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Ilustración: Pedro Crenes

Nuestra relación con un artista es la mayoría de las veces indirecta, sutil. El artista siempre es intencional, pero el espectador no reconoce con precisión el nivel de profundidad al cual el artista consigue llegar dentro de su memoria sentimental

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña [email protected]

Reseña por: Pedro Crenes Castro


la canción de Willie, sea la que sea, es un tema en Technicolor para hacer algo útil del amor, la memoria y la nostalgia, para todos nosotros, ¡Amén!

La canción de Willie

Antes de ser consciente de que los discos se compran, en casa de mi abuela estaba Asalto Navideño Vol II. Recuerdo que recordaba Aires de Navidad, La Murga, y luego una mezcla de melodías de salsa navideña cuando me fui de mi tierra y no había manera de acceder a aquella música que ponía banda sonora a la nostalgia. Sin saber, la canción de Willie estaba allí.

En los primeros lances en el arte de enamorar, ya en España, recuerdo la melodía de Pregunta por ahí, que, escuchada a media luz en mi mente, sanaba el golpe sobre la piel de un corazón torpe en esto del amor. Más adelante, con más piel pero igual mala suerte, Mi sueño parecía una letra más útil para esto del «amor herido»: «Y ven a curar tu negro que llegó borracho de la bohemia…, borrando la palabra “pena” en el diccionario de la vida mía». Otra vez, sin reparar en ello, la canción de Willie.

Una bendita maldición para la memoria llegó con YouTube, y entonces me atreví a buscar pistas para saber si lo que recordaba, tan lejos, era cierto. Volver a escuchar ¡Oh que será!, y recordar a Bolívar, un compañero de los scouts, escribiendo la letra en un rollo de papel higiénico, alguien se la pidió, y la veníamos escuchando en el bus de vuelta a casa después de una semana de campamento, y él se la sabía exactita en aquellos días, y esa introducción hablada con piano de fondo, con aquel misterio, tocaba algo que supe mucho tiempo después qué era. Reencontrarme con Amor verdadero, que cantó un compañero de mi escuela, Primaria Don Bosco, a capela y con mucha intensidad, después de una reunión de padres. La canción de Willie, ahí, y yo sin darme cuenta.

Nuestra relación con un artista es la mayoría de las veces indirecta, sutil. El artista siempre es intencional, pero el espectador no reconoce con precisión el nivel de profundidad al cual el artista consigue llegar dentro de su memoria sentimental. Es cuando la muerte del artista echa el freno para siempre que uno repara en que la memoria de su arte irá más allá de la presencia física del artista: solo los grandes del corazón de uno con siguen ese privilegio secreto.

Parto de la base de que una canción es de Willie porque él la canta: la memoria se queda con las sensaciones, con la emoción del intérprete. Trabajo en un texto que tiene de fondo una canción suya, Color americano (de Amilcar Boscán), que narra la situación real de los latinos en Estados Unidos. Lejos de esa asimilación que nos quieren vender, la verdad es muy distinta: escuchen la canción, especialmente los soneos del final, pregones que ilustran la situación del «inmigrante de América hispana» en tierras estadounidenses.

La canción de Willie suena a Navidad de baratillos en la Avenida Central, a idilio ardiente que busca el abrazo cómplice de la amada; canta a esas formas extrañas como fantasmas, a las ideas, a lo que puede ser tan verdadero que solo queda creer llorando: la canción de Willie, sea la que sea, es un tema en Technicolor para hacer algo útil del amor, la memoria y la nostalgia, para todos nosotros, ¡Amén!

Gracias, Willie, por las canciones.

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | [email protected]

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.