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Por: psicóloga Hisvet Fernández


Hisvet Fernández es psicóloga social, feminista, activista de los DDHH de las Mujeres y los Derechos Sexuales y Reproductivos, directora del Centro de Capacitación para la Vida (Cecavid). Integrante de la Alianza Salud Para Todas. Coordinadora del Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, núcleo Lara. 
@psicosexualhisvetf 
 hisvetfernandez@gmail.com
@psicohisvetfernandez

Entendemos que la salud integral desde el paradigma integrador de sus dimensiones bio-psico-social-sexual, se entiende identificando la perspectiva de la salud desde el género y la edad como categorías de análisis, para entender que la salud es diferencial para los distintos géneros y en las distintas edades y que siempre debe ser comprendida como un derecho humano. 

La OMS desde los años 60 estableció que la salud integral debe ser considerada como “Un estado general de bienestar físico, mental y social y no la mera ausencia de enfermedades, para la persona (de diferentes géneros, sexo y edades) y para la sociedad, teniendo acceso al perfeccionamiento de la vida humana, posible en cada época”.

Un concepto avanzado que lamentablemente ha quedado en el papel y no se ha traducido en una práctica real del ejercicio de la salud de manera integral. Tampoco se ha traducido en la incorporación del enfoque integral en la formación de las profesiones vinculadas a la atención de la salud, física, mental y social incluso la salud sexual.

Este concepto expresa un nuevo paradigma para entender la salud humana, porque asume la integralidad como principio, dándole carácter indivisible a las dimensiones que componen la salud.

Se comprende la salud como una situación social, ya que no se habla solo desde lo individual, sino que importa lo colectivo, la salud de la sociedad.

Este concepto de la OMS contiene la comprensión de la salud como un hecho histórico, que nos obliga a analizar las situaciones sociales, económicas, políticas de la época, ya que va a tener una incidencia en cómo se vive y ejerce el derecho a la salud.

Igualmente, se entiende la salud como un proceso dialéctico, de movimiento constante en el que en un momento se está sano o sana y al siguiente esa sensación o condición de sanidad se pierde.

Se asume la salud como derecho humano, por tanto, exigible, demandable y con una responsabilidad clara en el Estado para que existan las condiciones materiales para el ejercicio pleno del mismo.

Entendemos también que existen distintas formas de discriminación sobre las mujeres y según su edad, en particular las mujeres de la tercera edad, desde una mirada interseccional. La discriminación por género y la discriminación por edad es conocida como edadismo y es de los principales problemas a superar.

La discriminación por edad o edadismo, es la estereotipación y discriminación contra personas, en particular mujeres o colectivos por motivo de edad. Incluye creencias, normas, valores y prácticas generalizadas que justifican la discriminación de las personas según su edad.

Se expresa en forma de bromas, chistes y expresiones peyorativas que están naturalizadas, pero afectan la autoestima de las mujeres particularmente. “Eres una vieja loca”, “Es que estás muy vieja para entender”,  ”Son cosas y manías de vieja” y muchas más.

El llamado Síndrome de Blanca Nieves es propio de mujeres de la 3ra edad influenciadas por estas creencias tan dañinas explicadas como el edadismo. Las mujeres sienten inseguridad sobre su imagen y tienen mucho temor a la vejez, lo que les produce frustración con sus consecuentes síntomas de malestar, agresión, ansiedad y depresión.

Las mujeres son presas de distorsión del autoconcepto y baja autoestima; sentimientos de rivalidad y envidia hacia mujeres más jóvenes; preocupación y obsesión por la apariencia física; coqueteos con personas mucho más jóvenes; miedo a estar solteras y a la “soledad”; Aumento de salidas a sitios en búsqueda de conquistas y mayor consumo de alcohol y otras drogas. Esto naturalmente afecta su bienestar general y las somete a situaciones de alta vulnerabilidad.

De allí la importancia de estar informadas sobre esta realidad y conocer y practicar los autocuidados femeninos para una salud integral como estrategias de empoderamiento de su conciencia de sí y para sí mismas: acciones prácticas de autocuidado en áreas diferentes como: su salud mental, física, sexual y social. Planteando estas dimensiones como indivisibles y dentro de una dinámica dialéctica a lo largo de toda la línea de vida de las mujeres, resaltando lo que sucede en la tercera edad de estas.

Por: psicóloga Hisvet Fernández