La sinergia entre psicólogos deportivos y cuerpos técnicos permite formar jugadores más preparados, seguros y adaptable
Autor: Gabriel Díaz | Tutora: Dra. Dioselina Vanegas

Gabriel Díaz es estudiante graduando de la Escuela de Psicología. Su especialidad es la psicología deportiva y cuenta con un diploma en Psicología del Deporte para el desarrollo de atletas brindado por el F.C. Barcelona. Ha trabajado con clubes de Panamá como el Panamá City F.C.
El fútbol es un deporte en constante evolución. Hoy, se juega de manera muy diferente a años atrás: el ritmo es más acelerado, las decisiones son más complejas y la preparación de los jugadores requiere un enfoque integral. En este proceso intervienen múltiples profesionales, desde el cuerpo técnico y los preparadores físicos hasta nutricionistas, analistas y psicólogos deportivos.
En los últimos años, el rol del psicólogo deportivo ha cobrado una relevancia particular. Esta disciplina no solo ayuda a los jugadores a manejar la presión y las emociones durante la competencia, sino que también fortalece habilidades que influyen directamente en el rendimiento, como la concentración, la toma de decisiones y la capacidad de reaccionar ante situaciones inesperadas.
Los procesos cognitivos que influyen al momento de realizar un deporte de alto rendimiento requieren una exigencia mayor a cuando se realiza ejercicio, o cuando se realiza un examen.
Con cada temporada, las exigencias físicas, perceptivas y mentales del fútbol moderno aumentan.
Por ello, es fundamental acompañar a los jóvenes desde sus primeras etapas de formación, brindándoles herramientas que les permitan desarrollar su confianza, autocontrol y capacidades cognitivas, tanto dentro como fuera del campo. Proporcionar las estrategias y el acompañamiento a los jugadores jóvenes desde las etapas formativas, ayudan a los mismos a aumentar su potencial.
Incorporar un psicólogo deportivo en un club o academia es, hoy más que nunca, una necesidad imperante.
Su trabajo no se limita a las sesiones individuales; también abarca la colaboración con los entrenadores para diseñar prácticas que estimulen habilidades mentales esenciales para el rendimiento óptimo.
El trabajo conjunto permite al entrenador mejorar las variables fisiológicas, biomecánicas y biológicas, mientras el psicólogo complementa la búsqueda de variables que mejoren o perjudiquen el rendimiento deportivo.
Dentro de este margen, resulta importante comprender como se desarrolla contextualmente el deportista para brindarles entrenamientos a los cuales los futbolistas puedan adaptarse.
Un claro ejemplo de esta interacción puede observarse durante un tiro penal. El pateador debe regular sus emociones, concentrarse en el objetivo e inhibir distracciones, mientras que el portero necesita anticipar movimientos, reaccionar con rapidez y procesar información en fracciones de segundos.
Resulta interesante entender cómo este procesamiento requiere evaluar su entorno y elegir la respuesta correcta. Este proceso ocurre en las áreas motoras de la corteza cerebral, la cual es controlada principalmente por el sistema nervioso central.
Si el jugador logra entrar en un estado de concentración total, donde está completamente inmerso y en control de la situación, y disfrutando de la actividad que realiza, se encontrará en el estado mental conocido como “estado de flow”.
Este tipo de procesos, aunque son invisibles para la mayoría, son determinantes para el éxito o el fallo de la jugada.
La sinergia entre psicólogos deportivos y cuerpos técnicos permite formar jugadores más preparados, seguros y adaptables, consolidando un enfoque moderno del fútbol en el que mente y el cuerpo avanzan juntos.
Autor: Gabriel Díaz | Tutora: Dra. Dioselina Vanegas

