“Fenómeno cultural”, “peña de amigos”, “república imaginaria”, “club de indeseables”, “tertulia política y etílica”, materia de tesis de grado y también de un caudal de anécdotas, la República del Este fue una agrupación de escritores, artistas e intelectuales, que se constituyó en una referencia ineludible del movimiento cultural de Caracas entre finales de los años 60’s y comienzos de los 80’s, presenta Carrillo, estudiosa de los grupos literarios de los años 60’s en Venezuela y quien escribe sobre este movimiento cultural que refleja un momento fundamental de las letras del país. En el Papel Literario
Por: Nelson Rivera director del Papel Literario del diario El Nacional
Amigos lectores:
I.
“La política le robó tiempo, pero no la mirada. A veces, cuando hojeo las cosas que publicó, siento que cada frase está atravesada por esa otra vocación, la del narrador que observa y reconstruye. Tenía un estilo que respiraba con ritmo literario: frases amplias, ironías sutiles, una conciencia histórica que no excluía la emoción. El mismo tiempo que le robó vida mientras estuvo en la Cárcel Modelo de Ciudad Bolívar, y aun así escribió en forma de cartas a su familia y a sus amigos. La del 16 de diciembre de 1955 por ejemplo, avisa de su expulsión del país y con 28 años promete a su padre estudiar con “rigor de hombre joven que ha vivido intensamente”. Lo cumplió y regresó para ejercer en Venezuela cuando hubo que hacerlo”. Escribe Federica Consalvi -ganadora del Concurso de Cuentos 2025 de El Nacional-, sobre Simón Alberto Consalvi, su tío. Con este memorioso homenaje, crónica de afectos y cotidianidad, arranca la edición del PDF de esta semana (penúltima del año). Página 1.
II.
El escapista, que viene en la página 2, ratifica al imprescindible narrador que es Federico Vegas. Se lee sin pausas desde la primera línea: “Gustavo Gaffigan era hijo de gringo con venezolana y estudiaba conmigo en el San Agustín de El Marqués. Era bueno en deportes por lo robusto y ha podido llegar a ser un “grandes ligas” si se hubiera conformado con ser cátcher, pero era torpe en el trato y muy dado a las obsesiones. Hablaba español perfecto, pero insistía en imitar a su padre cambiando los artículos. Decía “el película”, y otras barbaridades que no tenían sentido, y uno no sabía si era una pose o una irremediable traba de su infancia.
Su casa estaba bien pegada de la Cota Mil. El papá la había hecho al estilo norteamericano, con un sótano que era salón de juegos, gimnasio y taller de carpintería. Era un tipo medio inventor y le gustaba que su hijo fabricara sus propios juguetes, como una especie de ciudad futurista por la que circulaba un tren eléctrico”.
III.
En 1968 surge en Caracas la República del Este, movimiento que se prolongó, aproximadamente, hasta comienzos de los 80’s. Definir qué fue aquello no es asunto obvio. Tenía de movimiento creativo e intelectual; de tertulia citadina, a veces orgánica, a veces azarosa; de conversación lúcida y banal, humorística o solemne, abiertamente política o de escenificación de roles. En cierta medida, puede decirse que tenía una geografía propia: la zona oeste de la calle Real de Sabana Grande, ciertos restaurantes, bares y barras, algunas librerías. Escritores, pintores, economistas, empresarios, críticos, políticos, cineastas, académicos, actores, poetas y más, en una concatenación de hechos cargada de emociones gregarias y por momentos ruidosas, se constituyeron en la República del Este.
IV.
Más que meros círculos porosos de vivaces comensales y bebedores, volver a La República del Este, es mucho más que indagar en un capítulo en las biografías de Caupolicán Ovalles, Adriano González León, Miyó Vestrini, Manuel Matute, Manuel Alfredo Rodríguez, Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Héctor Myerston, Orlando Araujo, David Alizo, Mary Ferrero, Aquiles Valero, Salvador Garmendia, Alfonso Montilla, Paco Bennamán, la Negra Maggi, Mateo Manaure, Luis García Morales, Elías Vallés, Rubén Osorio Canales, Baica Dávalos, Víctor Valera Mora y varias decenas de otros habitués de aquellos lugares, de aquellos encuentros. Preguntar sobre la República del Este es remitirse a un tiempo caraqueño, a un estatuto de libertades ciudadanas, a un estado de la economía, a un excepcional ambiente de tolerancia, a un estado de ánimo en dos o tres generaciones de urbanitas, conversadores de oficio, lectores, gentes informadas, cosmopolitas, pero también creadores e intelectuales que continuaban produciendo sus respectivas obras.
V.
Carmen Virginia Carrillo, estudiosa de los grupos literarios de los años 60’s en Venezuela, escribe en La República del Este: Utópica nación de las artes y las letras: “Desde los cincuenta, el crecimiento económico del país, fruto del ingreso petrolero, se hacía notar, especialmente en la capital. Caracas progresaba y se modernizaba. En las décadas de los sesenta y setenta, el Boulevard de Sabana Grande se convirtió en el área cosmopolita más atractiva de la ciudad, allí se encontraban los cafés, los bares, las terrazas y las librerías que, junto con los locales de la avenida Francisco Solano, se convirtieron en los más famosos y concurridos de la ciudad. En sus espacios se reunían intelectuales, escritores, artistas, periodistas, curiosos y mecenas para debatir ideas, acompañados de copas (…) Muchos recuerdan a Adriano González León apoyado a la barra de El Vechhio Mulino, conversando con otros asiduos compañeros”.
VI.
Además de un portafolio de 15 imágenes de Vasco Szinetar, que documentan algo del ánimo en auge de ese tiempo -el conjunto de retratos me ha producido esta sensación: no se sentían amenazados: Caracas era una ciudad donde expandir el espíritu-, reproducimos la entrevista de Mary Ferrero a Caupolicán Ovalles (“padre de la patria”), incluida en el volumen En (des)uso de razón. Antología poética y otros textos (Fundación Caupolicán Ovalles y Rayuela Taller de Ediciones. Caracas, 2016), donde cuenta el origen y expansión de aquel fenómeno:
“En el 1969, siendo Secretario General del INCIBA, Rubén Osorio Canales se incorpora a la República. Fue a la salida de una exposición de Mateo Manaure. Fuimos de allí a una fiesta en casa de Simón Alberto Consalvi, y allí comenzamos con la modalidad de los discursos en las fiestas. Ese día Rubén Osorio se hizo republicano.
Pero en la realidad, la primera vez que se nos reconoció públicamente como República del Este, fue en la Asociación de Escritores de Venezuela, en el año 1970; en un foro sobre Ramos Sucre del cual fue moderadora Gloria Stolk. Ese día fuimos todos y yo estuve en el panel con Don Fernando Paz Castillo y Juan Liscano. Ese día yo me reconcilié con Juan Liscano, al que tenía varios años sin tratar por razones políticas, Luis Camilo Guevara hizo una intervención absurda, que nada tenía que ver con lo que estábamos rabiando y la República fue admitida como tal”.
Páginas 3, 4, 5 y 6.
VII.
José María Salvador González (1947, España), vivió en Venezuela entre 1971 y 2007. Difícil resumir una trayectoria de estudio y producción intelectual como la suya. Dieciséis títulos universitarios, siete doctorados (unos en la Universidad Central de Venezuela, otros en la Complutense de Madrid, y uno en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (España), así como una ristra de estudios publicados, muchos de ellos dedicados a artistas venezolanos: Juan Félix Sánchez, María Teresa Torres, Carlos Cruz-Diez, Bárbaro Rivas, Jacobo Borges, Alirio Rodríguez, Manuel Cabré, Alejandro Otero y más.
VIII.
Virga virgo est Maria. El talle del lirio, un doble símbolo doctrinal en imágenes de la Anunciación (Editorial Aula Magna. Editorial McGraw-Hill Interamericana de España, 2025), es su más reciente libro publicado. Francisco Javier Pérez lo presenta y dice: “En el capítulo quinto se organiza una historia de las anunciaciones pictóricas en las que el tallo de lirio y su marco de representación edifican una simbología de sólido arraigo, en donde los textos pictóricos y los textos literarios vienen a corresponderse (aunque luego veremos cómo sobresalen los primeros sobre los segundos). El objetivo anhelado es determinar la simbología del tallo de lirio en las representaciones pictóricas de la anunciación, en un recorrido histórico en donde el autor hace gala de una sabiduría discreta y productiva”. Página 7.
IX.
Estoy en el deber de disculparme con Tomás Straka -que coordinó el dossier-, y con los cuatro autores que participaron con sus textos: Esther Mobilia Diotaiuti, Marielena Mestas Pérez, Jadwiga Cepianska y Carlos Balladares. Después de meses, recién encuentro en esta edición el espacio para publicar un dossier, a propósito de los 80 años de finalización de la Segunda Guerra Mundial. La voluntad del dossier es la de volver a la gran confrontación bélica desde una perspectiva venezolana o latinoamericana. Escriben:
Esther Mobilia Diotauti: Rockefeller y la guerra en América Latina: retrato de un conflicto silente (1939-1945): “Rockefeller se centró en la promoción de propagandas, noticieros, conciertos, entrevistas que generaran un impacto a través de imágenes contundentes y audios que ayudaran a reforzar la idea planteada. En cuanto al mundo de las artes, el tema siempre se vinculaba con la agenda cultural, incluyendo la promoción de exposiciones y giras, tal como la de la Orquesta Sinfónica de la NBC por Sudamérica durante los años 40 con la idea de fortalecer los lazos”.
Marielena Mestas Pérez: El martirio de Monseñor Montes de Oca: “Muy débil, porque no podía ingerir ningún alimento y con dolores abdominales producto de una hernia, Salvador Montes de Oca no se sostenía en pie, por lo que no era útil para los fines del Reich. Así que el 6 es separado del grupo de cautivos en compañía del prior don Martino Binz. Tras recibir fuertes golpes y agravios fueron ejecutados, a la orilla de un camino en Monte Magno de Camaiore”.
Jadwiga Cepianska: Mis suegros, Justos Entre las Naciones: “En 1942, Romana, su esposo Bolesław Kapłan y su hijo de seis años se encontraban en una situación de extrema vulnerabilidad en la ciudad de Lviv, hoy parte de Ucrania. En medio de las atrocidades de la ocupación nazi y las “acciones” de exterminio de la población judía, la familia Cepiński extendió su mano para ofrecer refugio”.
Carlos Balladares Castillo: Segunda Guerra Mundial: una mirada desde Venezuela: “El primer ataque se dio la madrugada del 16 de febrero de 1942 a “la flota mosquito”, el convoy de tanqueros petroleros que recorría las aguas venezolanas desde Maracaibo hasta Curazao. Al pasar frente a la Península de Paraguaná. a 30 kilómetros de Punta Macolla, fueron atacados por el U-502 del capitán Jürgen von Rosenstiel, el cual logró hundir al Tía Juana, el San Nicolás y el Monagas, siendo este último de bandera venezolana”.
Páginas 8, 9 y 10.
X.
Carlos Lizarralde –periodista, emprendedor, editor, creador del semanario Urbe (1996) y de la revista Radar (1997), ha publicado La Gran Venezuela. La larga historia de cómo se desmoronó todo (Editorial Dahbar, 2025). Dice en la entrevista que concedió a Keila Vall De La Ville: “Establecer que el petróleo ha marcado quienes somos supone olvidarse de nuestra historia. Hay una escuela que se desarrolla fuera de Venezuela, de historiadores, de críticos de arte, para quienes todo empieza en el siglo XX y el petróleo es un fenómeno que genera algo así como un culto religioso, una economía, una forma de ser y de pensar. Yo no podría estar más en desacuerdo. El petróleo es clave, pero pensar que Venezuela empieza en el siglo XX es continuar la ilusión de los adecos, una concepción que nos impide pensar correctamente, carente de crítica: negar la historia de un país”. Página 11.
XI.
Carlos G. Cruz H. nos cuenta del juicio que la dictadura de Francisco Franco realizó en contra de Rufino Blanco Fombona en 1945 (aunque había fallecido el año anterior), señalado por masón: “Culminada toda la fase de averiguación, recolección y análisis de pruebas, el día 2 de junio de 1945, en la ciudad de Madrid se reúne el “Tribunal Especial para la represión de la masonería y el comunismo”, a los fines de analizar y decidir sobre el (Sumario 735-44) del Juzgado Especial número 1, que corresponde al (documento 10.147) del Tribunal, por el delito previsto en la ley del 1 de marzo de 1940 contra el llamado “procesado rebelde”, Rufino Blanco Fombona, de 58 años de edad, para el año 1932 editor de profesión, con residencia en Madrid (…) Se señala, además, que el acusado no presentó declaración alguna ni retractación de haber renunciado a dicha organización, motivo por el cual Blanco Fombona estaba incurso en el delito de masonería previsto en los artículos 1.4 y 9 de la ley del 1 de marzo de 1940”. Página 12.
Por: Nelson Rivera, director del Papel Literario
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