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“De pronto se vieron destituidos de sus derechos, estigmatizados y señalados en un juicio sumario, si el resto de los habitantes no reaccionó ante las primeras muestras de intolerancia, esto ha debido alarmarlos, pero aquella indiferencia funcionó como un acto de segregación. El plan de exterminio del nazismo obraba así como la ejecución del dictamen de aquel juicio silencioso”

Por: Nelson Rivera, director del Papel Literario del diario El Nacional

Amigos lectores:

I.

“El 6 de junio, día del desembarco de Normandía, Ana Frank escribe en su diario: “El anexo es un volcán en erupción. ¿Se acerca de verdad esa libertad largamente suspirada?”. La liberación llegaría para ella en un lento suspiro de agonía, ocho meses después, en el campo de concentración de Bergen-Belsen. El 4 de agosto (1944) La Gestapo irrumpe en el anexo y arresta a todos sus huéspedes: la familia de Ana, compuesta por sus padres y la hermana mayor, otra familia, los Van Daan, padres y un hijo, y Albert Dussel —Pfeffer es su verdadero apellido, Ana lo sustituye en el diario por este apodo: borracho, en alemán—, un dentista amigo incorporado al refugio cuatro meses después. Habían vivido en aquella ratonera desde el 6 de julio de 1942: 25 meses menos dos días”.

II.

Así arranca Ana Frank y los testigos del futuro, el ensayo de Miguel Ángel Campos que ocupa las tres primeras páginas de esta edición. Corresponde recordar que el 27 de enero es el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido por la Asamblea de las Naciones Unidas en 2005 (la selección de la fecha tiene un fundamento histórico: fue el 27 de enero de 1945, cuando las tropas soviéticas llegaron y liberaron al campo de concentración de Auschwitz). Previamente -año 2002-, el Consejo de Europa -promotor de la iniciativa-, había creado la jornada para la Conmemoración del Holocausto y la Prevención de Crímenes contra la Humanidad.

III.

Nosotros los salvados, libro crucial de Jacqueline Goldberg, apareció en 2013 (¿o en 2014?). A partir de entrevistas a supervivientes de la Shoá que viven en Venezuela (quizá alguno haya fallecido en estos años), la poeta realiza un excepcional ejercicio de “poesía documental”. Escribe: “No son míos estos poemas. Vienen de voces tomadas, recuperadas, usurpadas. Sus autores huyeron de una masacre, son sobrevivientes, salvados, testigos, revividos. Soy apenas transcriptora, escucha en lo cóncavo de su dolor, su memoria, su decir, su olvido. Si acaso, abrevio los muñones de una fragilidad y propongo una versificación, algunas comas, ciertos espacios”. Documentar la poesía de los salvados, el texto que presenta y explica su libro, viene en la parte inferior de la página 4.

IV.

Flavio Fiorani, reputado historiador -reconocido especialista en la II Guerra Mundial-, tradujo al italiano: Noi, i salvati, publicado por la editorial Valigie Rosse en 2024. En la parte superior de la página 4 reproducimos el epílogo de Fiorani a la mencionada edición: “Extraer el núcleo duro y trágico de materiales audiovisuales –uno de los cánones de la memoria de la Shoá– poetizando la palabra de los sobrevivientes y así darnos otra idea de la “ofensa” sufrida, engarza con la idea de que la escritura tiene la obligación de ir a contrapelo de los consabidos rituales del recuerdo. No de otra manera la palabra se torna una cosa viva, directa, no ritual».

V.

El 18 de noviembre, en la web de SIC, histórica revista del Centro Gumilla, apareció Un destello silencioso, de Germán Briceño Colmenares. El artículo, que reproducimos con la autorización debida, recapitula la tragedia de Hiroshima y Nagasaki: “Hacia finales de 1945 y comienzos de 1946, poco después de aquel fatídico agosto de 1945, hace ahora ochenta años, en que fueron lanzadas las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, John Hersey, corresponsal de guerra de las revistas Time y Life, que había descrito con lujo de detalles la cruenta batalla de Guadalcanal -en la que tuvo que desempeñarse como camillero dada la abundancia de heridos y la escasez de personal- y el desembarco aliado en las costas de Sicilia -sobreviviendo milagrosamente a cuatro accidentes de avión-, en sendas novelas publicadas en 1943 y 1944, se encontraba en Japón informando para The New Yorker sobre la reconstrucción del país, cuando se topó con la historia de un misionero jesuita alemán que había sobrevivido al bombardeo de Hiroshima”. Y sigue. Páginas 5 y 6.

VI.

En las páginas 7 y 8 se despliega El cerebro y el arte de leer y escribir, del académico Miguel Ángel Escotet, profesor emérito de la Universidad de Texas. Dice el autor, en su texto de firme voluntad pedagógica: “A diferencia de la adquisición del lenguaje, que se desarrolla naturalmente a través de la exposición en la primera infancia, la lectura es una habilidad cognitiva compleja que debe enseñarse explícitamente. Requiere integrar procesos visuales, auditivos y lingüísticos para decodificar símbolos tanto en su aspecto sonoro como en su significado. La cuestión central en la neurociencia de la lectura es cómo un cerebro que evolucionó durante milenios para resolver problemas de supervivencia en un mundo natural puede aprender con tanta facilidad a procesar un sistema simbólico creado por el ser humano. La respuesta radica en la notable plasticidad del cerebro y en su capacidad para reutilizar redes neuronales preexistentes”.

VII.

“Yo creo que la figura del escritor es una figura híbrida o puente, porque no sólo une con sus dedos, manos, brazos, la superficie de la mesa y su propio cuerpo con el teclado, y por tanto con la informática y con internet, sino que, además, aunque publique en revistas en línea o posts en las redes sociales, sobre todo sigue creyendo en la importancia de publicar libros físicos, en papel. Por tanto, en su cuerpo y en su mente hay implícito un equilibrio entre ambos mundos, el analógico y el virtual. Creo que debe defenderlo”. Habla Jorge Carrión, Doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra, narrador, ensayista y cronista, entrevistado por Claudia Cavallin“El futuro se entreteje desde una voz femenina” viene en la página 9.

VIII.

La página 10 reúne tres columnas:

Ruth Capriles suma una entrega más -la octava- a su Serie de Ensayos Morales. Escribe en La esperanza: “La esperanza es un vicio cuando hay tanta confianza en la realización del deseo que se deja a otros el efectuarlo, por arte de magia o de fuerza, por voluntad divina o de agente exterior. Dios proveerá.

Poner la esperanza en otro es una apuesta riesgosa, es como dejar el sueño atrapado junto con la esperanza en la jarra de Pandora; su distribución dependerá siempre del capricho de Zeus”.

-La entrega de Nota al margen, columna de Keila Vall De La Ville, se titula La realidad invisible. La consternación histórica y sus formas subversivas: “Según la autora fundamental Nathalie Sarraute (1900-1999) para el escritor la realidad es lo que nadie ve, y la forma es el movimiento a través del cual esa realidad invisible y desconocida, se hace visible. Cambia la realidad, cambia la forma en que es visibilizada”.

Roger Vilain escribe sobre Verdades alteradas, de Boris Izaguirre, en su columna Café del día: “Ato cabos, leo, avanzo con el libro, y cuanto mi hija ha dicho por el chat gana carnadura. Las verdades alteradas de Boris Izaguirre agarran por el cuello al mundo posmoderno, donde casi todo cabe, donde sobra cierta realidad, y lo contrasta con el día a día del ser moderno, razonado, planchado, muy bien cuadriculado”.

IX.

Hasta aquí estas notas de presentación, inseparables de mis buenos deseos para todos.

                    Nelson Rivera.