje mayoritario de la población. Cifras de Estados Unidos, que también reflejan la realidad mundial, señalan que más del 85% de los adultos estadounidenses cumplen con los criterios para al menos situarse en el estadio 1 y solo el 13.2% se encuentran sin factores de riesgo.
El especialista destaca que este síndrome no lo sufren solo personas mayores. Es evidente en edades tempranas, por lo cual resulta fundamenta identificar los factores de riesgo en etapas iniciales.
A tiempo, resalta, las medidas preventivas son muy eficaces y baratas. Si se espera a tener un paciente de alto riesgo, será más difícil y costosa su atención.
Síndrome CRM, afección progresiva

Durante su intervención, el especialista explicó que el síndrome CRM suele comenzar en las primeras etapas de la vida debido a exposiciones biológicas, sociales y ambientales que conducen a la acumulación de tejido adiposo excesivo y disfuncional, así como a la resistencia a la insulina.
La adiposidad es un evento clave en la comprensión del progreso de la enfermedad. De hecho, cada vez se habla menos de obesidad y más de adiposidad funcional o respuesta inflamatoria.
“El CRM comienza con un exceso de tejido adiposo disfuncional a la insulina, inflamación, estrés oxidativo y disfunción vascular.
Estos cambios deterioran la función renal, empeoran las interacciones cardiorrenales y aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular
La ERC y los problemas metabólicos aumentan aún más el riesgo de enfermedad cardiovascular”, explica el especialista.
Datos: Obesidad: las tasas se duplicaron en adultos y se cuadruplicaron en niños desde la década de 1990. Diabetes: impulsada en gran medida por la obesidad, con una tendencia creciente hacia una mayor incidencia de diabetes tipo 2 en menores de 18 años. Hipertensión arterial: las tasas nacionales de control de la presión arterial han disminuido en muchas poblaciones durante la última década.
Implicaciones clínicas y de salud pública
El Dr. Pérez Pérez reitera que no se trata solo detener el avance sino de revertir a los pacientes a etapas inferiores mediante cambios en el estilo de vida.
Se estima que solo en el estadio 2 se encuentra el 53.1% de la población. Lograr que reviertan al estadio 1 antes de alcanzar el umbral de la etapa 3 ayudaría a bajar la carga de la enfermedad.
Aboga por un enfoque holístico que trate el síndrome, y no solo el órgano, con un manejo simultáneo y agresivo de lípidos, presión arterial y glucosa.
Hay indicadores que demuestran el impacto temprano del síndrome. De hecho, ya hay indicaciones en Pediatría de cribado de obesidad para niños de más de 3 años y de lípidos en población de 9 a 11 años, situados en el estadio 1.
Estas orientaciones implican cambios en el enfoque tradicional. De un diagnóstico basado en cumplir 3 o más criterios aislados (ver cuadro: Criterios tradicionales) se entiende que el trastorno es atribuible a la interacción entre obesidad, diabetes, enfermedad renal crónica (ERC) y enfermedad cardiovascular (ECV).
“No es un proceso estático, sino un continuo con varios estadios que busca integrar estas interrelaciones entre los factores de riesgo metabólicos y el daño renal y cardiovascular”.
Es decir, destaca el especialista, ya no hablamos de factores aislados, sino de un sistema progresivo de daño multiorgánico.

La evidencia científica demuestra que estas enfermedades no ocurren de manera aislada: están interconectadas y se retroalimentan.
Esta misma realidad amerita un enfoque más integral de prevención y tratamiento, considerando la salud cardiovascular, renal y metabólica como un todo, enfatiza el Dr. Pérez Pérez.
Una hoja de ruta para la próxima década
El cierre de Revisiones en Diabetes 2026 concluyó que “la diabetes tipo 2 no admite estrategias pasivas. El sistema sanitario cuenta con la infraestructura necesaria, pero requiere un cambio de mentalidad. La detección precoz y la personalización del tratamiento son las únicas herramientas capaces de evitar que el paciente llegue tarde a terapias que podrían haber evitado una tragedia cardiovascular o renal”.
«Romper la inercia terapéutica no es una opción técnica, es una necesidad ética», dijo el Dr Pérez.
“No podemos permitir que la diabetes siga restando años y calidad de vida por falta de una acción coordinada y temprana».
Por: Violeta Villar Liste | [email protected]

