Esta ingeniera química, docente e investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha convertido su pasión hacia la ciencia en una vía para conciliar el desarrollo económico con la protección del planeta
Por: Mayka Sánchez

La autora es periodista y editora. Redactora especializada en salud y cultura
Como mujer de ciencia, la ingeniera química Asunción Quintanilla se sitúa de pleno en la innovación tecnológica al centrarse en el desarrollo de tecnologías químicas sostenibles para dar respuesta a problemas de repercusión social e industrial, lo cual se traduce en la gestión de residuos y el uso de energías limpias.
Sus líneas de investigación están dedicadas al tratamiento y la valorización de los microplásticos, un problema de contaminación emergente y de impacto.
La otra línea se centra en el transporte y almacenamiento seguro de hidrógeno, considerado un vector energético limpio con un papel clave en el futuro sistema energético, y es el origen de hydroformic, “una tecnología para transportar hidrógeno de forma segura”, proyecto innovador que lidera junto a su equipo y es ejemplo de conocimiento y transferencia.
El camino que la consiguió con la Ingeniería Química

“Mi encuentro con la Ingeniería Química fue bastante casual”, explica quien es investigadora y profesora titular del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
“En bachillerato me gustaba mucho la química, especialmente la parte relacionada con las reacciones. Cuando llegó el momento de elegir carrera, descubrí la Ingeniería Química, que en aquel momento era una titulación nueva en Madrid. Me llamó mucho la atención porque me pareció una combinación de química y tecnología, y decidí probarla. De hecho, me he especializado en ingeniería de reacciones químicas y es el campo donde desarrollo mi investigación, y parte de mi docencia”.
Así narra esta científica madrileña su interés por la ciencia y la investigación que surgió durante la propia carrera, en particular en las asignaturas experimentales de los últimos cursos. Además, cuando realizó su trabajo de fin de carrera, que era experimental, se dio cuenta de cuánto disfrutaba la investigación.
El camino de la tesis doctoral fue la consecuencia de su amor a la investigación.
El punto de inflexión, de manera positiva, ocurre cuando logra conseguir financiación para sus proyectos como investigadora principal.
Una etapa decisiva en su carrera fue la estancia en el extranjero la cual contribuyó a consolidar su conocimiento científico y le permitió trabajar con profesores de referencia en el campo de la catálisis y en un ambiente muy estimulante, junto a compañeros de diferentes nacionalidades.
Docencia, gestión e investigación ocupan su día a día, además de apoyar a los estudiantes de fin de grado, máster o doctorado, en su camino de investigación que implica dedicación y tiempo.
Reflexiona que las nuevas generaciones tienen en la ciencia y la Ingeniería Química la oportunidad de resolver problemas reales que afectan a la sociedad y al planeta, puesto que la ingeniería química necesita curiosidad, pasión por aprender y creatividad.
Nueva vida para los microplásticos

Esta curiosidad e interés de generar soluciones desde la Ingeniería Química explica el sentido de su investigación, orientada a desarrollar tecnologías a escala de prueba de concepto que puedan ofrecer respuestas a problemas ambientales y energéticos que afectan a la sociedad.
Un ejemplo es el trabajo de la valorización de microplásticos asociado a uno de los grandes desafíos de la sociedad moderna: la eliminación de residuos plásticos y/o su potencial aprovechamiento.
La experta explica que el plástico se degrada lentamente en el medio ambiente y, con el tiempo, se generan microplásticos (plásticos de tamaño menor a 5 mm): una amenaza ambiental y sanitaria global.
Además, se liberan microplásticos al medio ambiente al usar ciertos productos, como cosméticos u otros de higiene personal, por lo cual el enfoque consiste en recuperar esos microplásticos y darles un nuevo uso, un proceso que se denomina valorización de microplásticos.
Su grupo de investigación ha creado una tecnología innovadora para transformar los microplásticos en compuestos oxigenados con interés industrial, gracias a lo cual se reduce el impacto ambiental y se crean nuevos productos.
Manejo eficiente del hidrógeno

Otro de los proyectos del equipo de investigación liderado por Asunción Quintanilla es el transporte y almacenamiento seguro de hidrogeno
Explica que el hidrógeno es un gas extremadamente ligero, por lo cual se escapa fácilmente y además es muy inflamable, de tal modo que su manipulación no es sencilla.
De esta forma, se busca desarrollar formas de almacenar y transportar hidrógeno, es decir, manipular hidrógeno de manera eficiente y segura, utilizando materiales y tecnologías que eviten fugas o accidentes.
Con tal fin se emplea un compuesto líquido orgánico estable, poco tóxico y no inflamable, que es el ácido fórmico, la sustancia química defensiva que producen ciertas hormigas para protegerse.
Este ácido fórmico puede transportarse de manera segura utilizando la infraestructura actual de transporte de compuestos líquidos orgánicos y, cuando se necesita hidrógeno, se puede liberar a demanda a partir del acido fórmico.
Esta emprendedora ha orientado estos esfuerzos en la creación de una tecnología denominada ‘hydroformic’ (https://hydroformic.com/) , que permite realizar la producción de hidrógeno a partir de ácido fórmico en condiciones ambientales, es decir, a 25 ºC y 1 atmósfera.

El ácido fórmico es un líquido poco inflamable, biodegradable y estable en condiciones ambientales.
“El reactor que hemos diseñado para este proceso contiene un material llamado catalizador, que permite acelerar la reacción química, de forma que cuando el ácido fórmico se pone en contacto con este material se transforma instantemente en hidrógeno y dióxido”.
El dióxido de carbono que se genera lo capturan para no emitirlo a la atmósfera.
El material está basado en nanopartículas de paladio soportadas sobre carbón activado y lo han desarrollado en colaboración con un grupo de investigación del Instituto de Cerámica y Vidrio (ICV), perteneciente al CSIC. Colaboran además con el grupo Multiscale Reaction Engineering (MuRE), en King Abdullah University of Science and Technology, de Arabia Saudí, y con la Universidad de La Frontera, de Chile.
Para que estas soluciones tengan un impacto real, advierte la investigadora, es necesario trabajar junto a distintos actores: instituciones públicas que financien o apoyen la implementación, empresas que inviertan para escalar y aplicar la tecnología a nivel industrial y reguladores que establezcan las normas y estándares que permitan un uso seguro y responsable».
Al respecto enfatiza que su grupo desarrolla propuestas tecnológicas innovadoras, pero su aplicación a gran escala depende de esta colaboración, la única vía para lograr el éxito de la transferencia.
Por: Mayka Sánchez

