El reconocimiento de la OMS es la herramienta legal y política que los sistemas de salud necesitaban para intentar cerrar brechas
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI, CNI-CSS

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
La Organización Mundial de Salud (OMS) aprobó durante su 78a Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra, Suiza, una resolución histórica que priorizará la salud renal en su agenda global, y que supone, por primera vez, el reconocimiento de la Enfermedad Renal Crónica ERC como un problema reciente de salud pública en todo el mundo, y también la carga sanitaria, económica y social que supone para los sistemas de salud mundial y para los pacientes.
Durante mucho tiempo, la Enfermedad Renal Crónica (ERC) estuvo a la sombra de los «cuatro grandes» (enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas). Su inclusión formal como una enfermedad no transmisible (ENT o NCD en inglés) prioritaria cambia las reglas del juego.
Movilización de recursos y presupuesto

Al ser catalogada oficialmente como una ENT prioritaria, la ERC entra en los radares de los ministerios de salud para la asignación de fondos.
Muchos países no tienen programas específicos de prevención renal, dejando que la enfermedad solo se tratara cuando ya es terminal (diálisis o trasplante), lo cual es sumamente costoso, y peor aún, muchos países no tienen presupuesto para estas terapias de alto costo.
La OMS reconoce ahora que la salud renal está intrínsecamente ligada a otras condiciones. Existe una relación bidireccional: la diabetes y la hipertensión son las principales causas de ERC, y esta a su vez, uno de los mayores factores de riesgo para sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares. Tratar el riñón es, en esencia, proteger el corazón y el sistema vascular completo.
La ERC es conocida como una «enfermedad silenciosa» porque no suele presentar síntomas hasta que el daño es avanzado. La importancia mundial de este reconocimiento radica en promover el tamizaje (pruebas de sangre y orina) en la atención primaria, permitiendo intervenir antes de que el paciente necesite terapias de reemplazo renal.
Equidad en Salud Global

Existe una brecha enorme entre países ricos y pobres en el acceso al tratamiento. La inclusión por parte de la OMS ayudará para que se reduzca el costo de los medicamentos nefropatoprotectores, se mejore el acceso al trasplante y la diálisis en regiones vulnerables, y se reconozcan factores ambientales (como la ERC de causa no tradicional que afecta a trabajadores agrícolas en Centroamérica y Asia).
Se estima que más de 850 millones de personas en el mundo padecen algún grado de enfermedad renal. Esto es el doble de la cantidad de personas con diabetes y 20 veces la cantidad de personas con VIH/SIDA.
Es un paso gigante para que dejen de ser «pacientes invisibles» en las políticas de salud. La inclusión de la Enfermedad Renal Crónica (ERC) en la agenda de ENT de la OMS será un catalizador de cambio para América Latina, una región donde la desigualdad económica dicta, literalmente, quién sobrevive a una falla renal.
Frentes críticos en Latinoamérica

América Latina, específicamente El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y Panamá ha sido el epicentro de una epidemia única: jóvenes trabajadores agrícolas que mueren de falla renal sin tener diabetes ni hipertensión.
Antes se consideraba un problema local o laboral aislado. Ahora, gracias al marco de la OMS, se reconoce como un problema de salud pública regional vinculado al estrés térmico, la deshidratación severa y el posible uso de agroquímicos. Esto conducirá a los gobiernos a implementar protocolos de hidratación y descanso obligatorios en las plantaciones.
En muchos países latinoamericanos, el tratamiento de la ERC en etapas terminales (estadios 4 y 5) consume entre el 2% y el 4% del presupuesto total de salud, a pesar de que estos pacientes representan menos del 0.1% de la población.
Bajo el paraguas de las ENT, países como México, Colombia y Chile están moviendo recursos hacia la nefroprevención. Se han creado programas de «Riesgo Cardiovascular y Renal» que integran el monitoreo de la creatinina y la albuminuria en los chequeos de rutina, buscando frenar el avance de la enfermedad antes de que el paciente llegue a requerir una máquina de diálisis.
América Latina tiene tasas de trasplante muy dispares (Uruguay y Argentina lideran, mientras que otros países tienen tasas mínimas).
La prioridad de la OMS impulsará leyes de «donante presunto» y el fortalecimiento de las redes de procura de órganos. Al ser una ENT prioritaria, el trasplante ya no se ve como un lujo médico, sino como la opción más costo-efectiva para el Estado a largo plazo frente a la diálisis perpetua.
Desafíos que persisten en la Región
A pesar del reconocimiento de la OMS, Latinoamérica enfrenta barreras estructurales:

En América Latina, la ERC es una enfermedad de la pobreza. Los pacientes de bajos recursos suelen ser diagnosticados en salas de urgencias ya necesitando diálisis inmediata, sin haber pasado nunca por un nefrólogo.
El reconocimiento de la OMS es la herramienta legal y política que los sistemas de salud necesitaban para intentar cerrar esta brecha.
Cada año, la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud es una oportunidad que tienen los líderes de las organizaciones internacionales de Nefrología para presentar temas que ayuden a los tomadores de decisiones a entender con evidencia científica, los temas que más afectan a los pacientes y como dirigir los esfuerzos humanos y económicos hacia una mejor salud.
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI, CNI-CSS

