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El apego no es solo una categoría psicológica, sino una realidad biológica con profundas implicaciones éticas que debe entender la sociedad. Una discusión que reunió a especialistas en la Real Academia Nacional de Medicina de España en Madrid

Por: Violeta Villar Liste con información de FCS

La historia de Punch, el mono nacido en un zoológico de Japón, que a falta de su madre se refugió en un oso de peluche, no solo enterneció al mundo: puso a las personas a hablar de la teoría del apego, que no es nueva pero sí se enriquece con enfoques y realidades actuales.

Sin mención a Punch, pero sí a la necesidad de construir sociedades cada vez más solidarias, que entiendan el afecto como conexión y soporte para avanzar, desde una infancia segura hasta un estado de serenidad en la enfermedad (extremos de la vida), se conversó durante el XXVII Ateneo de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud, en la sede de la Real Academia Nacional de Medicina de España en Madrid, dedicado al tema, Biología y bioética del apego.

El profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud, quien dio apertura al evento y también lo clausuró, destacó que  “el apego no es solo una categoría psicológica, sino una realidad biológica con profundas implicaciones éticas. Cuando falla, se resiente no solo la vida emocional del niño, sino también su salud integral y, en consecuencia, nuestra responsabilidad social”.

Esta edición del XXVII Ateneo de Bioética abordó la teoría del apego en la infancia, en la adolescencia, su impacto en niños, niñas y jóvenes institucionalizados e incluso en los sistemas sanitarios cuando se trata de acompañar al paciente en cuidados paliativos.

Desde una perspectiva ética y social, entender y trabajar la complejidad de la teoría del apego, es una condición para construir sociedades más sanas.

En la primera mesa, dedicada a la Neurobiología y Psicopatología del apego, participaron Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid y María Eugenia Herrero, psiquiatra y consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio.

La segunda mesa, moderada por Blanca Morera, psiquiatra y miembro del Área de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud, abordó la dimensión jurídica y social del apego. Participaron Helena García, psicóloga del Centro de Estudios Superiores Cardenal CisnerosSalomé Adroher, profesora de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas, quien hizo especial énfasis en el sistema español de protección de menores.

En la fila de arriba de izquierda a derecha: Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid; Blanca Morera, psiquiatra y miembro del Área de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud y Salomé Adroher, profesora de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas. Enla fila de abajo de izquierda a derecha: Helena García, psicóloga del Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros; María Eugenia Herrero, psiquiatra y consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio; y Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud.
 

¿Qué es la teoría del apego?

En el año 1951, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el libro del psicoanalista británico John Bowlby, titulado en inglés Maternal Care and Mental Health. En 1953 una versión para el gran público.

En general, explica la psicóloga Helena García, el libro describe el impacto de la carencia emocional durante las primeras etapas de la vida en la salud mental de las personas.
“La propuesta revolucionó la Psicología al situar el vínculo afectivo temprano como una necesidad biológica primaria, esencial para la organización psíquica del individuo”.

Con base en el concepto de urdimbre afectiva, desarrollada por Juan Rof Carballo, se establece la existencia de un “factor sutil que la madre transmite de manera impalpable e inconsciente y que todo ser humano necesita en su infancia para el desarrollo normal de su personalidad”.

Esta “novedad” fue descubierta, subraya la especialista, hace menos de medio siglo y ha marcado una profunda revolución.

Contextualiza que a lo largo de la historia, se ha impuesto la tesis contraria a la propuesta por la teoría del apego.

De hecho, destaca García, el apego fue tradicionalmente visto como peligroso, por lo cual debía ser desterrado de la relación con los hijos lo más posible.

El niño debía dominar el logos lo antes posible y era necesario, bajo esa concepción, educar la voluntad del niño («apetito racional»)”.

Esta “lógica” partía de ofrecer buena educación y nada de sentimentalismos. En realidad, el cerebro humano nace inmaduro y necesita a un otro para todo.

Si no hay consuelo en edades tempranas, subraya, al adulto se le dificulta desarrollar capacidades para regularse o tener autonomía.

El Dr. Carlos Avendaño expuso que durante los dos primeros años de la vida del niño, se van construyendo los pilares de su salud mental que lo acompañarán de por vida, periodo en el cual la madre, la figura primaria del apego, es esencial.

“Cuando no se produce ese apego y la confianza básica no se consigue, el niño, el adolescente y el posterior adulto, carecerán de esos sólidos pilares y reinará en ellos la desconfianza”.

Citó el denominado Proyecto de Intervención Temprana de Bucarest (BEIP, por sus siglas en inglés), “ensayo controlado aleatorizado de acogimiento familiar como una intervención para niños abandonados en el momento del nacimiento o cerca de este y colocados en una de las seis instituciones para niños pequeños en Bucarest, Rumania (Zeanah et al., 2003)”, el cual determinó los efectos en población infantil de la grave privación temprana del afecto a causa de la institucionalización.

Tipos de apego y su impacto en la personalidad

La psicóloga Helena García recordó que existen dos grandes grupos de apego: el seguro y el inseguro.

El seguro (porque en la infancia se recibieron los estímulos adecuados), genera personas con sentimientos de valor, confianza y tranquilidad al compartir sus miedos y preocupaciones.

El apego inseguro tiene tres divisiones clásicas: el preocupado, el evitativo y el desorganizado.

  • Preocupado: alivio exclusivamente en proximidad con el otro, hipervigilancia y afrontamiento. Menor confianza.
  • Evitativo: expresa angustia, mecanismos de inhibición emocional, distancia cognitiva, evitación.
  • Desorganizado: historia de traumas en el cuidado, estrategias incoherentes y  razonamiento catastrófico.

El impacto del apego en la infancia

El Dr. Carlos Avendaño resalta que las experiencias adversas tempranas afectan el sistema de defensa y el sistema de estrés. Actúan sobre una serie de sistemas orgánicos, motivacionales, sensoriales  y otros sistemas orgánicos internos.

Incluso se pueden producir trastornos de la alimentación y una inadecuada respuesta a los estímulos.

“El conocimiento del apego y sus trastornos está permitiendo entender mejor los mecanismos del desarrollo cerebral y de la conducta, así como los factores que más afectan a este desarrollo en etapas tempranas. Por otra parte, permite apreciar más claramente el daño duradero que la adversidad o el maltrato precoces pueden acarrear no solo al individuo que lo ha padecido sino a su descendencia. Muchas de las alteraciones neurales generadas son duraderas, y probablemente algunas pueden ser permanentes y quizá irreversibles”.

La psiquiatra María Eugenia Herrero describe el trastorno del apego, por estas carencias descritas en la infancia, como la alteración de la capacidad de relación interpersonal. Se expresa en temor, desconfianza y suspicacia.

Puede generar una relación agresiva, ideas referenciales y paranoides, incluso alteración cognitiva y de los afectos o desarrollo de trastornos psicopatológicos graves.

Lo denomina la “enfermedad de la desconfianza”.

En los casos más graves, el trastorno del apego puede evolucionar hacia cuadros psiquiátricos severos en la adolescencia, como el Trastorno Límite de la Personalidad, el cual genera consigo una impulsividad intensa, con alta carga de conductas autolesivas.

“Cuando no se produce un apego adecuado, las manifestaciones psicopatológicas aparecerán pronto, pudiéndose diagnosticar antes del año de edad: problemas de sueño y alimentación, irritabilidad importante, llanto frecuente, apatía o exceso de sueño”, subraya Herrero.

Al citar a Martin Teicher (2021) dijo que reconocer el maltrato infantil como un agente etiológico capaz de producir graves trastornos psiquiátricos, puede ser tan esencial para la psiquiatría como la teoría infecciosa de los gérmenes lo fue para la medicina interna.

¿Es posible transformar el daño en una nueva oportunidad?

El Dr. Avendaño resalta, de manera positiva, que el cerebro posee capacidades adaptativas compensatorias. Si se estimulan de manera adecuada, mediante mejores estrategias preventivas y terapéuticas, pueden reorganizar o rescatar funciones y conductas distorsionadas o perdidas.

María Eugenia Herrero llama a un abordaje integral desde la psiquiatría del niño y del adolescente y la psiquiatría perinatal.

Esta propuesta incluye el cuidado precoz de la madre y el bebé y evitar errores del diagnóstico o de medicación.

Respetar las decisiones con relación a la lactancia materna, vigilar la depresión posparto y procurar como sociedad la conciliación familiar, “luchando por los niños, informándose y actuando”, es una propuesta que demuestra la importancia del apego en la construcción de una sociedad mentalmente sana.

Reflexionó que en general las madres quieren cuidar, transmitir confianza y aportar una base segura donde se creen los pilares del sentirse comprendido.  En la compleja dinámica de la sociedad actual, es preciso cuidar a las madres para que lo puedan hacer.

Salomé Adroher, abordó, desde la perspectiva legal, la realidad de los niños, niñas y adolescentes que ven sustituido su hogar por una institución y cuáles son las medidas apropiadas.

Advirtió que si bien la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor establece desde 2015 que deben primar las medidas familiares frente a las residenciales, las permanentes frente a las temporales, y las consensuadas frente a las impuestas, “en un número muy elevado de los casos no se cumplen ninguna de estas condiciones. De hecho, según los últimos datos oficiales de 2024, solo el 45% de los niños del sistema de protección estuvieron en acogimiento familiar4”.

 “Es evidente que solo las familias pueden ofrecer un apego seguro a los niños; el sistema residencial, por muy pequeños que sean los centros y estupendos sus profesionales, no puede jamás cumplir el papel de las familias”, advirtió la experta.

Reclamó una apuesta institucional decidida por el acogimiento familiar, así como por facilitar la continuidad de los vínculos cuando un acogimiento pueda transformarse en adopción y evitar “arrancar” al niño de su familia adoptiva, en particular si es idónea.

Por su parte, desde el punto de vista ético y jurídico, la ley establece con claridad que debe primar el interés superior del menor sobre cualquier otro interés legítimo concurrente, valorando al mismo tiempo los derechos fundamentales de las demás personas implicadas.

Teoría del apego en el cuidado paliativo

La psicóloga Helena García introdujo una perspectiva novedosa: la importancia de la teoría del apego en los cuidados paliativos.

Observa que “la persona enferma necesita establecer una relación con un vínculo de seguridad con el equipo que le atiende con el objetivo de sentirse acompañado, sostenido, protegido y seguro”.

Desde esta realidad, el estilo de apego del paciente y de la familia puede condicionar el afrontar la experiencia de la enfermedad y de la muerte. Por otra parte, el estilo de apego de los profesionales, influirá en la relación terapéutica.

¿Sabrá el profesional adaptarse al estilo de apego del paciente y su familia y saber lo que necesitan y cómo lo necesitan?, es una pregunta que ha buscado respuesta en la evidencia científica.

La experta citó el  estudio, Procesos interpersonales en cuidados paliativos: una perspectiva de apego en la relación paciente-médico, a cargo del Departamento de Oncología Psicosocial y Cuidados Paliativos, Hospital Princess Margaret, Canadá, el cual analizó la importancia de esta “comprensión de las relaciones entre profesionales sanitarios y pacientes en el contexto de los cuidados paliativos”, ya que hasta ahora la teoría del apego se había aplicado a entender “las relaciones entre padres e hijos y a las relaciones de personas con enfermedades crónicas con sus cuidadores médicos”, pero no en este contexto. (Referencia: Tan A, Zimmermann C, Rodin G. Interpersonal processes in palliative care: an attachment perspective on the patient-clinician relationship. Palliat Med. 2005 Mar;19(2):143-50. doi: 10.1191/0269216305pm994oa. PMID: 15810754).

En general, el estudio destaca que “conocer los estilos de apego de los enfermos podría contribuir a un enfoque más flexible, comprensivo y empático”.

Otro estudio en la Unidad de Paliativos del Hospital de Barmherzige (Bruder, Múnich, Alemania), demostró “que la intervención psicoterapéutica basada en los conocimientos que aporta la teoría del apego resulta especialmente beneficiosa para aliviar la tensión psicológica de los pacientes terminales y sus familias”. (Referencia: Petersen Y, Koehler L. Application of attachment theory for psychological support in palliative medicine during the terminal phase. Gerontology. 2006;52(2):111-23. doi: 10.1159/000090957. PMID: 16508319”.

El apego al final de la vida: una revisión sistemática del Grupo de Investigación sobre Estrés y Salud -GIES- de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​Bellaterra (Cerdanyola del Vallés), del Equipo de Atención Psicosocial, Consorci Sanitari Alt Penedès-Garraf, Sant Pere de Ribes (Garraf) y del Grupo de Trabajo de Psicología de Cuidados Paliativos, Sociedad Catalana-Balear de Cuidados Paliativos, Barcelona, ​​España (DOI: 10.1017/S1478951525100783), analizó 1847 estudios.

Esta investigación reveló “que un estilo de apego seguro se asoció con mejores estrategias de afrontamiento, adaptación y ajuste a la experiencia de la enfermedad, causando un efecto amortiguador en el sufrimiento al final de la vida”.

Otro aporte al estudio de esta relación es el texto, Mejorando el tratamiento de los pacientes con la teoría del apego (en inglés, Improving patient treatment with attachment theory ) guía para médicos de atención primaria y especialistas, editada por Jonathan Hunter y Robert Maunder.

Esa mirada de introducir la teoría del apego en los cuidados paliativos puede ayudar al acompañamiento y al desafío existencial hacia el final de la vida.

Si se comprende, por ejemplo, como cita la experta del Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros que” los estilos de apego inseguros son más propensos a responder con altos niveles de sufrimiento por la soledad (Hunter et al., 2006)” o que “la soledad existencial se asocia con la falta de una figura de apego en momentos de necesidad de protección y seguridad (Viel, 2019)”, es posible un abordaje más empático de quien requiere ayuda hacia el final de sus vidas.

Esta mirada abarcante del XXVII Ateneo de Bioética llamó, en una conclusión colectiva entre ponentes y presentes, a pensar en estrategias que desde el embarazo y hasta el final de la vida, entiendan el apego como ese vínculo capaz de aliviar, transformar, acompañar, sanar… en una civilización que crea en el amor como un valor auténtico.

Referencias:

Por: Violeta Villar Liste con información de FCS