“La desinformación tiene un impacto especialmente dañino en los menores, que pueden interpretarla de forma más literal y generar mayor ansiedad o confusión”
Con información de la AEP
Los niños, niñas y adolescentes necesitan información en situaciones de guerra, catástrofes o sucesos de gran impacto, pero no cualquier información ni en cualquier momento. Así lo advierte la Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de sus Comités de Bioética y Salud Mental, que defienden la necesidad de acompañar, filtrar y adaptar los contenidos a la edad y madurez de los menores, con el objetivo de proteger su bienestar emocional y ayudarles a comprender la realidad sin generar miedo o confusión.
La especial vulnerabilidad de niños y adolescentes ante la exposición mediática en estos contextos es otro de los puntos principales que recoge el documento ‘Uso de menores en los medios de comunicación y acceso a la información en situaciones adversas’, que acaban de publicar estos Comités de la AEP.
Acceso a la información, sí, pero con acompañamiento y supervisión
Los expertos recomiendan limitar la sobreexposición a noticias en estas ocasiones, especialmente cuando son repetitivas o muestran imágenes impactantes, así como ver la información junto a un adulto que ayude a interpretarla correctamente.
Además, insisten en la importancia de adaptar las explicaciones a la edad, la madurez y experiencia emocional del niño, con mensajes simples y tranquilizadores en los más pequeños y mayor contexto en adolescentes, así como supervisar el uso de redes sociales, donde circulan contenidos no filtrados y a menudo perturbadores.
La AEP incide en la necesidad de estar atentos a posibles señales de malestar emocional, como miedo, irritabilidad, alteraciones del sueño o preocupaciones persistentes.
“La desinformación tiene un impacto especialmente dañino en los menores, que pueden interpretarla de forma más literal y generar mayor ansiedad o confusión”, añade el doctor José Antonio Salinas, coordinador del Comité de Bioética de la AEP.
El interés del menor, por encima del interés informativo
La AEP recuerda que la difusión de imágenes, vídeos o datos identificativos de menores en situaciones de duelo, shock o extrema vulnerabilidad puede tener consecuencias emocionales, sociales y reputacionales duraderas, no solo para los propios niños, sino también para sus familias y su entorno cercano, por lo que requiere un tratamiento informativo respetuoso.
“El periodismo responsable debe contribuir a la comprensión de los hechos, no al impacto emocional innecesario”, apunta el doctor Salinas.
El documento insta a evitar testimonios directos de menores, incluso cuando ellos mismos expresen su deseo de hablar. “No tienen plena capacidad para anticipar las consecuencias de una exposición pública”, alega el pediatra.
Asimismo, se solicita proteger el contexto, ya que incluso imágenes de familiares, compañeros o centros educativos pueden permitir la identificación del menor. En la era digital, lo publicado permanece indefinidamente, reavivando el dolor en el presente y afectando el futuro de los niños implicados.
Desde los Comités de Bioética y Salud Mental advierten, igualmente, sobre los efectos del sensacionalismo informativo. “La repetición innecesaria de imágenes traumáticas y la difusión de detalles morbosos revictimizan a quienes ya están sufriendo”.
Con información de la AEP

