Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología, repasa el impacto de la pandemia en los pacientes a seis años de la declaratoria de la emergencia
Por: María G. Dionis | Agencia SINC
El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia de COVID. Seis años después, muchos hacen el esfuerzo de olvidarla, pero otros tantos no pueden. En España, se calcula que entre 1,5 y 2 millones de personas tienen COVID persistente. En el mundo, podrían ser hasta 400 millones que sufren o hayan sufrido esta enfermedad, según un estudio publicado el pasado enero.
El síntoma más frecuente de esta enfermedad es la fatiga, pero se han reportado más de 200 diferentes, que incluyen la falta de memoria, la tos continua, pérdida de gusto y olfato, taquicardias, erupciones en la piel o alteraciones en la temperatura corporal.
La realidad es que una de cada diez personas que se infectan de COVID tienen síntomas que persisten después de la infección, y sigue ocurriendo en personas que se reinfectan ahora. Esto es lo que subraya Sonia Zúñiga, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología, quien cree que, en general, se tiene poco conocimiento sobre esta enfermedad.
Esta investigadora ha estado al pie del cañón en la investigación del coronavirus, y divulgando en medios de comunicación, desde el inicio de la pandemia. Zúñiga forma parte del equipo español del CNB que desarrolla una vacuna intranasal frente al virus SARS-CoV-2 que protege frente a las variantes más recientes y que hace poco reportó que ha mostrado seguridad en ensayos preclínicos hechos en ratones.
Como parte de este mismo grupo, la viróloga investiga también la COVID persistente, específicamente el mecanismo por el que una infección del virus SARS-CoV-2 en el pulmón llega a producir síntomas en otros órganos, como en el cerebro, algo que sigue sin esclarecerse. Así lo contó en una jornada de encuentro entre investigadores y pacientes de esta enfermedad de la asociación AMACOP celebrada el pasado 5 de febrero en el CNB.
Han pasado seis años desde que la COVID llegó a España, pero hay gente que sigue estando gravemente afectada. ¿Qué se ha averiguado en este tiempo de la COVID persistente?
Desgraciadamente, seguimos sin saber mucho. El diagnóstico de COVID persistente continúa siendo por exclusión. Los pacientes presentan síntomas muy variados (se han descrito más de 200) que pueden afectar prácticamente a cualquier parte del cuerpo, lo que dificulta enormemente identificar la enfermedad.
Otro elemento que complica el diagnóstico es que, al principio de la pandemia, era más fácil saber si alguien se había infectado. Hoy una persona puede pasar COVID sin saberlo. Si al mes empieza a tener síntomas cuyo origen desconoce, ¿cómo diagnosticar COVID persistente si no hay constancia de una infección previa?

¿Cómo se llega a tener covid persistente?
Es otra de las incógnitas. Casi todos los estudios se han hecho con cohortes de pacientes, que son datos valiosos, pero que ven solo un momento fijo, cuando la persona ya está sufriendo la enfermedad. Pero no sabemos cómo han llegado hasta ahí.
Hay diferentes factores de riesgo, como ser mujer de entre 40 y 55 años, el no haberse vacunado o revacunado, y reinfectarse. Nos olvidemos que sigue habiendo infecciones de COVID. Porque, además, ahora mucha gente que se vacunó al principio se está dejando de vacunar, y pueden volver a reinfectarse.
Las vacunas han funcionado muy bien y han evitado muchas muertes. Pero, desgraciadamente, con el tipo de vacunas que tenemos, la infección no la previenen y puedes volver a infectarte. Y reinfectarse es jugar a los dados: nunca sabes si serás la persona a la que le toque tener COVID persistente. Existe la percepción equivocada de que solo lo sufrirás si has tenido COVID grave, pero hay gente que lo padece aunque haya pasado una infección leve o sin saber siquiera que la ha tenido.
Además, creo que un problema ha sido que muchas personas han atribuido algunos posibles síntomas de covid persistente a las vacunas. Es un factor de confusión muy grande, pero difícil de combatir si no contamos con un buen diagnóstico.
Entiendo que sigue sin haber un consenso de lo que significa tener long COVID
Empieza a ver, no consenso, pero sí maneras de entenderlo según los síntomas. Puede ser neurológico o que afecte al sistema cardiovascular o gastrointestinal. Pero sigue siendo una clasificación por los síntomas. Sigue sin saberse qué es lo que hace que este virus, y no otros, dispare estos síntomas, que pueden durar incluso años y ser muy inhabilitantes.
¿Se podía prever que pasaría con el virus de la covid?
Hay otras infecciones con virus y otros patógenos que pueden dejar efectos duraderos, pero no es tan habitual en los virus respiratorios. Por ejemplo, hay estudios que, en modelos animales, han comparado la infección por SARS‑CoV‑2 con la causada por un virus de la gripe. Resulta que las consecuencias en los animales infectados con covid duran más tiempo y suelen ser más graves.
Y tampoco podemos saber qué ocurrirá a largo plazo. Se sabe desde hace tiempo que, tras la pandemia de gripe de 1918, muchos años después, el número de casos de párkinson aumentó exponencialmente. Ese es también uno de los temores actuales con la covid persistente: que pueda provocar efectos tardíos con el paso del tiempo.
¿Qué sabemos de cómo se llega a tener long covid?
Hay muchas teorías. La que más peso tiene es que la inflamación que causa la infección en el cuerpo, por algún motivo en estos pacientes persiste incluso cuando se ha eliminado el virus. Y esa inflamación puede transmitirse a otros órganos, incluso cuando no se han infectado. Pero tampoco sabemos por qué pasa. ¿Por qué se mantiene en el tiempo? ¿Por qué justo en estos pacientes no remite?
Hay otras teorías que apuntan a que algunos pacientes tengan más posibilidades de formar coágulos, que dañan tejidos lejanos. O que en pacientes con infecciones latentes con herpesvirus, de repente se activen y esto cause problemas.
Al final, estas hipótesis no son excluyentes. Puede ocurrir una en un paciente, y otra en otro. Es un problema muy complejo. Incluso se ha propuesto una influencia hormonal, por el hecho de que ser mujer de entre 45 y 60 años, una etapa con cambios hormonales fuertes, es un factor de riesgo.
Aunque hay casos en todas las edades, ¿no?
Sí, hay casos de COVID persistente en cualquier edad, incluso en niños. Lo que ocurre es que, por norma general, en las personas muy jóvenes o muy mayores los síntomas remiten antes, pero no ocurre siempre.
Se estima que un 10 % de los que se han infectado de COVID ha sufrido o puede sufrir COVID persistente, y miles de millones de personas se han infectado, por lo que es una cantidad muy alta de afectados, y cada uno tendrá su cauística. En general, los síntomas empiezan alrededor de los tres meses después de la infección, y pueden durar hasta seis meses, un año o varios años. De hecho, hay gente que se infectó en 2020 y aún tiene COVID persistente.
También puede ocurrir que, aunque los síntomas remitan, quedan algunas secuelas y el paciente no esté al 100 % como estaba antes de infectarse.
En vuestro laboratorio os centráis en los síntomas neurológicos de la COVID persistente. ¿Por qué?
Son los síntomas más incapacitantes. Pero nuestro objetivo general es entender cómo un virus que solo infecta el pulmón causa daños en el cerebro. Queremos ver, desde el momento inicial de la infección, cómo se desarrollan síntomas de COVID persistente: qué es lo que pasa y por qué ocurre.
Conocer este proceso nos va a permitir diagnosticarlo específicamente y no tener que contar solo con una variedad de síntomas. El objetivo es hallar un marcador que nos diga si una persona que se infecta podría desarrollar long covid. Así se podría vigilar su desarrollo. De momento, lo investigamos en ratones.
Por otro lado, si entendemos qué es lo que ha pasado, podemos encontrar tratamientos que sean específicos. Ahora mismo los tratamientos que se dan funcionan como ensayo y error en cada paciente, y son solo para los síntomas.
¿Cómo se tratan los síntomas neurológicos?

Los que se dan ahora son de ayuda a la neurocognición, por ejemplo, entrenar la memoria o procesos de entrenar el olfato de nuevo cuando el paciente ha sufrido anosmia. Pero hay otra serie de secuelas más difíciles de tratar y más difícil de recuperar.
Debe ser muy frustrante para los pacientes.
Como otros pacientes de enfermedades crónicas, los pacientes de COVID persistente son muy vulnerables. No podemos darles una solución ahora mismo, pero tienen que tener un acompañamiento, que entiendan lo que les está pasando y mejorar su calidad de vida todo lo posible. Porque tampoco podemos darle un pronóstico de cuándo van a remitir los síntomas o si van a remitir.
¿Cree que el long COVID es una enfermedad que la gente sigue teniendo en mente?
Es verdad que estamos todos muy cansados del coronavirus, hemos pasado una pandemia que ha sido muy dura, y la queremos olvidar. Pero tenemos que seguir diciendo a la gente que si te infectas otra vez puede pasarte.
Mi impresión personal es que no hay suficiente visualización de los pacientes de COVID persistente. También porque se piensa erróneamente que no es tan común. Tenemos que seguir sensibilizando.
Por: María G. Dionis | Agencia SINC

