Cuando la crítica es amordazada, la cultura es sometida a una simplificación peligrosa, siempre, que amenaza con convertir el criterio en mera especulación argumentada con frases de autoayuda
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Reseña por: Pedro Crenes Castro

La simplificación de la literatura comienza con llamarla «difícil»: «es que escribe muy enredado», «es que es muy complejo»
Literatura: la gran simplificación
La crítica no está de moda. Hay un miedo enfermizo a salirse del tiesto, del plano, o de la luz iluminadora de tal o cual «amistad» (léase contacto) que nos permita estar en la papa, entre los llamados a «participar» o ser invitados a tales o cuales eventos. Cuando la crítica es amordazada, la cultura es sometida a una simplificación peligrosa, siempre, que amenaza con convertir el criterio en mera especulación argumentada con frases de autoayuda.
Este miedo nace del desplazamiento de la Literatura del centro que debe ocupar en la búsqueda del criterio. La simplificación a la que la hemos sometido en Panamá nos está llevando a quedarnos solo con el libro, que es un objeto tecnológicamente insuperable, pero que sin contenido literario es solo eso, un objeto. Hemos decidido, por una suerte de pereza bien inoculada en el tejido cultural, que Literatura es «el libro».
Decir esto, ejercer criterio sobre su contenido, lo que llamamos crítica, termina siendo un estorbo molesto que hemos aprendido a someter con abundantes dosis de indiferencia.
La simplificación de la literatura comienza con llamarla «difícil»: «es que escribe muy enredado», «es que es muy complejo». Es más fácil leer literatura romántica que El Desván, aunque la novela romántica tenga trescientas páginas, y El desván muchísimas menos. «Yo es que escribo fácil», «es que ese escritor escribe fácil», sigue la simplificación, porque lo que se impone es no complicarse la vida y no complicársela a los lectores, claro: yo leo simple, escribo simple.
Y de allí nos queda, claro, el objeto libro, solo el objeto, al que correctores simples (editor es otra cosa), porque hay que comer, le dan luz verde para publicarse. Y ya está el cuadro completo de simplificación de la literatura: mal lector, mal escritor, mal corrector/impresor, mala literatura.
Se olvida la literatura en favor de un objeto para vender, que encierra la gran mayoría de las veces, sueños, metas y otras satisfacciones personales, y hasta quizás buenas intenciones, pero eso no convierte al objeto libro en literatura.
Cuando escuchamos a youtubers, programas «literarios», pódcast y demás transmisiones en las redes, notamos en el lenguaje que su relación con la literatura es más bien poca.
Hay de fondo muchos libros, hay un esfuerzo por hablar de la lectura, pero se nota que no terminan de conocer la materia de la que hablan y confunden, otra vez, la industria librera con la Literatura, y se nota que están a favor de un ecosistema del libro que esté lejos de ella porque no la conocen, de tal manera que, cuando se la menciona, inmediatamente esgrimen el recurso de «es que es muy enredado», y la rueda (el cuadro) vuelve a ponerse en marcha. Algunos ya reconocen abiertamente que no leen, y no saben lo que es, por ejemplo, un «clásico» literario.
Cuando se olvida la literatura se olvida una gran parte del acervo cultural de un país, en este caso, Panamá.
El depósito de la memoria colectiva, que es un mosaico de las perspectivas de miles de panameños a lo largo de la historia, está consignado en libros: la mayor parte de lo que vamos a aprender en la vida lo haremos por medio de la lectura, y simplificarla, amando el vender libros, escribiéndolos de manera artificial y escudando esto en una democratización del oficio de escribir, no es otra cosa que una excusa egoísta que expone a que lo que se consigne sobre nuestro país, su memoria, termine en manos de otros que nos contarán como ellos quieren.
Sin la centralidad de la literatura solo tenemos un montón de papel impreso encuadernado.
Urge una reforma reflexiva sobre la centralidad de la literatura. Tenemos más de cinco escritores exportables en Panamá en todos los géneros, que se merecen más cobertura, más visibilidad, más distribución.
Tenemos poetas, novelistas, cuentistas, guionistas y dramaturgos de excelente nivel, que están viajando y representando la literatura panameña, pero el sistema cultural y del libro está encandilado con cifras (números de autopublicaciones, de «me gusta», de visualizaciones, de ejemplares vendidos), prefiriendo hablar de la venta de libros por no comprender el contenido literario de estos.
Es una vieja lucha que hay que seguir dando para no caer en el servilismo de las cifras que solo miden el momento.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

