“Ante la incertidumbre que generan los cambios de políticas en el extranjero, el rol de la familia se vuelve el último y más importante bastión de defensa»
Por: Violeta Villar Liste
Las guías de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) han servido históricamente como el «estándar de oro» para la región al momento de tomar sus decisiones en materia de vacunación y otras políticas sanitarias.
Ahora, cambios sin evidencia científica, y con carácter político, como reducir de 17 a 11 las enfermedades objeto de vacunación sistemática, generan retos críticos para los Ministerios de Salud y sociedades científicas de la región, advierte el Dr. Xavier Sáez Llorens, jefe del Departamento de Investigación del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel y del Servicio de Infectología Pediátrica así como Investigador Distinguido del Sistema Nacional de Investigación (SNI) de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) de Panamá.
Del lado de los países de América Latina, “una respuesta local desorganizada podría derivar en confusión pública, desconfianza y en el resurgimiento de enfermedades inmunoprevenibles ya controladas”, señaló.
El experto se suma a la posición de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE), la cual advierte en comunicado que “los cambios ocurridos en Estados Unidos en materia de vacunación representan una señal de alerta para la región y refuerzan la necesidad de que América Latina y el Caribe protejan sus calendarios nacionales de forma íntegra, su financiamiento público y la toma de decisiones técnicas libres de interferencia política”.
La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), señalaron, por su parte, en posición conjunta dada a conocer la semana pasada, que las consecuencias de estas modificaciones no se limitarán únicamente a Estados Unidos, “puesto que las decisiones que toma este país influyen en el debate global y pueden fomentar la desinformación en otros contextos, incluido el europeo”.
Reafirmar la soberanía sanitaria

El Dr. Sáez Llorens señala que entre otras acciones es preciso reafirmar la soberanía sanitaria y basada en evidencias científicas. Al respecto, “Los ministerios deben declarar que sus calendarios nacionales se basan en la evidencia epidemiológica local y no en cambios administrativos de terceros países”.
De igual modo, es preciso publicar informes sobre la carga de enfermedad de los virus ahora «opcionales» en Estados Unidos (rotavirus, hepatitis A y B, influenza, COVID…).
Exhorta a desvincularse del modelo de “decisión compartida” entre la familia y su médico, ya que en contextos de desigualdad, esto se traduce en una barrera de acceso que solo protege a quienes tienen pediatras de cabecera, advierte.
Liderazgo regional
El científico distinguido aboga por incentivar el liderazgo de las sociedades científicas regionales: Las sociedades de Pediatría (ALAPE y locales), Infectología (SLIPE y locales) y Salud Pública deben actuar como el escudo técnico contra la desinformación.
Exhorta a emitir comunicados “aclarando que los cambios en Estados Unidos, motivados por razones políticas, no invalidan la seguridad ni la eficacia de las vacunas retiradas. De hecho, las propias asociaciones académicas estadounidenses (de pediatría, infectología, ginecología, medicina interna, entre otras) se han desvinculado de la posición asumida por CDC y el Comité Asesor de Prácticas de Inmunización (ACIP)”.
Resulta fundamental, señala, capacitar a los profesionales de primera línea para responder a padres que cuestionen la necesidad de la vacunación regular.
Trabajo colaborativo
Otra medida clave es el trabajo conjunto con la OPS/OMS: “Es vital que la región no actúe como países aislados, sino bajo el paraguas de entidades más globales. Otros aliados que basan sus decisiones de salud pública en evidencias científicas sólidas incluyen las instancias regulatorias en Europa (EMA), Canadá, Reino Unido, Australia…”
Garantizar la continuidad de la compra masiva de vacunas a través del Fondo Rotatorio de la OPS para mantener precios bajos, independientemente de si la demanda en Estados Unidos cae y afecta la producción global, es otra medida crucial.
Llama a la vigilancia de fronteras porque “el cambio en Estados Unidos podría convertir a ese país en un reservorio epidemiológico (especialmente para sarampión, tosferina o polio si las tasas de exención siguen subiendo). Exigir requisitos de vacunación para viajeros provenientes de zonas con brotes activos”.
Los países están llamados al monitoreo de brotes importados y en particular a “incrementar la vigilancia genómica para detectar rápidamente la introducción de cepas virales desde el norte”.
El papel de las familias

“Ante la incertidumbre que generan los cambios de políticas en el extranjero, el rol de la familia se vuelve el último y más importante bastión de defensa. La responsabilidad ya no es solo administrativa (cumplir con un requisito escolar), sino una decisión consciente de protección biológica y comunitaria. Debemos capacitar a los padres para que comprendan que el hecho de que una vacuna deje de ser obligatoria en un país no significa que haya dejado de ser necesaria o segura y aconsejar que consulten con el pediatra de confianza para la toma de decisiones”, destaca el Dr. Sáez Llorens.
Pide desconfiar de las “tendencias” en redes sociales, “ya que la desinformación viaja más rápido que los microbios” e invita a buscar fuentes oficiales como la OPS y las sociedades científicas locales y regionales.
Exhorta a la comunidad profesional a acompañar a las familias en sus decisiones y orientarlas en caso de tener previsto viajar con niños a los Estados Unidos, o países con brotes de enfermedades inmunoprevenibles y bajas tasas de vacunación.
Riesgo de pandemia

Las pandemias, destaca el especialista, usualmente acontecen por la emergencia de microbios “nuevos” con alto poder de transmisión entre humanos y, para los cuales, las poblaciones carecen de inmunidad previa.
“No obstante, la reemergencia de infecciones ya controladas (sarampión, tosferina, polio…), podría causar brotes epidémicos a nivel mundial, particularmente en países con bajas tasas de vacunación. Para que una enfermedad no se propague, necesitamos que un porcentaje muy alto de la población esté vacunada (generalmente entre el 90% y el 95% para enfermedades altamente contagiosas), un fenómeno conocido como inmunidad de rebaño”.
En este contexto, cuando las políticas en países líderes cambian o la desconfianza crece, ese porcentaje cae por debajo del umbral de seguridad.
Esta situación, indica el Dr. Sáez Llorens, crea «agujeros» en el escudo protector de la sociedad, permitiendo que el virus salte de una persona a otra con casi la misma velocidad que un virus nuevo.
De ocurrir un escenario de estas dimensiones, “los sistemas de salud tendrían entonces que luchar contra enfermedades «viejas» mientras siguen gestionando las patologías modernas, provocando un colapso sanitario por causas evitables. Un brote de sarampión hoy en día, por ejemplo, es mucho más difícil de controlar que hace 30 años debido a la velocidad de los viajes internacionales y a la mayor densidad urbana”.
Para el especialista, este panorama constituye un llamado a la acción decisiva a favor de la salud pública, que comprometa a los países de la región, a la comunidad médica y científica, y a las familias.
Por: Violeta Villar Liste | [email protected]

