El vuelo que salva a la humanidad

Violeta Villar
Humedales en la Bahía de Panamá, en el sitio monumental de la Panamá La Vieja

El estudio de especies migratorias como la reinita protonotaria permite determinar la calidad de los humedales que les dan refugio y generar estrategias para su conservación en resguardo de la existencia tanto animal como humana. Es muy sencillo: si el agua está contaminada y las aves se enferman, de igual modo enfermará el ser humano. Este reportaje fue elaborado hace algún tiempo cuando no existía cuarentena por covid-19 ni la pandemia podía imaginarse. Sin embargo, tiene plena vigencia y con estas letras queremos rendir homenaje a Panamá La Vieja, en sus 501 años, porque justo este manglar se sitúa en el sitio histórico y monumental que dio inicio a la historia de la ciudad. Panamá La Vieja fue fundada el 15 de agosto del año 1519 y se le considera el primer asentamiento de Europa en la costa americana que mira hacia el Pacífico.

Le encantan las aves. Tocarlas y contemplarlas. Sin embargo no es la razón de peso que anima a Catherine Viverette a estudiar el comportamiento de las especies migratorias. La razón va más allá y son las señales de alerta que pueden transmitir las aves sobre el deterioro del ambiente y su indudable impacto en la flora, la fauna y la especie humana.

Profesora del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia (Virginia Commonwealth University en inglés), explicó en el momento de esta entrevista, que aves como la reinita protonotaria(Protonotaria citrea) constituyen especies de importancia crucial para conocer la calidad de agua “porque si es importante para las aves también lo es para nosotros”.

La reinita presume de un color amarillo vistoso. Su brillo y esplendor indican que los alimentos son de buena calidad y su hábitat se encuentra en condiciones óptimas, punto a favor del ambiente.

Si ocurre lo contrario, los científicos encienden las alarmas en aras de lograr respuestas oficiales.

Los mineros, recordó, solían utilizar a los canarios para determinar la calidad del aire en las minas. Apenas las aves comenzaban a mostrar síntomas de malestar, sabían que continuar camino podía ser letal.

La reinita protonotaria cumple labor similar pero, en este caso, al revelar a los científicos, con los signos de su organismo, si los humedales (manglares, marismas, deltas, pastizales…)  ameritan o no intervención.

Caben en una mano. Son curiosas y muy ágiles. El sitio oficial allaboutbirds.org, cuenta que el título de “protonotarias” hace referencia a las túnicas de color amarillo que distinguen al protonotario, título entregado a un prelado distinguido por la Iglesia católica.

Viven en Estados Unidos y Canadá, países donde se reproducen. Sin embargo, cuando apenas el invierno da señales de aparecer, inician vuelo hacia lugares más cálidos de la costa de México, países de Centroamérica como Panamá y América del Sur.

El viaje de ida es pausado: pueden durar hasta dos meses mientras llegan a los sitios de “veraneo”. En el retorno sí apuran el vuelo (en promedio tres semanas) porque las anima la tarea de reproducirse.

Desde el año 2011, como parte de las labores del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, se ocupan de estudiar los elementos que están afectando a las aves migratorias y la pérdida de hábitat, en particular de humedales, es la causa principal.

Estas aves, a diferencia de otras especies, anidan en las cavidades de los troncos de árboles podridos. Por eso, pueden parecer destinados a la tala, pero cumplen una función vital para el equilibrio de la reinita.

En allaboutbirds.org documentan que las poblaciones de estas aves están disminuyendo a un ritmo acelerado: 1% por año. Entre 1966 y 2015, se registra una pérdida acumulada de 42%.

El esfuerzo de los científicos es de ida y vuelta: cuidan los lugares de reproducción de la reinita protonotaria (y también de la variedad reinita acuática norteña), en este caso en los Estados Unidos, pero también se ocupan de los sitios a los cuales acuden durante las temporadas de migración.

Los humedales no solo sirven para la protección de las aves. Las hojas alimentan los fangos con presencia de animales microscópicos que luego comerán las aves playeras. Ese fango también hace posible el ciclo de vida inicial de camarones y peces.

A los humedales se les considera el tesoro del agua y los “riñones” de la naturaleza por su capacidad de filtrarla.

Actúan como esponjas en caso de inundaciones y son barreras protectoras para evitar la erosión de las costas. Incluso, si no lo sabe, su presencia puede evitar que los vientos vuelen el techo de las casas.

Monitorear el vuelo con alta tecnología

Elizabeth Ames, por sus estudios de doctorado en la Universidad Estatal de Ohio (Ohio State University en inglés), dedicó su trabajo de investigación a la reinita protonotaria.

En particular, con el apoyo de la Sociedad Audubon Panamá, realizaba visitas frecuentes a los manglares del sitio arqueológico de Panamá Viejo y del corregimiento de Juan Díaz, en el distrito capital de la ciudad de Panamá, uno de los refugios del ave durante el duro invierno en América del Norte.

Ames, en el año 2017, hizo un estudio particular en los humedales de Panamá, utilizando la tecnología nanotag, diminutos transmisores que le colocan a las aves y permiten monitorear sus movimientos.

Aprovechó que Panamá es pionero en Centroamérica en contar con estaciones de radio de telemetría automatizada (sistema conocido como Motus) que permite dar seguimiento a la vida silvestre.

La Sociedad Audubon Panamá, con el apoyo de expertos del Bird Studies Canada (asociado a BirdLife International), logró establecer estos centros de monitoreo en áreas aledañas al Canal, explicó Rosabel Miró, directora ejecutiva de la Sociedad.

Entre otras razones, a Panamá llegan 177 especies de aves migratorias. En su mayoría, sostiene Miró, vienen de Canadá y Estados Unidos y en menor proporción de América del Sur.

Entre otros resultados de la investigación de Ames, y que también se extrapolan a humedales de la región, se determinó que las aves con hábitats de calidad menor deben trasladarse mucho más porque no cuentan con todos los requerimientos alimenticios. En mejores ambientes, se movían menos.

Incluso, la directora ejecutiva de la Sociedad Audubon Panamá, advierte que en la actualidad hay un gran problema con las aves migratorias procedentes de América del Norte: la destrucción de los hábitats las obliga a realizar largos recorridos. Es un viaje más cansado; pasan hambre y sed e incluso corren el riesgo de morir.

La conclusión deriva en la necesidad de hacer esfuerzos en la conservación de los manglares para procurar el bienestar de las aves y, por tanto, del ciclo de la vida.

La práctica del anillado

El anillado es el sistema tradicional para estudiar las aves migratorias y conocer información relevante.

Cada parte del ave es sensible así que el proceso de anillado es muy delicado: Las patas por su fragilidad; las alas porque les permiten volar y la cabeza por el conjunto de los ojos y el pico.

Un detalle curioso: así como los niños cambian los dientes, las aves reemplazan sus alas durante el primer año por unas de mejor calidad.

Los anillos son de metal; livianos y con un código. En tamaño son proporcionales al diámetro de la pata: imagínese la del colibrí en comparación con la del águila.

El anillado procede con unas pinzas especiales que permiten insertar la pieza en la pata del ave sin causarle daño. Por lo general se coloca en la pata derecha. En la izquierda, se estilan anillos de plástico, de colores, conforme al código interno de los investigadores, para registrar año y lugar.

Estos datos de valor se complementan con los datos geográficos del lugar donde se realizó el procedimiento y se documentan en una hoja de registro.

De modo posterior la información es ingresada en el sitio web que comparten el Servicio Geológico de los Estados Unidos (Usgs por sus siglas en inglés), las entidades ambientales de Canadá, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de México y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) también de México(https://www.pwrc.usgs.gov/bbl/bblretrv/index_v_sp.cfm).

Si una persona por casualidad se encuentra un ave anillada lastimada o muerta, en la web hay tres opciones básicas para reportar los números que

aparecen en el anillo de metal:

-Yo encontré el ave o estoy reportándolo por otra persona.

-Yo soy un anillador de aves o asistente.

Yo trabajo para el gobierno federal, estatal o provincial.

La última etapa luego del anillado es soltar al ave para que se vuelva a encontrar con la libertad. Las manos deben rodearla con cuidado y extender de manera progresiva las palmas como plataforma y ayuda para estas viajeras incansables.

Aulas verdes

La Sociedad Audubon Panamá impulsa el proyecto de Aula verde en escuelas del país, con la tarea siempre provechosa de sembrar en los niños el amor hacia la naturaleza.

Rosabel Miró, directora ejecutiva de la Sociedad, quien comenzó su pasión por las aves cuando la invitaron a una gira de observación nocturna de búhos, destacó en el momento de esta entrevista, el valor de Panamá por su competitividad en el tema del turismo de observación de aves, por sus buenas conexiones y expertos en observación.

Parte del trabajo de la Sociedad Audubon de Panamá se ha enfocado en crear conciencia sobre la importancia del país como paso de especies migratorias, además de apoyar a quienes se desempeñan de manera activa en el cuidado de los tesoros verdes.

Violeta Villar Liste
redaccion@lawebdelasalud.com

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