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#3 de mayo: Consumo de frutas ¡sin excusas!

Foto: FAO

Comunicado FAO

En este día de la fruta, la FAO recuerda algunas alternativas para disminuir las barreras que limitan el consumo de estos alimentos y promoverlas como parte de la dieta saludable de toda la población. 

En diversas publicaciones, la FAO ha reiterado la importancia de impulsar la producción y consumo de las frutas y verduras, como un alimento que contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional, para todos los grupos poblacionales y en todas las edades.  

Con motivo del Año Internacional de las Frutas y Verduras 2021, el director general de la FAO reiteró en su momento la importancia de estos alimentos para el buen funcionamiento del cuerpo humano:

“Los beneficios de consumir frutas y verduras como parte de una dieta nutritiva son enormes. Los productos frescos no sólo son beneficiosos para los consumidores, sino también para el sistema alimentario”, dijo.

Y además añadió que este sector contribuye a incrementar la biodiversidad, generar sostenibilidad ambiental y mejorar los medios de vida de los agricultores y empleados a lo largo de las cadenas de valor.  

Entonces, considerando la importancia y beneficios que aportan, ¿por qué hay quienes continúan excluyendo las frutas y verduras en su dieta diaria?  

En el 2020, la FAO y la OMS compartieron algunos de los factores más comunes que influyen en la decisión de consumir las frutas y verduras, así como las recomendaciones para superar las barreras y fomentar su incorporación en la dieta de los consumidores. Aquí presentamos algunos de ellos.  

En primer lugar, la disponibilidad. Muchas frutas y verduras son de temporada y no están disponibles todo el año. Además, las grandes pérdidas durante la cosecha, el transporte y el almacenamiento reducen las cantidades disponibles en las tiendas y los mercados.  

Para esto, la FAO recomienda a los consumidores visitar mercados de abasto, ferias libres y comunitarias, que ofrecen productos de temporada a precios más convenientes.

Además de promover la reducción del desperdicio recordando que las frutas y verduras que no presentan un aspecto perfecto continúan teniendo las vitaminas y minerales que necesitamos para mantener una buena nutrición. 

Segundo, la asequibilidad. Las frutas y verduras pueden ser consideradas una parte relativamente onerosa en la dieta. Muchas personas prefieren invertir en carbohidratos simples de bajos costos, que llenan el estómago y son altos en energía; y añaden pequeñas cantidades de verduras y productos animales para dar sabor cuando están disponibles.  

Sin embargo, los expertos sostienen que las frutas pueden ser asequibles cuando se consumen los de producción local o cuando la producción está en su punto máximo, y es cuando debemos sacar un mejor provecho de ellas. Adicionalmente, los hogares pueden cultivar y comer sus propias frutas y verduras mediante los huertos caseros, como una práctica saludable, económica y de entretenimiento para todo el grupo familiar.  

Tercero, el comportamiento del consumidor. Ciertamente nuestros gustos están influenciados por nuestra cultura. De hecho, la comida es una parte importante de la propia cultura: lo que cocinamos y comemos determina en buena medida nuestra identidad.

Pero las culturas y las dietas suelen cambiar por el aumento de los ingresos y los estilos de vida acelerados, lo que se asocia con un mayor consumo de azúcar, aceites vegetales refinados, productos animales y alimentos altamente procesados, y un menor consumo de frutas y verduras frescas. 

En este punto, la FAO impulsa en cada país las Guías Alimentarias basadas en alimentos (GABA) como una herramienta para asesorar y empoderar a las familias en la inclusión de más frutas y vegetales en su plato a un bajo costo y con productos propios de su cultura.

En la mayoría de los países de nuestra región cuenta con sus propias GABA, las cuales recomiendan adquirir frutas y verduras de productores locales, no solo porque son más frescos y deliciosos, sino porque se apoya a la economía local, y se reducen costos tanto para las familias que las adquieren y para el medio ambiente. 

Finalmente, el conocimiento. Muchas veces las personas desconocen el verdadero aporte nutricional de las frutas y verduras en su salud y la de su familia, a lo que se suma las fuertes campañas que reciben de alimentos ultra-procesados en escuelas, oficinas y tiendas, en donde las bebidas azucaradas son más fáciles de comprar y consumir; y los dulces y snacks envasados tienen una mayor duración que la fruta fresca.  

Para contrarrestar esto, la Educación Alimentaria y Nutricional, la incidencia en los entornos educativos y el fortalecimiento de capacidades de los actores del sistema alimentario pueden ser acciones efectivas que ayuden a fomentar la adquisición permanente de hábitos alimentarios y estilos de vida saludables y responsables. 

Ahora bien, para que el consumidor pueda poner en práctica estas recomendaciones, todo el sistema alimentario debe impulsar importantes cambios en los entornos alimentarios, de manera que haya más acceso a frutas y a otras medidas regulatorias que reduzcan la demanda de bebidas azucaradas, comida chatarra y otros productos altamente procesados altos en sal, azúcar y grasas que compiten y dificultan la opción y percepción de que es, tanto posible y asequible, tener una dieta saludable.   

En términos generales, se necesitan intervenciones para ayudar a las y los pequeños agricultores a producir más frutas y verduras, educar a toda la población para que sean consumidores debidamente informados y promover el empoderamiento de las mujeres y poblaciones indígenas en estos temas, como guardianes de gran parte de la cultura alimentaria.

Con información de FAO

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