Docente de la Universidad de Panamá y estudiante de doctorado en la Universidad de Valparaíso en Chile, su línea de investigación busca identificar y caracterizar moduladores de canales iónicos con potencial de relevancia terapéutica. Espera contribuir al ecosistema de la ciencia regional con colaboraciones entre Panamá, Chile y otros países. A los jóvenes los anima a escuchar su voz interior y al país, a cuidar la educación pública e invertir en ciencia
Por: Violeta Villar Liste
El profesor César Abdiel Amaya Rodríguez nació en Colón, es docente de la Universidad de Panamá (UP) y cursa su Doctorado en Ciencias, Mención Biofísica y Biología Computacional, en la Universidad de Valparaíso (Chile).
Es reconocido en Chile por su trabajo en Neurociencia y Biofísica. La Universidad de Valparaíso (UV) celebra sus logros y siempre resalta su origen panameño.
“De Panamá a Chile: César Amaya, primer científico de la provincia de Colón en obtener un Magíster en Neurociencias”, fue el título con el cual la institución destacó el primer posgrado obtenido por el científico panameño en la prestigiosa institución, bajo la tutoría de la doctora Karen Castillo.
“Graduado en Biología con especialización en Fisiología y Comportamiento Animal de la Universidad de Panamá, Amaya buscó nuevos desafíos más allá de las fronteras de su país. Siguiendo su particular interés por el estudio de los canales iónicos, en 2022 ingresó al Programa de Magíster en Ciencias Biológicas, mención Neurociencias, en la Universidad de Valparaíso, graduándose con distinción máxima dos años después”, describen.
Una beca de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y otra de la Universidad de Valparaíso, le permitieron cursar la maestría.
Ahora, como estudiante del Doctorado en Ciencias, con mención en Biofísica y Biología Computacional de la UV, lleva otra alegría a su casa académica chilena y, por supuesto, a Panamá: la Biophysical Society, la principal organización internacional en este campo, lo ha citado en su primer boletín mensual del año 2026 como estudiante destacado.
Que la Sociedad de Biofísica de Estados Unidos, de la cual es miembro desde 2024, considerara su trayectoria es un gran logro.
La UV informó que por primera vez uno de sus estudiantes de posgrado merecía este honor.
En la entrevista para el boletín de la Biophysical Society le hicieron varias preguntas, entre otras, qué esperaba lograr en su carrera. Su respuesta la compartió en la entrevista para el medio de la UV y aquí la citamos porque es muy inspiradora:
Respondí, dijo a la periodista Pamela Simonetti de la UV, que uno de mis principales objetivos es convertirme en investigador independiente una vez finalizado el doctorado. Y en ese camino tengo un sueño: volver a Panamá y contribuir a crear, o ayudar a levantar, según se den las condiciones, el primer Laboratorio de Electrofisiología de canales iónicos del país. La idea es hacer ciencia de alto nivel en Panamá y desde Panamá”.
Los canales iónicos son proteínas especializadas que se encuentran en las membranas de las células, «ampliamente distribuidos en distintos tipos de neuronas y cumplen un rol central en la comunicación neuronal (por algo se les llama canales) y en múltiples procesos funcionales del sistema nervioso”.
En entrevista con LWS, el científico dijo que considera estratégico crear múltiples laboratorios y centros de investigación integrales, para el desarrollo de disciplinas como la biofísica de canales iónicos, la neurociencia y la farmacología, lo cual “permitiría abordar enfermedades desde diferentes niveles y perspectivas”.

Lograrlo pasa por una condición: debe el Estado aumentar la inversión en ciencia y tecnología, “de modo que fomente un ecosistema más heterogéneo, se consolide una masa crítica de conocimiento y autonomía científica en diversas áreas”, subrayó.

Otro exhorto del científico es a cuidar la educación pública y a las universidades públicas, el camino para lograr que muchos jóvenes puedan desarrollar sus capacidades en el país y en el exterior.
Pasión por los canales iónicos
Los campos de interés del profesor César Abdiel Amaya Rodríguez son convergentes: Biología, Neurociencias, Biofísica y Biología Computacional, que “parecen áreas distintas” pero “en realidad están íntimamente conectadas”, explica el científico, cuya línea de investigación busca identificar y caracterizar moduladores de canales iónicos con potencial relevancia terapéutica.
Su interés surgió en la carrera de Biología de la Universidad de Panamá (UP) y lo llevó a desarrollar su tesis de grado en esa línea. Le permitió darse cuenta “que en Panamá no existían laboratorios dedicados al estudio de canales iónicos”. Además, “el desarrollo de esta área estaba limitado, de manera principal por la falta de especialistas e infraestructuras en el país”.
Esta razón lo anima a estudiar la Maestría en Neurociencias en la Universidad de Valparaíso.
“El programa contaba con un componente muy sólido en Electrofisiología, la rama que permite estudiar de manera directa los canales iónicos”.
La guía de la Dra. Karen Castillo, del Magíster en Neurociencias de la UV, fue fundamental para ingresar al programa.
En este periodo también trabajó en el laboratorio del bioquímico chileno Ramón Latorre, Premio Nacional de Ciencias e investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencias de Valparaíso (CINV UV), miembro de la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos, una figura reconocida en el ámbito de la ciencia regional y referente mundial en el campo que apasiona al profesor panameño: los canales iónicos.
El siguiente peldaño fue ingresar al programa de Doctorado en Ciencias en Biofísica y Biología Computacional, “para profundizar aún más en el estudio de estas proteínas a nivel mecanístico”.
Los canales iónicos permiten el paso de iones cargados eléctricamente, lo cual genera una corriente que puede medirse experimentalmente, explica.
“El enfoque biofísico es fundamental para comprender su funcionamiento y su regulación”.
La Biología Computacional es otra disciplina al servicio de su investigación, al abarcar “el uso de herramientas como el acoplamiento y la dinámica moleculares que permiten predecir cómo distintos compuestos interactúan con los canales iónicos. Estas predicciones luego se validan experimentalmente mediante electrofisiología con la técnica del patch clamp, que permite medir la actividad eléctrica de neuronas y canales iónicos, metodología que utilizo en mis investigaciones”.
Chile, país pionero

-¿Por qué Chile y cómo ha aportado esta experiencia al intercambio entre ambos países?
–Chile es uno de los países pioneros en el campo de la neurociencia a nivel mundial, desde los primeros experimentos con el axón celular del calamar gigante hasta los avances en la comprensión de los canales iónicos en Montemar, Valparaíso. Este país ha tenido un papel destacado en el desarrollo de esta disciplina.
Esta tradición científica y el conocimiento generado me motivó a elegir Chile para desarrollar mi formación como científico.
Destaca el intercambio cultural e intelectual de primer nivel en los centros de investigación chilenos, experiencia que le ha resultado muy enriquecedora: “La diversidad de nacionalidades y de pensamiento contribuyen a generar discusiones e ideas que potencian el nivel del pensamiento científico”.
Estudio del dolor y los canales iónicos
El investigador panameño destaca su interés científico “en el estudio de los canales iónicos y su rol en la excitabilidad celular”.
En este ámbito, el dolor es un área de especial interés. “Representa un modelo fisiológico bastante interesante porque depende de manera directa de la activación y modulación de los canales iónicos expresados en las neuronas sensoriales”.
-¿Cuáles fueron los resultados más destacados de su tesis de maestría sobre el potencial efecto analgésico del bisfosfonato ácido zoledrónico, asociado a la modulación del canal TRPV1? ¿Cómo podría esta investigación aportar nuevas esperanzas para el manejo del dolor?
–En mi tesis de maestría (próxima a publicarse) estudiamos cómo el ácido zoledrónico, un fármaco ya utilizado en otras patologías y aprobado por la FDA pero no reconocido como un analgésico, puede modular la actividad del canal TRPV1, uno de los sustratos moleculares que da inicio a la respuesta del dolor. La evidencia experimental indica que la administración de ácido zoledrónico en modelos conductuales produce un efecto analgésico, debido a la inhibición del canal TRPV1, uno de los canales iónicos implicados en la modulación del dolor”.
La activación del canal TRPV1 “ocurre por temperaturas cercanas a 42 °C y por compuestos como la capsaicina, sustancia activa del picante. Por ello, al consumir salsas muy picantes o un saus hecho en Colón experimentamos una sensación de ardor y de dolor, seguida de un adormecimiento en los labios. Este efecto se debe al cierre posterior del canal iónico, lo que genera una respuesta analgésica”.
Explica que los resultados de su investigación no constituyen un tratamiento clínico, “pero sí aborda evidencia básica que abre la posibilidad de explorar nuevas alternativas terapéuticas para modular el dolor desde un enfoque molecular lo que podría ser relevante para futuras investigaciones de analgesia”.
Cabe destacar, recuerda, que el dolor es la principal causa de consulta médica y conlleva un alto costo económico y social, en todo el mundo.
“Los opioides han sido utilizados durante décadas para el tratamiento del dolor, sin embargo, su uso prolongado puede desencadenar efectos secundarios graves, como trastornos mentales y la adicción. Un ejemplo claro de los peligros asociados al uso indiscriminado de opioides es la crisis que actualmente enfrenta Estados Unidos debido al abuso del fentanilo, un potente opioide sintético”.
-¿Por qué a la ciencia le ha resultado tan complejo conseguir “la cura” definitiva al dolor?
-El dolor no es solo una enfermedad, sino un fenómeno complejo y diverso. Debemos saber que existen distintos tipos de dolor: inflamatorio, neuropático, nociceptivo y cada uno involucra múltiples mecanismos celulares y moleculares diferentes.
Además, el dolor cumple una función biológica importante como señal de alerta. Por eso eliminarlo completamente sin afectar otras funciones normales del organismo es un desafío enorme para la ciencia. Hoy, el enfoque no es una cura única como tal sino tratamientos más específicos y personalizados, basados en comprender mejor los mecanismos subyacentes.
-¿Cuáles han sido los avances más significativos de la ciencia en el manejo del dolor?
-Uno de los avances más relevantes ha sido la identificación de los sustratos moleculares que dan inicio a la respuesta del dolor como los canales iónicos y receptores. Por ejemplo, el descubrimiento del canal TRPV1, ocurrió hace 29 años. Esto ha abierto el camino para comprender su mecanismo molecular, así como el de otras proteínas recientemente caracterizadas involucradas en el dolor.
Desde la ciencia básica, se ha avanzado con la descripción estructural y funcional de estos canales lo que ha permitido comprender cómo responden a diversos estímulos físicos y químicos. Este conocimiento representa la base para el desarrollo de estrategias terapéuticas más selectivas.
Estudio biofísico y fisiológico de los canales iónicos

En relación con su tesis doctoral, explica que “se enfoca en el estudio biofísico y fisiológico de los canales iónicos utilizando técnicas de electrofisiología como patch clamp y sistemas de expresión heteróloga”.
Si bien continúa con técnicas similares a las empleadas en la maestría, el enfoque actual es más profundo y detallado.
“Dado que muchos procesos fisiológicos, incluido el dolor, dependen de la actividad de estos canales esta línea de investigación aporta conocimiento fundamental que puede aplicarse a diversos contextos biomédicos, no exclusivamente el dolor”.
-¿Cómo lograr que esta investigación se traslade a la vida real en beneficio del paciente?
–Es un gran desafío. La transferencia del conocimiento desde la ciencia básica hacia la aplicación clínica es un proceso progresivo que puede tomar décadas. Sin embargo, es fundamental comprender con precisión los mecanismos moleculares involucrados; validar estos hallazgos en modelos experimentales más complejos y luego realizar los ensayos clínicos.
En este contexto, afirma, mi rol como investigador es generar evidencia mecanicista sólida, para ser utilizada por un equipo interdisciplinario que nos permita desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. La clave está en la colaboración y en la continuidad de la investigación.
Investigación al servicio de Panamá, en alianza con Chile

-¿Cómo se pueden incorporar estos hallazgos a las investigaciones de instituciones panameñas como el Indicasat AIP o el Centro Regional de Innovación en Vacunas y Biofármacos (CRIVB AIP) e incluso en alianza con los pares chilenos crear estudios y soluciones conjuntas?
–Hoy en día Panamá cuenta con instituciones con potencial para desarrollar investigaciones biomédicas de alto nivel. Es importante la sinergia entre las universidades como la Universidad de Panamá y otros centros de investigación como las AIP, que permitan integrar capacidades en ciencia básica, formación de capital humano avanzado y desarrollo aplicado.
«Mis líneas de investigación pueden contribuir a ese ecosistema mediante colaboraciones nacionales e internacionales, incluyendo alianzas con grupos de Chile y otros países de la región. Si entendemos que en Latinoamérica el presupuesto en ciencia de casi todos los países no cumple con lo recomendado por la UNESCO de 1% del PIB, hacer ciencia desde esta región es más complicado, pero no imposible. Por ello, la colaboración entre instituciones del mismo país y de la región es fundamental”.
El rol fundamental de la educación pública
Como docente e investigador, a la juventud panameña, y a quien lea estas líneas, anima a escuchar su voz interior, aquella capaz de guiar sus intereses y aspiraciones a largo plazo. Pensar «cómo se visualizan y quieren llegar a ser”.
“Esa proyección debe ir siempre acompañada de pasión y compromiso. Por eso, mi consejo es que no tengan miedo de intentarlo incluso cuando el apoyo sea limitado o si otros dudan de que sea posible. Puede ser hasta poético, pero es necesario decirlo: debemos encontrar y reconocer nuestras inspiraciones. No necesitamos que todos sigan el mismo camino, sino tener personas comprometidas y apasionadas con lo que hacen porque esa pasión permite llegar muy lejos y construir una mejor sociedad”.
Exhorta a tener compromiso. “Ser disciplinado, organizado y definir las metas a corto, mediano y largo plazo; es fundamental y clave para avanzar. No se trata solo de talento sino de constancia y esfuerzo sostenido”.
Un reconocimiento especial se lo dedica a la educación pública: sin ella, “difícilmente, habría podido aspirar a una formación profesional y académica como la he tenido”.
Pide “cuidar a las universidades públicas y la educación gratuita” porque este modelo pone en manos de la juventud herramientas fundamentales en el desarrollo de su potencial y le permite «proyectarse más allá de nuestras fronteras”.
Por: Violeta Villar Liste | [email protected]

