Orgullosas de nuestra identidad

Estefanía Cubillos Nova Foto: Gabriel Elliot

Por Estefanía Cubillos Nova

Al imaginarnos un mundo liderado por mujeres es probable que pensemos en Michelle Obama o Malala Yousafzai, por ser destacadas lideresas que han alcanzado grandes hitos y cuyo trabajo es motivo de inspiración para otras niñas o mujeres a nivel mundial.

No obstante, yo siempre busqué una afinidad directa en esas figuras públicas, y nunca la encontré.

No creí que se tratara de una barrera idiomática, ideológica o geográfica. Mi inquietud crecía, y fue así que empecé a investigar, buscando encontrar las respuestas adecuadas a todas las dudas que tenía sobre los liderazgos de las mujeres, que no se asemejaban a mi realidad.

Transcurría el año 2013, cuando conocí a Marissa Martínez, procedente de Panamá, una mujer líder y con discapacidad visual, que constantemente comparte poderosos mensajes de lucha a otras compañeras en su misma condición. Conocerla y escucharla fue algo que me marcó para siempre.

Cuando la conocí me cautivaron sus enérgicas palabras, que me infundieron un sentido de seguridad en mi propia identidad.

Al escucharla, comprendí que aquella afinidad que buscaba estaba en mi capacidad no solo de sentir orgullo de mi identidad, sino de infundirlo también a otras compañeras, sin olvidar lo que implican las situaciones particulares y diversas de cada una de nosotras.

Una foto de Estefanía Cubillos Nova Junto a Marissa Martinez
Una foto de Estefanía Cubillos Nova junto a Marissa Martínez

Hoy, años más tarde, me permito reconocer que, sin la voz fuerte y bien encaminada de Marissa, jamás hubiese dado un paso adelante para luchar desde los movimientos asociativos y exigir los derechos que a todas las mujeres con discapacidad nos corresponden.

Es indispensable que las niñas con discapacidad,aprendan a aceptarse y estar orgullosas de su condición desde temprano.

Este es un factor de vital importancia que aún no se discute en el hogar, la escuela, ni en la comunidad.

En este contexto, encontramos muchos obstáculos para generar una verdadera incidencia en pro de las mujeres con discapacidad. Desde los comentarios que se hacen en nuestros hogares hasta el contenido que se genera en los medios de comunicación, las personas con discapacidad crecemos, desde la infancia, rodeadas de estigmas asociados a la lástima, la imperfección y el rechazo.

En mi caso, recuerdo el tiempo en que no utilizaba el bastón blanco para desplazarme por temor a ser ignorada en el colegio, o cuando evitaba comer en lugares públicos para que las miradas de la gente no se concentraran en mí.

Con gran asombro pude constatar años más tarde que otras amigas ciegas vivieron lo mismo. Entonces, tuve la certeza de que era el momento de actuar y modificar todo de raíz.

Volviendo al relato de Marissa Martínez, rescato cuán fundamental es asumir y apropiarnos de la discapacidad como una condición que forma parte de nuestra existencia, desde una perspectiva orgullosa y optimista.

Tal como ella lo afirma, “no importa cuál sea nuestra condición. Nosotras tenemos el deber de sentirnos orgullosas por ser mujeres con discapacidad, es un derecho que nadie puede limitar. Nuestras virtudes y potencialidades no tienen por qué reducirse al liderar y disfrutar del mundo. También nos corresponde dejar de avergonzarnos o esconder que tenemos dificultad para ver u oír”.

La fórmula para avanzar y crear nuevos liderazgos está en nuestras manos. Tenemos que empezar a inculcar la importancia de sentirnos a gusto con nosotras mismas y con lo que representamos.

Ya no queremos que se nos proyecte bajo la nefasta perspectiva de caridad e infantilización eterna. Nunca estuvimos dispuestas a ello. Es hora de que alcemos nuestras voces y ocupemos lugares de liderazgo, porque cuando las mujeres con discapacidad lideramos, las comunidades prosperan.

Sobre la autora
Estefanía Cubillos es periodista, disfruta viajar y es egresada del Instituto Sobre Liderazgo y Discapacidad 2019 (WILD) impartido por MIUSA. Este artículo fue publicado de manera original en Medium.com con el apoyo de Women Enabled International y gracias al respaldo de la organización MADRE, a través de su programa VIVA Girls.