Antes te bajaban la nota por cometer faltas de ortografía, y nos parecía una injusticia terrible, pero nos enseñó el valor de una buena construcción gramatical
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

Las redes, que si quitaran horas de uso por faltas de ortografía se quedarían con poca clientela, viven de esa ambigüedad peligrosa que se genera en noticias y publicaciones de usuarios con grandes deslices ortográfico
Las redes y el enredo ortográfico
Parece que no es de buena gente decir a otro, cuando escribe en redes, que ha cometido una falta de ortografía. Parece que el que corrige es pedante, de tal manera que este rebate al corrector diciéndole que es un creído y que escribe como le da la gana, que para eso es su muro.
Confieso que cuando murió Carmen Balcells, quise escribir la noticia en el mío con tres sencillas y rotundas palabras. Escribí: «Muere, Carmen Balcells». Como ven, son solamente tres palabras, pero una coma fatal me expuso, no sé qué pasó, pero, a los segundos, un amigo escritor me escribió: «¡Pedro, esa coma!».
No hace mucho, una querida amiga también me escribió, me mandó un audio, casi de puntillas, para decirme que faltaba una «h» en un «ha». Casi se me caen los ojos cuando vi la errata publicada, ya para siempre, en un periódico.
El problema va mucho más allá de la vergüenza pública, se trata de cómo se elabora el pensamiento, y ojalá solo fuera una «h» o una coma, pero la gran mayoría de las publicaciones que se leen en redes están enredadas por faltas de ortografía graves, que revelan la necesidad de más lectura, de comprensión del hecho de que somos como escribimos.
Leí hace poco la publicación de una periodista que contestaba a otra por una interpelación política. Su respuesta era un batiburrillo de frases inconexas que no me atreví ni a valorar, pero en los comentarios alguien dijo lo obvio: «¿Cómo es posible que una persona que ha escrito esta frase haya escrito un libro?». Sí, la periodista de la frase acababa de publicar un libro.
Antes te bajaban la nota por cometer faltas de ortografía, y nos parecía una injusticia terrible, pero nos enseñó el valor de una buena construcción gramatical, que las pequeñeces como una coma puede desear la muerte a una agente literario (mi desafortunada frase de arriba), y que desde luego si no escribes bien no piensas bien, porque no es lo mismo «muere, fulano» que «muere fulano».
Hay quienes sueltan sus pensamientos políticos en esas condiciones de distorsión ortográfica (ministros, diputados), generando vergüenza y una sensación de peligro que apenas queremos reconocer.
Lo peor de todo es el desinterés por estos hechos. Las redes, que si quitaran horas de uso por faltas de ortografía se quedarían con poca clientela, viven de esa ambigüedad peligrosa que se genera en noticias y publicaciones de usuarios con grandes deslices ortográficos: a peor ortografía, mayor nivel de engaño, autoengaño y crispación.
Hacen falta menos libros de autoayuda y de vampiros, y más talleres de lectura y de escritura que propongan reflexionar sobre el arte de escribir una buena publicación, de pocas palabras, pero bien escritas.
Cuando les corrijan, aprovechen para reflexionar sobre su fondo ortográfico. Quizás va siendo hora de que ordenemos mejor las ideas y las expresemos con mayor claridad. Mucha de la crispación nace de la falta de comprensión lectora, que se agrava cuando lo que se pone delante es una frase, ley, acuerdo o nota de prensa mal redactado. Panamá sí lee, eso dicen, pero no se nota todavía en cómo escribe. Tiempo al tiempo.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

