A menudo, la gente piensa que la presión alta es un problema exclusivo del corazón, pero la realidad es que el riñón y la presión arterial viven en un matrimonio indisoluble
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
En el marco del Día Mundial del Riñón 2026, nos unimos a una campaña global que busca reducir el impacto de la enfermedad renal en todo el mundo.
Esta iniciativa se basa en las famosas 8 Reglas de Oro, un decálogo de hábitos sencillos pero poderosos que pueden prevenir el fallo de estos órganos vitales.
Las reglas incluyen mantenerse en forma y activo, llevar un control regular de los niveles de azúcar, monitorear la presión arterial, comer sano y mantener el peso bajo control, mantener una ingesta de líquidos saludable, no fumar, no automedicarse con analgésicos y realizarse un chequeo de la función renal si se tienen factores de riesgo.
La importancia de este día en 2026 radica en que, tras años de retos sanitarios globales, hemos entendido que la salud preventiva es la única vía para evitar que los sistemas de salud colapsen y que las personas pierdan su calidad de vida a edades tempranas.
Tercera Regla de Oro: Controle su presión arterial

A menudo, la gente piensa que la presión alta es un problema exclusivo del corazón, pero la realidad es que el riñón y la presión arterial viven en un matrimonio indisoluble. El riñón ayuda a regular la presión y, a su vez, una presión alta destruye los filtros del riñón.
La hipertensión es conocida como el «asesino silencioso» porque no suele presentar síntomas evidentes hasta que el daño en los órganos ya es severo. Por ello, entender cómo medirla, cómo controlarla y qué impacto tiene en nuestra sociedad es fundamental para cualquier estudiante o ciudadano responsable.
A nivel global, la hipertensión arterial es una auténtica pandemia no transmisible. Se estima que en el mundo existen más de 1,280 millones de adultos de entre 30 y 79 años que padecen hipertensión, y lo más alarmante es que casi la mitad de ellos ni siquiera saben que la tienen.
En Latinoamérica, las cifras son preocupantes, ya que la prevalencia alcanza a cerca del 30% al 40% de la población adulta.
La mortalidad asociada a la presión alta es devastadora; es el principal factor de riesgo para muertes por enfermedades cardiovasculares. En cuanto a la morbilidad, la hipertensión no solo mata, sino que discapacita.
Es la responsable de millones de casos de insuficiencia cardíaca y pérdida de la visión, generando una carga económica y social enorme para las familias y los países latinoamericanos, donde el acceso a tratamientos de alta complejidad como la diálisis es limitado.
Medición correcta de la presión arterial

Para diagnosticar y vigilar esta condición, debemos saber cómo se revisa la presión correctamente. No basta con una toma aislada cuando nos sentimos nerviosos.
La técnica correcta implica estar sentado, con la espalda apoyada, los pies sobre el suelo sin cruzar las piernas y el brazo a la altura del corazón, habiendo reposado al menos cinco minutos en silencio. Se debe evitar el café, el ejercicio o el tabaco treinta minutos antes de la medición.
En cuanto a las poblaciones, todo adulto mayor de 18 años debe conocer sus cifras de presión arterial. Si tu presión es normal (menor a 120/80 mmHg), una revisión anual es suficiente durante los chequeos de rutina. Sin embargo, si tienes factores de riesgo como obesidad, diabetes o antecedentes familiares, la revisión debe ser al menos cada seis meses o según lo indique el médico.
Para quienes ya son hipertensos, el automonitoreo en casa varias veces por semana es la mejor forma de asegurar que el tratamiento está funcionando.
Complicaciones de la presión elevada

Las enfermedades derivadas de una presión descontrolada son graves y transforman la vida por completo. El daño más directo ocurre en las arterias, que se vuelven rígidas y estrechas.
En el riñón, esto causa la nefropatía hipertensiva, donde el órgano pierde su capacidad de filtrar toxinas y el paciente termina necesitando diálisis o un trasplante.
En el corazón, la presión alta es la causa principal de los infartos de miocardio, ya que el músculo cardíaco se esfuerza tanto que termina fallando o sus arterias se bloquean.
Asimismo, es el mayor factor de riesgo para la enfermedad cerebrovascular (derrame cerebral), que puede dejar secuelas permanentes como parálisis o pérdida del habla. Es un efecto dominó donde el primer golpe lo da una presión que no fue vigilada a tiempo.
Para los pacientes que ya han sido diagnosticados, el consejo más importante es la adherencia al tratamiento. Los medicamentos para la presión no son «por un ratito» ni «solo cuando me duele la cabeza»; son generalmente para toda la vida. Deben tomarse todos los días de la semana, sin falta, preferiblemente a la misma hora para mantener niveles estables en la sangre. Muchas personas prefieren tomarlos por la mañana para crear un hábito junto al desayuno, pero algunos médicos recomiendan tomas nocturnas según el caso específico; lo vital es no saltarse ninguna dosis.
Una excelente recomendación para mejorar la toma es utilizar pastilleros organizadores por días y activar alarmas en el celular. Si olvidas una dosis, no tomes doble la siguiente vez; simplemente retoma tu horario habitual y consulta a tu médico.
En conclusión, cuidar tu presión arterial es, literalmente, cuidar tu vida y tu libertad. No podemos permitir que una cifra que es fácil de medir y tratar se convierta en una discapacidad permanente. La importancia de este control radica en que la prevención es mucho más sencilla y barata que tratar las complicaciones.
Para mantener una presión saludable debemos hacer modificaciones en el estilo de vida de manera permanente: reduce el consumo de sal (quita el salero de la mesa), camina al menos 30 minutos diarios, mantén un peso adecuado y aprende a gestionar el estrés. Si eres joven, empieza hoy; si eres adulto, nunca es tarde para tomar el control. Recuerda que tus riñones y tu corazón te agradecerán cada decisión saludable que tomes hoy.
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI

