Ela Urriola: “La poesía resulta vital en la alegría y en la desesperanza”

Ela Urriola, en la premiación del Ricardo Miró, año 2018, con su padre,el poeta y escritor panameño, Ornel Urriola Marcucci, quien falleció un año después Foto: Archivo de Ela Urriola

Por Violeta Villar Liste

A mi madre, por enseñarme a ser libre.

A mi padre, por explicarme la necesidad de dudar.

Y a todas las mujeres creadoras.

Esta dedicatoria, en el libro La edad de la rosa, Premio Ricardo Miró 2018 (poesía) de la poeta, escritora y filósofa panameña Ela Urriola, es parte de una invocación respetuosa que la acompaña siempre; como una memoria y una oración que la cultiva.

Así como ante la mesa servida se agradece por el pan; Ela Urriola honra a quienes al lado del alimento sirvieron de manera generosa pensamiento y libre albedrío.

Ella es gracias a ellos.

Hija de Ornel Urriola Marcucci, historiador, catedrático y escritor chiricano, y quien formó parte del movimiento estudiantil que luchó por recuperar el Canal de Panamá y la soberanía nacional, y de la docente Mitzi Sanjur Barsallo, con ellos vivió el exilio en la República checa.

A sus padres agradece “los malabares para que nunca me sintiera extranjera en ninguna parte”. 

Un abrazo con su padre en el día del cumpleaños de Ela Urriola

“Fue gracias a mi madre, quien, a pesar de su juventud, intuyó que ella misma debía aprender un idioma extraño y comunicarse así conmigo, para que yo creciera hablando con los niños checos sin obstáculos, dado que en ese entonces no sabíamos cuándo retornaríamos a Panamá”.

Su madre comenzó a estudiar el idioma y luego se hizo natural hablarlo en casa, “de esta manera logré no sentirme extraña ni siquiera desde el idioma”. 

Años después, al volver a Panamá, “sufrí el tan de moda bullying porque no hablaba ‘igual’ que los otros niños; mi español se sentía raro. Paradójicamente esa fue la primera vez que me sentí extranjera: en mi propia patria”.

En un tren hacia las montañas colindantes con Eslovaquia, en un viaje familiar a mediados de los setenta. A la derecha, una fotografía de Ornel Urriola Marcucci, como periodista en el exilio y representante de la Unión Internacional de Estudiantes. Egresado de la Universidad de Panamá, donde obtuvo la licenciatura en Filosofía e Historia, en la Universidad Karolina de Praga, República Checa, estudió el Doctorado en Historia Contemporánea. Fue catedrático de la Universidad de Panamá, coordinador del Programa de la Maestría de Historia y director de Extensión Cultural

Fotos: Del Archivo de Ela Urriola

Revista Columna que el poeta y escritor panameño, Ornel Urriola Marcucci y sus compañeros mimeografiaban en la Universidad de Panamá a comienzos de los años sesenta. En la actualidad su hija, Ela Urriola, junto con otros pensadores, están tratando de digitalizar y publicarla como parte de la compilación de su obra
Mitzi Sanjur Barsallo, la madre de Ela Urriola, en una fotografía de época

“Decididamente, todo exilio es una ruptura, aunque no es lo mismo un exilio en un país con lengua y cultura diametralmente opuestas a las del país de origen: en ese caso el idioma representa sobrevivencia o negación”.

De manera paradójica, décadas después, “yo representaría a mi país por medio del idioma, la lengua como herramienta y referencia”.  

Por ello, reflexiona, la lengua genera un gran espacio de reflexión en mi vida. 

Literatura y docencia, los dos “quehaceres que validan su existencia”, también derivan de este otro pan que nunca faltó en su mesa, servido por sus padres.

“Con una madre estudiosa de la educación preescolar y con un padre historiador y docente, los albores de mi vida están marcados por una cercanía con los libros. Las narraciones, las ilustraciones de las mismas, la omnipresente biblioteca que mi padre llevaba a cuestas doquiera íbamos, o rehacía -en los momentos más críticos de nuestra existencia en el exilio-, son responsables de mi pasión y mi oficio”.

Más tarde, en la adolescencia, recuerda, los libros continuaron muy cerca de nosotros. 

“Mi padre solía traer nuevos libros a casa y luego los repartía entre mis hermanos y yo: al cabo de un par de semanas revisaba las lecturas que habíamos realizado cada uno, las valoraba o enriquecía.

El diálogo es una herramienta para el aprendizaje. Platón lo comprendió e implementó de este modo las enseñanzas de su maestro”.

Esta experiencia le da sobrados argumentos para analizar que los docentes, “muchas veces, mandan a leer libros, pero no discuten ni desentrañan su magia con los estudiantes, por tanto, no se dialoga, no se descubre la luz de sus páginas, no se bebe la inspiración ni se fomenta el sentido crítico desde la lectura”, argumenta la autora panameña, quien representará al país en el XXIX Festival Internacional de Poesía de Bogotá, que se desarrollará en formato virtual del 10 al 15 de mayo de 2021 y seguro aportará un mensaje de paz, serenidad y concordia en medio de los difíciles momentos que vive Colombia, país hermano.

Convocado desde 1992 por la revista de poesía Ulrika, con más de 500 escritores reunidos desde esa fecha al presente, la invitación da origen a este diálogo que aborda la deuda de Ela Urriola con su memoria, con el exilio, con sus viajes, sus lecturas y su formación. Con su manera de estar y relacionarse con este mundo tan necesitado de poesía, “vital en la alegría y en la desesperanza”.

Poesía que además forma parte de los fundamentos que Ela Urriola cita para avanzar en este momento que deja la pandemia: “Resulta imposible imaginar un mundo mejor sin el arte, sin la literatura y sin la filosofía como herramientas; un mundo con educación y ciencia para el beneficio de todos”.

“Mi vida sería otra de no haber sido por ese primer viaje”

-¿Cuánta deuda hay en su vida con los viajes que la han acompañado para formarse y seguir creciendo? 

-Parafraseando a Ortega y Gasset, somos con nuestras circunstancias, en nuestras circunstancias, somos desde ellas: nos moldean, nos dan el tono, el color o la ausencia del mismo en nuestras vidas. 

La primera vez que salí del país tenía dos años de edad. Conocería y reconocería a mis primos y tíos, después de los siete. Habiendo nacido en un país rodeado de mar, solo pude conocerlo mucho tiempo después. El exilio en el que nos sumió la historia como familia nos arrebató emociones y vivencias, pero también nos deparó otras. 

Mi padre solía responder con la siguiente frase: “La historia no es lo que pudo haber sido, sino lo que fue”.  Ciertamente, mi vida sería otra de no haber sido por ese primer viaje, y sin lugar a dudas, también sería distinta sin los viajes que acontecieron después, viajes ya decididos, asumidos libremente, viajes que respondían a otras necesidades y circunstancias.  

-Por una extraña razón, cuando una persona completa parte de su formación en el exterior, siempre se le pregunta con curiosidad por qué no se quedó. ¿Qué pasa con esta decisión que define la manera de permanecer en el mundo, en este caso, de permanecer en la patria?

-La idealización es un ejercicio que se practica cuando estamos lejos. Se desdibujan los defectos, se afinan detalles del paisaje, nacen las alas que nos elevan hacia los sueños. Uno cree y desea crear. 

Cerca, la realidad se impone y se adquiere la certeza de que resulta difícil evadir la mugre, limpiar la recalcitrante domesticación, combatir la ignorancia felizmente cultivada para doblegar. 

Mi padre y algunos grandes de su generación lo intentaron: esto de cambiar las cosas. Los que no claudicaron a los cantos de sirenas, los que no aumentaron sus cuentas bancarias a costa de los otros, los que no desoyeron sus ideales son realmente pocos. 

Sin embargo, la literatura es también una suerte de viaje a lo desconocido, de tal manera que regresar a la patria, a lo conocido, es también una elección

Hay muchas cosas por las que uno regresa, entre ellas el amor al origen y a los retos. Creo que uno regresa o se marcha por las mismas razones: por amor y por la vida

Al final, uno puede ir y regresar. De alguna manera, ninguna partida es definitiva, salvo la última, la de la muerte. Y ningún regreso, mientras haya vida, tampoco lo es.

Soy ahora
Aquello
Que no fui
Mañana
Quizás
Otra
En tu vida
La existencia
Liberada
El ser y la nada, 
en La nieve sobre la arena, 
Premio Ricardo Miró 
de Poesía 2014.

“Escribo como pinto, pinto como escribo y trato siempre de actuar como pienso”

-Es deudora de sus viajes, también de sus prolongados saberes. ¿Cómo se siente más cómoda: en la literatura, en la filosofía o en las artes plásticas o en esencia convergen estas maneras de estar en el mundo?

-Me gusta como lo ha descrito: estas maneras de estar en el mundo convergen. Convergen con otras formas menos conocidas que también practico (la cocina, la jardinería, el activismo ambiental), pero si debo confesar algo sería lo siguiente: escribo como pinto, pinto como escribo y trato siempre de actuar como pienso. No podría separar estas formas de estar en el mundo.

-En el ámbito de la literatura, ¿para qué o para quiénes se escribe? 

-Escribo porque necesito escribir. El mejor regalo es saber que lo que escribo llega a otros, que conmueve o mueve hacia alguna acción. 

Ahora estoy aprendiendo a escribir para niños. Me he dado cuenta que me sigue gustando intentar cosas nuevas y la literatura infantil es una novedad, una gran posibilidad de hacer algo distinto. Escribo para adultos y para niños, pero sobre todo escribo para vivir

“Es innegable el alcance de la literatura comprometida”

-¿Está llamada la palabra a transformar las sociedades o debe hacer su papel solo en el espacio mismo de la literatura?

-Ambas. La literatura como acto, como gesto de belleza, como recreación o construcción es una forma de verla, pero también es innegable el alcance de la literatura comprometida, de la que humaniza y apunta a la transformación. 

Hay escritores conocidos por esta última definición, pero pienso que, en cada escritor, aunque solo busque escrutar el peso de la palabra y no su eco, existe la posibilidad de transformación de su tiempo, del tiempo venidero y de los otros.

-En el ámbito de la literatura, ¿cuál de los géneros le resulta más cercano, la poesía; el cuento?

-Son preguntas difíciles. Vamos a responder de otro modo: la poesía ocurre como un evento cotidiano, está presente en mis noches y mis días, mientras que para el cuento requiero disposición y tiempo. La poesía irrumpe en mi vida, el cuento se construye en un momento dado. 

Instante
Regresa
A través de
Los campos minados
El frío como distancia
La ausencia
El pánico al pasado
Regresa
Decide
Que el amor se hace
Ahora
No mañana
Ni más tarde
Tenemos un instante
Regresa
Instante, en el poemario 
La nieve sobre la arena, 
Premio Ricardo Miró 
de Poesía 2014

“La poesía resulta vital en la alegría y en la desesperanza” 

-¿Cuál es su libro más acabado y más querido; el que mejor la interpreta?

-Probablemente La edad de la rosa, por el trabajo de investigación, por el descubrimiento de la vida de tantas épocas pasadas, por el reto de traducir el dolor de esas mujeres creadoras, pero, sobre todo, por enseñarme a reinventar el lenguaje, la necesidad de ser una y distinta en mi escritura.


Hay un verdadero país 
en tu cuerpo
Con sus calles
Sus esquinas memorables
Sus cuitas entre vecinos
Y sus pueblos
Me adentro a recorrerlo
Exploro esa indómita soledad 
de las plazas
Extendida en tus manos
Alumbrada por luciérnagas
Que anuncian el verano
Y los trenes que dejaron 
su carga
En tu frente
Ríos infranqueables
Irrigan tus muslos
Cuando te enciendo
Allí
Donde la humedad
Se desvela
En mi boca
Las lianas indómitas 
de tus abrazos
Revocan la civilización
En el manglar de mis cabellos
Escucho el mar
Y también su silencio
La lluvia en las oquedades
Respiro la incandescencia
Del mástil
Que apunta al puerto
En la ciudad
La noche cae con ruido 
de estrellas
Y las sombras se toman la casa
En el fondo del salón
Un barco zarpa
Dos cuerpos
Se hacen a la mar 
entre sábanas
Déjame recordarte la canción 
de las manos
Cuando se funden voz y aliento
Bebe mis pechos
Calla
Habita dentro de mí
Que recorro tus calles
De nuevo

Las calles de tu cuerpo
(Leonora Carrington)
Del libro 
La edad de la rosa. 
Premio Poesía, 
Ricardo Miró 2018

-En una entrevista afirmó que el interés de participar en concursos deriva de la motivación de encontrarse con segundas lecturas. ¿Cómo se lee y cómo aspira a ser leída?

-Aspiro a ser leída e interpelada en la diversidad. En la multiplicidad de realidades y vivencias del lector de todas las edades, en las posibilidades de empatía con la obra y en las ventanas que, por supuesto, brinda la traducción. 

-¿Cuál es el lugar que tiene la poesía en este momento del mundo, de prisa retenida a causa de la pandemia, pero tan global y digital?

-La poesía resulta vital en la alegría y en la desesperanza; se escribe y se lee poesía en tiempos de abundancia y de paz, pero sobre todo en épocas de crisis y guerras

El mundo está en un momento donde leer y escribir poesía podría remontarle a soñar con una transformación, con exorcizar las luces y las sombras que caracterizan al ser humano. Actualmente se está escribiendo una excelente poesía en el mundo, regionalmente he realizado algunos descubrimientos fabulosos.

-En el caso de Panamá, ¿cuál es el aporte de poetas y poetisas a la historia literaria? ¿hay algunas tendencias que le resulten de interés? 

-En Panamá hay poesía que remite a la historia, que, más allá de una poesía meramente nacionalista, dignifica y alumbra episodios menos conocidos. Tenemos grandes poetas que revisan las valoraciones estéticas también, que abordan problemas sociales, pero que al mismo tiempo toman riesgos con la forma. 

Hay una producción que sorprende y me atrevería a decir que hay mucho desconocimiento por los buenos poetas de nuestra historia literaria. 

Los programas de estudios en todos los niveles deberían reivindicar los grandes poetas panameños: olvidados, sintetizados o minimizados por la terrible práctica de resumir y de no orientar a los jóvenes a conocer las obras. 

 -Hablemos del XXIX Festival Internacional de Poesía de Bogotá, invitada por Panamá…

-Es un gran honor para mí ser parte de esta reunión de magníficos poetas contemporáneos. Me siento muy agradecida, especialmente porque tendremos dos lecturas de poemas en este festival. Al Festival Internacional de Poesía de Bogotá lo sostiene una gran organización, un fiel compromiso con lo mejor de la poesía y el eco de tantas voces reconocidas que vale la pena escuchar. Me siento muy agradecida por representar a Panamá.

-Imposible no cerrar este diálogo sin una meditación con respecto a la pandemia. ¿Seremos mejores; seremos peores? Y, en este momento, ¿qué papel está llamado a jugar la literatura, el arte y la filosofía en el camino del hombre y de la mujer que vendrán?

-Acabo de terminar una clase de Bioética con mis estudiantes de filosofía. El tema es recurrente: una pregunta por la naturaleza humana. Hay otro tema: el concepto de utopía. Ciertamente, la historia nos ha mostrado la complejidad de la naturaleza humana, la oscuridad de sus actos, pero también la impresionante capacidad de soñar.

Resulta imposible imaginar un mundo mejor sin el arte, sin la literatura y sin la filosofía como herramientas; un mundo con educación y ciencia para el beneficio de todos, donde las diferencias desaparezcan, así como la corrupción, la depredación globalizante y global de nuestros actos.

Creo que una parte de la Humanidad insistirá en transformar la oscuridad de la pandemia y de sus congéneres. Esa parte de la Humanidad apostará por soñar y por avanzar. 

De la autora

Escritora, filósofa y pintora. Investigadora de Estética, Bioética y Derechos Humanos. Doctorado en Filosofía Sistemática en la Karlová Univerzita, Praga. Dicta las cátedras de Estética en la Facultad de Bellas artes en licenciatura y maestría, y Filosofía, Ética, Bioética y Derechos Humanos en la Facultad de Humanidades. Es miembro del Comité de Bioética de la Universidad de Panamá. Desde 2009 participa en la Feria del Libro con conferencias de Filosofía, Literatura y Estética; así como en los Congresos científicos y literarios dentro y fuera de la Universidad.
Ha participado en recitales y homenajes a poetas latinoamericanos y europeos, y en disertaciones sobre literatura y exilio, siendo este un tema importante que marcó su vida. Ha publicado artículos sobre arte, filosofía y ética en revistas especializadas y diarios nacionales e internacionales. Su incursión a la poesía la realiza siendo estudiante, formando parte de la Antología de novísimos poetas panameños (INAC, Editorial Mariano Arosemena, 1999). Ha participado en colectivas de pintura: con PuntoySeguido en conmemoración del Centenario del Canal de Panamá (2014), Mujeres pintoras en Panamá (2007), Pintores panameños contemporáneos (2006) y expone en Arte y docencia con colegas de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá (2006 – 2015), entre otras. En la República Checa realizó exposiciones individuales en Praga (2000) y colectivas en Mladá Boleslav (1999). Obtuvo menciones honoríficas en el Concurso Municipal de Poesía “León A. Soto” (2002) con la obra Noemas, el Concurso Universitario de Poesía “Demetrio Herrera Sevillano” (1997) con la obra Modus vivendi, y en Cuento “Darío Herrera” (1996) con la obra El grito y el silencio. Ha participado en recitales y homenajes a poetas latinoamericanos y europeos, y en disertaciones sobre literatura y temas de Ética y Derechos Humanos.
En 2014 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Ricardo Miró” con su obra La nieve sobre la arena. Forma parte de los poetas seleccionados para conformar la Antología poética panameña, edición bilingüe español-ruso, Poesía de Panamá (Universidad de Panamá, 2015). Ha colaborado en diversas antologías poéticas y de narrativa, y su obra ha sido traducida al inglés, portugués y checo.
En 2015 gana el Premio Nacional de Cuento “José María Sánchez” con su obra Agujeros negros. En 2018 obtiene, por segunda vez,  el Premio Nacional de Poesía “Ricardo Miró” con el poemario La edad de la rosa. En el 2020 obtiene el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil “Carlos Francisco Changmarín” con su obra Las cosas de este mundo.

Biografía tomada de www.elaurriola.com