fbpx
El 13 de enero se conmemora el Día Mundial contra la Depresión, una fecha oportuna para analizar el impacto de la soledad en el bienestar mental y físico de las personas

Por: Mayka Sánchez

La autora es periodista y editora. Redactora especializada en salud y cultura.

Vivimos en la era de las telecomunicaciones, de internet y de las redes sociales, porque jamás hasta ahora el ser humano ha tenido a su disposición tantos medios para la comunicación y, paradójicamente, nos hallamos en una etapa histórica que nunca como otra está sufriendo tanta soledad y falta de relaciones personales.

Prueba irrefutable de ello es cómo afectó este problema en España en un solo año del presente siglo a dos de los grupos etarios más vulnerables: 158.496 menores de 18 años llamaron al teléfono de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR), y 550.000 acudieron al Teléfono Dorado, en ambos casos, por soledad y falta de comunicación.

Otros grupos vulnerables que emplean teléfonos para solicitar ayuda serían los de mujeres maltratadas y/o que viven solas, inmigrantes y drogodependientes. En cuanto al momento estacional, los picos más altos de llamadas se observan en las fechas navideñas y en el mes de agosto.

Los expertos atribuyen este paradójico fenómeno del siglo XXI que va in crescendo  a unos grandes cambios de valores esenciales para la persona: la supremacía de lo material, del individualismo y de una feroz competitividad, junto a una falta de solidaridad y de sensibilidad al dolor ajeno.

¿Es posible depurar responsabilidades? ¿Quién o quiénes están implicados en este mal, que es como una lotería? Esto es: le puede toca a cualquiera. ¿Los gobiernos, las autoridades, la sociedad…?

En China se ha observado, por ejemplo, que la tradicional política de natalidad del hijo único llevó a los adolescentes a una soledad a la que se enfrentan refugiándose en internet, concretamente en los llamados chats de respuesta automática.

Aquí buscan lo que no encuentran en las relaciones personales, de las que carecen. Este hecho se ha producido en los últimos años, debido al rápido desarrollo del gigante asiático. La Academia China de Ciencias Sociales constató que el nivel de confianza entre sus ciudadanos se situaba bajo mínimos históricos y uno de cada cuatro ciudadanos “no confiaba en nadie”.

Esta situación personal conduce a depresión y a suicidios, que es la primera causa de muerte entre los jóvenes chinos de 18 a 34 años, según datos de un informe del Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de este país.

“La familia sigue siendo el mejor antídoto contra la soledad, sin que por ello en ciertas ocasiones tengan que intervenir los servicios sociales”, afirma el director del estudio La soledad en España, publicado en 2015 por las fundaciones ONCE y Axay liderado por el director de la cátedra de Investigación en Ciencias Sociales y Seguridad de la Universidad Europea de Madrid y catedrático emérito de la Universidad Complutense madrileña, Juan Díaz Nicolás, con la colaboración de María Morenos.

El estudio, en el que han participado 1.206 personas mayores de 18 años más 320 con algún tipo de discapacidad, revela que la soledad es uno de los males más silenciosos, invisibles y difíciles de detectar, responsable de un gran sufrimiento humano y su expansión en las sociedades industrializadas de las telecomunicaciones se debe en gran medida a los cambios socioculturales y económicos de los últimos tiempos.

En este estudio se han constatado algunas variables: ha aumentado sensiblemente el número de personas que viven solas en España; la soledad elegida o voluntaria es mucho menos frecuente que la impuesta u obligatoria; se han producido cambios sustanciales en la estructura familiar y ha aumentado la esperanza de vida.

Por otra parte, la sociedad es mucho más individualista y competitiva y menos solidaria. Han incrementado las enfermedades mentales y los suicidios y ha surgido una nueva forma de comunicación no presencial, a distancia, como son internet y las redes sociales.

La investigación revela que el 20% de los españoles vive solos (53% hombres; 47% mujeres) y el 80% restante acompañados (48% hombres; 52% mujeres). Apenas hay diferencias estadísticamente significativas entre solos o acompañados en cuanto a la profesión o el tipo de empleo.

Esta investigación distingue entre el solo voluntario, que ha elegido vivir solo, y el solo obligado, en que el vivir en soledad le ha venido impuesto por las circunstancias.

Para el primero no hay sufrimiento, en tanto que para el segundo sí, hasta el punto de llegar a desarrollar hipocondría seria, depresión, ansiedad, adicciones e incluso llegar al suicidio, si su grado de soledad es extrema y la vida carece de sentido.

Las personas de edad avanzada constituyen uno de los grupos más vulnerables Es más fácil sufrirla de este modo y grado en el medio urbano que en el rural, ya que ese cambio de valores al que antes se aludía también es mucho más patente.

Según los expertos, la soledad es una experiencia universal que ha acompañado siempre al hombre y no necesariamente con connotaciones negativas. Como tal término surge en el siglo XIII y más bien para referirse a situaciones momentáneas de diferente índole. No existe demasiada literatura científica estudiando el sentimiento como generador de procesos patológicos.

Los investigadores de este mal silencioso e invisible la definen como “la ausencia o falta de relaciones interpersonales”, y subraya que la persona es una ser social “que necesita crear vínculos afectivos y relaciones sociales y que no es capaz de atender sus necesidades si no se comunica, comparte y vive en sociedad y no tiene quien le ayude a romper ese círculo vicioso ”.

Apelan además a unos versos del poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda recogidos en Poemas del Alma: Cómo llenarte,soledad,/ sino contigo misma…  Esta idea procede de Aristóteles (siglo IV a. C.) y años después de Tomás de Aquino (siglo XIII), de donde parte hasta ahora.

La gran revolución que ha supuesto en las comunicaciones las redes sociales no palía de fondo el sentimiento de soledad, más bien lo enmascara. La mayoría de quienes buscan este sustituto para comunicarse suelen ser personas inhibidas, con baja autoestima, que ocultan el rico lenguaje no verbal y los múltiples matices del lenguaje verbal oído y hablado.

Otro gran problema es el riesgo de adicción que pueden crear, las falsas expectativas, el montaje de realidades mágicas paralelas, las decepciones de los demás, los engaños hacia los otros y para consigo mismo…

Los expertos admiten que no hay peor soledad que la que invade a una persona rodeada de otras: “Aquí falla la comunicación con los demás y también con uno mismo, genera un gran sufrimiento y el individuo la padece casi como una enfermedad, que puede conducir a comorbilidad o aparición de otras, como depresión, ansiedad o diferentes trastornos mentales u orgánicos”.

Diversos estudios revelan que quienes viven solos por imposición viven menos  años y tienen más riesgo de padecer factores de riesgo cardiovascular, enfermedades del corazón y cáncer: el gran sufrimiento que llega a causar en algunas de estas personas puede generar situaciones de inmunosupresión, de tal modo que su sistema inmunológico no responde como debería ante los agentes agresivos y es más fácil la aparición de enfermedades. Es un llamado de atención a repensar el impacto de la soledad no elegida.

Por: Mayka Sánchez