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Panamá tiene la oportunidad de mirar estos aprendizajes no desde la distancia, sino como una guía para fortalecer su sistema de salud, poniendo siempre en el centro a la persona, la ciencia y la solidaridad humana

Por: Dr. José Domingo de Obaldía Henríquez

El autor es médico panameño, residente en Israel. Es especialista en Neurología vascular

Ejercer la medicina fuera del país de origen siempre representa un desafío profesional y humano. Hacerlo en Israel, una nación donde la salud, la ciencia y la preparación ante emergencias forman parte de la vida cotidiana, marca profundamente la manera de entender el ejercicio médico. Para quienes hemos tenido la oportunidad de formarnos en este sistema, la experiencia va más allá del aprendizaje clínico: se convierte en una escuela de resiliencia, ética y compromiso con la vida.

Llegué a Israel en 2021 para iniciar mi residencia en Neurología en el Rabin Medical Center – Beilinson, como parte de un programa de cooperación académica entre Panamá e Israel, con apoyo estatal y científico. Desde el inicio, comprendí que el sistema de salud israelí se caracteriza por una preparación constante ante escenarios de crisis. El sistema que conocí esta relacionado con una cultura de prevención, organización y respuesta temprana que involucra a todo el personal sanitario.

El 7 de octubre: cuando la medicina se enfrenta a lo inimaginable

Los acontecimientos del 7 de octubre marcaron un antes y un después en mi vida profesional. Desde las primeras horas de ese sábado, los hospitales del país activaron protocolos de emergencia a gran escala. En cuestión de horas, el sistema de salud pasó de la rutina clínica a la atención masiva de víctimas de un evento violento sin precedentes recientes.

Como médicos especialistas, estamos entrenados para diagnosticar, tratar y salvar vidas. Sin embargo, existe una diferencia profunda entre atender enfermedades neurológicas y recibir pacientes que han sido víctimas directas de actos inhumanos.

La carga emocional fue intensa, no solo para mí, sino para todo el personal sanitario: médicos, enfermeras, técnicos, personal administrativo y de apoyo.

En el hospital no existen divisiones religiosas ni políticas. Trabajamos profesionales judíos, árabes, cristianos y de múltiples nacionalidades. En ese contexto, la misión es una sola: atender al ser humano que sufre.

Pacientes israelíes y extranjeros, incluidos trabajadores migrantes que fueron heridos o posteriormente liberados del cautiverio, recibieron atención con el mismo compromiso y dignidad. La medicina, en ese momento, se convirtió en un lenguaje universal.

Ética médica y vocación: decidir quedarse

Durante los primeros días del conflicto, el gobierno panameño facilitó la evacuación de sus ciudadanos por razones de seguridad. Fue una decisión responsable y necesaria. Sin embargo, tanto mis colegas panameños como yo tomamos la decisión consciente de permanecer en Israel y continuar trabajando en nuestros hospitales.

No fue una decisión heroica, sino ética. Los hospitales israelíes nos habían abierto sus puertas para formarnos como especialistas, y abandonar nuestro puesto en el momento de mayor necesidad no era una opción.

Durante varios días, las jornadas fueron extensas y continuas, superando incluso los esquemas habituales de turnos, adaptados de manera excepcional a la magnitud de la crisis.

Esa entrega fue reconocida institucionalmente, pero más allá de cualquier condecoración, el verdadero reconocimiento fue saber que cada hora de trabajo representaba una oportunidad para aliviar el dolor de otro ser humano.

¿Qué puede aprender Panamá de esta experiencia?

Panamá cuenta con un recurso humano médico altamente valioso. Nuestros médicos, internos y residentes demuestran diariamente compromiso, capacidad de trabajo y vocación de servicio. Sin embargo, existen aprendizajes clave que pueden fortalecer nuestro sistema de salud.

El primero es la inversión sostenida en ciencia, tecnología e investigación.

En Israel, la investigación médica no es opcional; forma parte del ejercicio profesional. Cada hospital público integra la asistencia clínica con el desarrollo científico, lo que se traduce en innovación constante y mejora en la atención al paciente.

El segundo aprendizaje es la centralidad del factor humano. La tecnología es fundamental, pero nunca sustituye la empatía, el trabajo en equipo y la ética profesional. Durante la guerra, el sistema de salud israelí demostró que incluso en condiciones extremas es posible mantener la dignidad del paciente como eje central de la atención.

Finalmente, Panamá puede fortalecer los programas de formación internacional, promoviendo la bilateralidad académica y el retorno del conocimiento. Los médicos que se forman en el extranjero regresan al sistema público con nuevas herramientas, visión global y capacidad de liderazgo.

Una experiencia que transforma

Formarse como médico especialista en Israel implica aprender un nuevo idioma, adaptarse a una cultura distinta y enfrentarse a altos estándares académicos y clínicos. Es un proceso exigente, pero profundamente enriquecedor. Atender pacientes en hebreo, convivir con múltiples culturas y trabajar con tecnología de primer nivel amplía la perspectiva profesional y humana.

Hoy comprendo que las experiencias difíciles, incluso aquellas que marcan por el dolor, se convierten en capital humano y profesional para el futuro. La medicina no solo se aprende en libros o aulas, sino también en los momentos donde la vocación es puesta a prueba.

Panamá tiene la oportunidad de mirar estos aprendizajes no desde la distancia, sino como una guía para fortalecer su sistema de salud, poniendo siempre en el centro a la persona, la ciencia y la solidaridad humana.

Por: Dr. José Domingo de Obaldía Henríquez