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Immanuel Kant vivió entre 1724 y 1804. No solo fue el filósofo fundamental de la Ilustración: ejerció como bibliotecario, antropólogo, profesor universitario, físico, escritor, matemático y pensador del derecho. Autor de un rico pensamiento influyente y vivo, creador de categorías, entre sus obras destacan Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio

Por: Nelson Rivera, director del Papel Literario

Amigos lectores:

I.

Hace algunos meses, María Ramírez Delgado, poeta y profesora de filosofía, me escribió para contarme que en abril -22 al 25- realizarían unas Jornadas Kantianas de Reflexión Académica, convocadas por la Escuela de Filosofía de la UCV, con profesores de la UCV y de la USB. La cuestión: volver a Immanuel Kant, dado que este 2024 se cumplen 300 años de su nacimiento. Como parte de ese mismo impulso, me propuso armar y coordinar un dossier con textos de Gustavo SarmientoArgenis ParelesMiguel Cabrera-MachadoMaría Carolina Álvarez PuertaAlirio RosalesJorge Machado y uno suyo. Por mi parte le escribí a Paola Romero, cuya tesis de doctorado para The London School of Economic and Political Science, se titula Kant y la voluntad política, para que sumara una contribución.

II.

Buena voluntad, felicidad y prudencia en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant: tal el título del ensayo de Gustavo Sarmiento: “Para la filosofía moral kantiana ser bueno no es lo mismo que ser feliz. La felicidad no es la esencia de una voluntad buena, por sí misma no le da existencia ni hace posible que llegue a ser. Tampoco es el caso que una buena voluntad vuelva al hombre feliz o al menos haga posible que lo sea. No por obrar moralmente es probable que uno sea feliz, más bien acaece lo contrario, pues el cumplimiento del deber con frecuencia obliga a renunciar a nuestras inclinaciones e intereses”.

III.

Libro fascinante, por la inquietante verosimilitud de la narración, Los últimos días de Immanuel Kant, de Thomas de Quincey, sigue siendo materia de debates: si debe considerarse ficción o si pertenece al reino de los géneros híbridos. Sobre él escribe María Ramírez Delgado: “El Kant de Thomas De Quincey es muy distinto al Kant de las lecturas filosóficas, que resulta difícil, casi impenetrable, seco. Este Kant anciano y cotidiano se acerca más a un profesor querido que deseamos acompañar en esos años en los que necesita del cuidado de su hermana y de sus alumnos, y es así como se transforma de un ser real a un personaje literario (…) Ciertamente no es la persona, pero nos aproximamos a ella”.

IV.

La contribución de María Carolina Álvarez Puerta habla de Kant como “filósofo de la imaginación”: “En nuestra opinión, Immanuel Kant es el primer filósofo que se dedica a hacer un análisis sistemático de la imaginación, aunque no de forma explícita. El filósofo nacido en Königsberg plantea la imaginación como aquella facultad capaz de relacionar nuestra sensibilidad con nuestro entendimiento. Entonces la imaginación será la facultad responsable de enlazar datos empíricos con los conceptos del entendimiento”.

V.

Escribe Argenis Pareles: “El juicio sobre lo bello, que es al fin y al cabo de lo que trata Kant, es un juicio estético. Esto significa que, en tanto tal, está esencialmente conectado con el sentimiento o con la sensibilidad; un juicio estético no resulta de la subsunción de su objeto bajo un concepto determinado, gira, más bien, sobre aquella parte de nuestra percepción que nunca puede volverse parte del conocimiento de un objeto, esto es, del placer que el objeto produce en el observador”. Su texto se titula Encontrando nuestro lugar a través del sentimiento.

VI.

Lo que sigue es el texto de Miguel Cabrera-MachadoLa recepción de Kant en la filosofía analítica anglosajona: “Muy sumariamente, para Kant los juicios a priori son aquellos que se fundamentarían exclusivamente en la razón, sin influjo de la experiencia; los sintéticos a priori, que aun siendo productos de la razón, se apoyarían en la experiencia, bien sea para imponerse sobre esta (como en el caso de la moral) o bien sea para comprender la experiencia que tenemos del mundo natural; los analíticos serían aquellos en los que el predicado al cual aluden estaría contenido, formaría parte del propio juicio analítico; y los sintéticos aquellos que se formarían a partir de la experiencia”.

VII.

El ensayo de Alirio Rosales se propone responder a la pregunta, ¿Por qué leer a Immanuel Kant?: “Frente al ideal de conocer al mundo tal como es, Kant sostuvo que el mundo no es una totalidad a la que accedemos mediante nuestras capacidades intelectuales. Ejercemos dichas capacidades, según Kant, en lo que podríamos llamar contextos de razón. La razón humana se despliega libre mientras intentamos comprender la naturaleza que nos rodea, mientras enfrentamos conflictos morales, y mientras nos maravillamos con las formas biológicas y las obras de arte. En ese despliegue, ningún contexto se reduce a otro: lo que nos interesa son las permanentes tensiones que genera tal despliegue entre contextos”.

VIII.

Jorge Machado tituló su ensayo, Despolitización platónica y algorítmica actual versus el racionalismo Kantiano como recurso hoy: “El pensador de Königsberg tuvo como objetivo fundamental de su proyecto filosófico, político y ético, comprender gracias a un esfuerzo racional, sin recursos a ninguna autoridad superior más allá de la misma naturaleza humana, cuáles son las condiciones trascendentales en que se sostienen los juicios propios, de las valoraciones, prácticas y pensamientos de los seres humanos”.

IX.

Cierra el dossier, que ocupa las páginas 1 a la 8, el ensayo de Paola RomeroEl Kant no revolucionario. Escribe: “La concepción de Kant sobre la revolución como un cambio político radical se basa en tres afirmaciones: en primer lugar, las revoluciones son radicales pues destruyen las estructuras formales del entramado jurídico del Estado de derecho. Para Kant esto implica la destrucción de las relaciones intrapersonales como sujetos de derecho (persona legal). En segundo lugar, las revoluciones son radicales en la medida que provocan una situación completamente nueva, cuyas propuestas alternativas no son necesariamente aceptadas por todos los ciudadanos en cuestión. Y, en tercer lugar, las revoluciones ponen fin a la continuidad y estabilidad de la condición civil, dando lugar a un intervalo de anarquía”.

X.

Incansable docente, activista y lectora del pensamiento liberal, Andrea Rondón García (miembro de CEDICE, organización que cumple 40 años), me propuso un dossier aniversario, en este caso, dedicado a los 80 años de la publicación de Camino de servidumbre, libro central en la producción del filósofo, jurista, economista austríaco y Doctor en Ciencias Políticas, Friedrich August von Hayek (1899-1992).

XI.

Escriben: Gabriel Gasave (El largo y sinuoso camino del Socialismo); Andrea Rondón (Un desafío intelectual); Antonio Canova (Una lección que aprendí muy tarde); Andrés F. Guevara B. (Camino de servidumbre en el mundo corporativo); Nasly Ustáriz Forero (Transitando el Camino de servidumbre) y Guillermo Rodríguez González (El camino al infierno siempre ha estado tapizado de ‘buenas intenciones’).

XII.

Cierro con esta cita extraída del texto de Nasly Ustáriz Forero: “En su cáustica dedicatoria a “a los socialistas de todos los partidos”, el austríaco nos advertía sobre ese control socavado, sutil, pero incansable que nos lleva a la servidumbre. A la paulatina privación de nuestros derechos y libertades que se deriva de las diversas formas de colectivismo. Eso es lo que lleva a que, a ocho décadas de su publicación, y pese a diversas críticas y revisiones, el libro tenga una actualidad que estremece”. El dossier Hayek viene entre las páginas 9 a la 12.

Nelson Rivera, director del Papel Literario

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