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En el año 1935, mediante el Decreto N° 29 del 29 de mayo, se creó oficialmente la Universidad Nacional de Panamá, bajo la dependencia de la entonces Secretaría de Instrucción Pública, durante el gobierno del presidente de la república, Dr. Harmodio Arias Madrid

Texto: Félix E. Villarreal V. | Revista Hacia La Luz

Luego de la firma del Decreto N° 29 del 29 de mayo, que creó oficialmente la Universidad Nacional de Panamá, el entonces subsecretario de Instrucción Pública José Pezet, mediante el Decreto N° 30 del 31 de mayo de 1935, fue el encargado de nombrar los primeros profesores de la que pasaría a ser oficialmente la Escuela o Facultad de Derecho (antes Escuela Libre de Derecho), de la nueva universidad del país.

Nuestra Universidad de Panamá ha sido la rectora en la formación académica, integral, científica, tecnológica y profesional a nivel nacional. Hoy con más de 300 mil graduados que, a lo largo de estas casi nueve décadas, ha aportado profesional y significativamente en la ciencia, la tecnología, el desarrollo y evolución de nuestro país.

Frente a esta realidad, históricamente sustentada en el tiempo, me permito entonces aportar un tanto en la dirección de conocer y de refrescar a su vez sobre las génesis de la creación y nacimiento de nuestra hoy máxima casa de estudios.

En ese sentido tenemos que, en el año 1935, mediante el Decreto N° 29 del 29 de mayo, se creó oficialmente la Universidad Nacional de Panamá, bajo la dependencia de la entonces Secretaría de Instrucción Pública, durante el gobierno del presidente de la república, Dr. Harmodio Arias Madrid.

Este, sin dudas, fue un gigantesco paso histórico del país naciente como nueva República. Desde ese momento, a través de la preparación académica a nivel superior, iniciaría el camino para la formación de nuevos profesionales y la búsqueda del nuevo Desarrollo Nacional ampliamente sustentado en las ciencias, la cultura y el conocimiento.

El decreto ley fue la antesala a lo que posteriormente pasaría a ser aquel momento histórico del 7 de octubre de ese mismo año, con la oficialización inaugural de la Universidad Nacional de Panamá a cargo del Dr. Harmodio Arias Madrid, en el Aula Máxima del Instituto Nacional, histórico y emblemático bastión del pensamiento crítico y de diversas luchas generacionales.

Frente aquella naciente institución de la academia y de la educación superior, vale resaltar un extracto del discurso presentado por el Dr. Harmodio Arias en aquella ocasión inaugural: “Es natural, y así debemos esperarlo quienes estamos acostumbrados a abandonar el plano de la realidad para perdernos en los espejismos de la quimera, que la vida de la Universidad será al principio ardua y tropezará con los obstáculos y con la resistencia de toda actividad que se inicia.

No faltarán los pesimistas que le augurarán corta vida por considerar que la República de Panamá, resulta pequeño asiento para una obra cuyas proyecciones deben ser y serán de vasta magnitud; no faltarán los apasionados que por esa estrechez de miras que produce el ofuscamiento aún en ciertos ánimos bien cultivados, le atribuirán una función muy limitada a este templo de ciencia que, aunque modesto, aspira y llegará sin duda a fines amplios y de elevada trascendencia”.

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Cabe destacar además que, a solicitud del entonces presidente Dr. Harmodio Arias, fueron designados el Dr. Octavio Méndez Pereira y el Dr. José Dolores Moscote, como los encargados directos de estructurar y organizar la apertura formal de los cursos académicos en la que sería la nueva Universidad del pueblo panameño.

En este recorrido, como un dato histórico adicional, pero igualmente importante, es que, durante el periodo de mandato gubernamental de Acción Comunal, los abogados Demetrio Porras y Américo Valero, estimulados y orientado por Jeptha B. Duncan con el apoyo discreto de Octavio Méndez Pereira, crearon la Escuela Libre de Derecho. Y es precisamente mediante el Decreto N°55 del 29 de mayo (pero de 1933) se legaliza la cobertura de esta escuela académica y a su vez se contempla la creación del Instituto Pedagógico y de la Facultad de Educación. Ello, con el objetivo de inducir las nuevas técnicas pedagógicas entre el personal docente y los planteles escolares, donde se aprovechó la coyuntura y aprobación del Decreto en mención para reglamentar el funcionamiento de las Escuelas de Derecho, Farmacia y Agrimensura.

Luego de la firma del Decreto N° 29 del 29 de mayo, que creó oficialmente la Universidad Nacional de Panamá, el entonces subsecretario de Instrucción Pública José Pezet, mediante el Decreto N° 30 del 31 de mayo de 1935, fue el encargado de nombrar los primeros profesores de la que pasaría a ser oficialmente la Escuela o Facultad de Derecho (antes Escuela Libre de Derecho), de la nueva universidad del país.

Es así que nuestra máxima casa de estudios nació como en su momento lo expresó el Dr. Octavio Méndez Pereira: “para exaltar el espíritu de la cultura de cara al fervor constante del pensamiento y la acción, llena de un idealismo vital, como poder espiritual y práctico, con la espalda vuelta hacia el pasado y la faz descubierta al porvenir en esa línea de encuentro de dos civilizaciones, en donde ha de  fundirse una nacionalidad de compleja estructura, acaso una democracia nueva, producto de las más intensas germinaciones de tolerancia y comprensiones”.

Conocer sobre la creación, origen y evolución de la Universidad Nacional de Panamá, a partir de aquel Decreto ley del 29 de mayo de 1935, respalda claramente que los objetivos académicos, culturales, humanistas y estratégicos planteados en sus inicios, hoy nos sustentan que los logros y avances a la fecha obtenidos han sido positivos y beneficiosos para la academia, la cultura, la ciencia y la tecnología; adaptada siempre a los nuevos tiempos.

En la actualidad, nuestra Universidad de Panamá cuenta con 19 Facultades, 10 Centros regionales, 5 Extensiones universitarias y 27 programas anexos, con una misión y visión claramente trazada con la capacidad de llevar la mejor educación superior y de calidad a nivel nacional, hasta en las regiones más apartadas e inaccesibles del país. 

Nuestra máxima casa de estudios, pese a los múltiples y diversos obstáculos políticos o económicos encontrados y superados en su recorrido históricos, continúa siendo conciencia crítica de la nación, y de igual forma, avanza siempre en la dirección correcta de las ciencias, la cultura el pensamiento crítico, en favor del conocimiento integral, formando y aportando continuamente profesionales con los más altos estándares de calidad académica al país y al mundo.

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Texto: Félix E. Villarreal V. | Revista Hacia La Luz