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Hoy sabemos que nuestra microbiota intestinal no solo influye en la salud física, sino también en el bienestar emocional y la ansiedad

Autora: Anna Melissa Clare Arauz | Tutora: Dra. Dioselina Vanegas

Anna Melissa Clare Arauz es la autora principal de este artículo. Es estudiante de cuarto año de la carrera de Psicología en la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA). «Apasionada por el estudio integral del ser humano y motivada por temas de salud y bienestar», «ha encontrado en la investigación científica una vía para explorar la conexión entre mente y cuerpo desde una perspectiva rigurosa y actual».

“En un mundo donde aproximadamente 3,000 millones de personas carecen de acceso a una dieta nutritiva (FAO, 2021), comprender cómo comemos y cómo sentimos va mucho más allá de la digestión. Hoy sabemos que nuestra microbiota intestinal no solo influye en la salud física, sino también en el bienestar emocional y la ansiedad.

En la última década, el estudio del microbioma humano ha mostrado que el intestino es mucho más que un «tubo digestivo»: interactúa con el cerebro, regula procesos inmunológicos, produce neurotransmisores y modula la respuesta al estrés.

Esta comunicación bidireccional, se conoce como eje microbiota–intestino–cerebro y es clave para entender cómo las emociones afectan al intestino y cómo un desequilibrio intestinal puede favorecer trastornos como la ansiedad (Sánchez Knupflemancher et al., 2025).

Eubiosis y Disbiosis: El equilibrio intestinal y cómo se rompe

La eubiosis es el estado ideal del microbioma: existe un equilibrio entre bacterias beneficiosas, comensales y potencialmente patógenas.

En este estado, la microbiota favorece la buena digestión y el metabolismo, modula el sistema inmunológico, contribuye a la producción de sustancias con efecto neuroprotector.

De igual modo ayuda a mantener la estabilidad emocional y la salud general.

Por el contrario, la disbiosis aparece cuando ese equilibrio se altera.

Factores como alimentación pobre en fibra y rica en ultraprocesados, uso inadecuado de antibióticos, sueño insuficiente, sedentarismo y estrés crónico reducen la diversidad bacteriana y permiten que proliferen microorganismos proinflamatorios (Biotasmart, 2023).

Una revisión sistemática de Sánchez Knupflemancher et al. (2025), encontró alteraciones relevantes en la microbiota intestinal de personas con ansiedad y depresión: disminución de géneros beneficiosos como Faecalibacterium (con potente efecto antiinflamatorio) y aumento de bacterias asociadas a inflamación como Ruminococcus y Eggerthella.

Estos cambios se relacionan con:

● Mayor inflamación intestinal y sistémica.

● Menor disponibilidad de metabolitos neuroprotectores.

● Mayor vulnerabilidad emocional y exacerbación de síntomas ansiosos.

¿Puede el intestino “causar» estrés o ansiedad? La evidencia científica indica que sí. Diversas investigaciones muestran que los cambios en la microbiota intestinal modifican la actividad del sistema nervioso, alteran neurotransmisores implicados en la regulación emocional y aumentan la reactividad frente a situaciones estresantes.

Este vínculo se explica a través de varios mecanismos fisiológicos.

Eje intestino – cerebro: inflamación, cortisol y emociones

Cryan y Dinan (2012), referentes en el estudio del eje intestino-cerebro, demostraron que el estrés activa el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, aumentando la liberación de cortisol, la principal hormona del estrés.

Ese aumento del cortisol:

● Altera la motilidad intestinal.

● Reduce la secreción de moco protector.

● Cambia la composición bacteriana.

● Aumenta la permeabilidad de la barrera intestinal.

Cuando la barrera intestinal se vuelve más permeable, pasan al torrente sanguíneo sustancias que normalmente quedarían dentro del intestino.

Eso favorece la liberación de citoquinas protoinflamatorias y otros mediadores inflamatorios que llegan al sistema nervioso central, ya sea por la sangre o a través del nervio vago.

López Rodríguez (2023) explica que esta señalización inflamatoria perturba la comunicación bidireccional del eje intestino-cerebro, promueve un estado de hiperalerta.

De igual modo, aumenta la sensibilidad al estrés. Con el tiempo, esta neuroinflamación afecta regiones como la amígdala y la corteza prefrontal, áreas claves para la regulación emocional.

El resultado es un cerebro más reactivo y vulnerable a la ansiedad.

Microbiota y neurotransmisores. Cuando el intestino habla el idioma de las emociones

Además de los procesos inflamatorios, la disbiosis también altera la producción de neurotransmisores, moléculas esenciales para el equilibrio emocional.

Varias bacterias intestinales participan en la síntesis o modulación de serotonina (estado de ánimo, bienestar), GABA (calma, relajación), dopamina (motivación, recompensa).

Cuando la microbiota se desequilibra, puede disminuir la disponibilidad de estos neurotransmisores o alterarse su función.

El cerebro comienza entonces a recibir señales erráticas que se traducen en más ansiedad, irritabilidad y mayor reactividad ante el estrés.

Un círculo vicioso: más estrés, peor microbiota… y más ansiedad

El proyecto europeo MyNewGut, coordinado por la investigadora Yolanda Sanz (CSIC), ha estudiado en profundidad cómo la microbiota influye en la salud metabólica y emocional.

Entre sus hallazgos destacan:

● La reducción de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium y Akkermansia se asocia con mayor inflamación y peor regulación emocional.

● La disbiosis se vincula con un mayor riesgo de ansiedad y otros trastornos relacionados como el estrés.

Lo más importante es que se confirma un círculo vicioso:

● El estrés crónico altera la composición de la microbiota.

● La disbiosis incrementa la inflamación y reduce metabolitos y neurotransmisores protectores.

● Estos cambios modifican el procesamiento emocional en el cerebro.

● Un cerebro más ansioso y reactivo percibe más estrés.

Así, la relación entre intestino y ansiedad no es casual, sino un proceso de retroalimentación constante entre emociones y microbiota.

¿Qué nos deja esta evidencia?

En conjunto, los estudios actuales muestran que la disbiosis intestinal puede influir de manera significativa en:

● La respuesta al estrés

● La aparición de y mantenimiento de la ansiedad.

● La vulnerabilidad psicológica frente a situaciones difíciles.

Los cambios en la microbiota:

● Deterioran la barrera intestinal.

● Favorecen procesos inflamatorios.

● Alteran la producción y acción de neurotransmisores involucrados en la regulación emocional.

Comprender esta relación bidireccional entre intestino y emociones permite valorar el papel del microbioma en la salud mental y abre la puerta a considerar intervenciones que apoyen el equilibrio intestinal – como hábitos alimentarios saludables, manejo del estrés y estilo de vida más activo – en calidad de complemento en el manejo del estrés y la ansiedad.

Autora: Anna Melissa Clare Arauz | Tutora: Dra. Dioselina Vanegas