Darío Curiel Sánchez, héroe de la salud venezolana

Este trabajo, presentado en la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (Sovehim), es una clara contribución y aporte a la Historia de la Salud en Venezuela

Autores:

Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry, expresidente de la Academia Nacional de Medicina (ANM). Sillón VIII. Individuo de Número de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (Sovehime). Sillón XXIII. ORCID 0000-0001-6602-2606

Dr. Aixa Müller de Soyano, Individuo de Número de la ANM. Sillón XXIV de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (Sovehime).

Dr. Andrés Soyano López, Miembro Correspondiente de la ANM. Sillón XXXVIII de Sovehime.

Viruela

La infección causada por el virus variola es una enfermedad reconocida desde hace más de 2.500 años.

La viruela tiene la analogía del gran conquistador. Es una infección altamente contagiosa, que se transmite por contacto con saliva, piel, e incluso, ropa y sábanas de enfermos que la padecen.

Se desconoce el origen de la viruela, pero hay evidencias de su existencia en una época muy temprana, pues se ha hallado en restos de momias egipcias  del siglo III a.C.

Llegó con la Conquista

  • Los primeros brotes ocurrieron en el siglo IV y V en Asia, sobre todo en el Imperio chino, pero con las conquistas de los hunos, y después mongoles, la enfermedad se fue diseminando tanto al oriente—Corea y Japón— como al occidente, llegando así a Medio Oriente y, luego, a causa de las cruzadas, a Europa.
  • En los siglos XV y XVI, la aventura de los navegantes llevó a la conquista de África por parte de Portugal, y después, de España, Francia, Gran Bretaña y América. En la Europa del siglo XVIII se estima que unas 400.000 personas morían cada año por viruela y un tercio de los supervivientes desarrollaba ceguera.
  • Sin saberlo, la colonización no sólo conquistaba lugares inhóspitos con seres humanos diferentes, también llevaba entre sus armas esta infección que encontró así a poblaciones que, al no tener exposición previa a este virus, eran totalmente vulnerables.

Es bien conocido que en la conquista azteca, los españoles arrojaban cuerpos infectados con viruela para propagar la enfermedad, sabiendo que al ya haber sido expuestos en el pasado ellos resultaban inmunes. Se puede argumentar que fue una de las primeras armas biológicas usadas por el hombre.

  • La viruela ocasiona la muerte de tres de cada 10 individuos que la padecen, pero muchos de los sobrevivientes quedan marcados de por vida. Fue así como una infección viral ayudó al conquistador y marcó al conquistado. Se calcula que, a través de la historia, la viruela ha matado a más de 500.000.000 seres humanos.

Inicios de la vacunación

En China, alrededor del siglo XVI,  comenzó una forma primitiva de inoculación artificial de la viruela (variolización) para prevenir o mitigar los efectos de la enfermedad. Aunque hay vestigios de inoculación como medio de prevención de la viruela desde al menos el siglo X d.C. por un monje taoísta de Emeishan (provincia de Sichuan).

La británica lady Montagu (1689-1762) en un viaje a Turquía observó el proceso de inoculación de la viruela (variolización) como un método para prevenir la infección adquirida de forma natural.

Entonces inoculó a sus hijos y, a su regreso a Inglaterra, repitió y divulgó el procedimiento entre otras personas, siendo este uno de los mayores aportes a la introducción de la inoculación en occidente. El éxito obtenido no fue suficiente para evitarle la oposición de la clase media que siguió desconfiando del método.

Hay datos históricos en Sudamérica de inoculaciones con pus de viruela por el fraile juandediano Pedro Manuel Chaparro (1746-1811) quien en Chile había obtenido el grado de licenciado y doctor en medicina a quien se le atribuye ser uno de los descubridores de la vacuna contra la viruela en Sudamérica.

Vicente de Carvallo y Goyeneche escribió:

“…No es menos recomendable este relijioso por las buenas cualidades personales que le adornan que por las adquiridas. Sus talentos son de primer Orden i su instruccion nada vulgar. Ansioso siempre del deseo de investigar la humana naturaleza es aplicado a esperiencias físico-médicas con que adelanta sus conocimientos en medicina, i por eso desean todos en sus dolencias valerse de su ciencia”.

No hay datos escritos del método utilizado por Chaparro, pero hay algunos datos en el libro Inoculación de las viruelas, publicado en Lima en 1778 por fray Domingo de Soria, juandediano, que había trabajado con Chaparro en Valdivia en 1766, y refrendado por Lorenzo Quiñones en 1797, quien describe el método utilizado en Perú por Chaparro.

Casi noventa años más tarde, desarrolló la vacuna Edward Jenner (1749-1823), considerado el padre de la inmunología, y su trabajo “ha salvado más vidas que el trabajo de cualquier otro hombre”.

Viaje de Balmis

El éxito de su descubrimiento pronto se extendió por toda Europa y se utilizó en masa en la Corona Española de donde emprendió la expedición Balmis, una misión de tres años de duración a las Américas, Filipinas, Macao y China, dirigida por el doctor Francisco Javier Balmis (1753-1819).

Médico personal de Carlos IV. Persuadió al Rey de enviar una expedición a América a propagar la recién descubierta vacuna. Balmis y José Salvany (1778-1810), fueron el alma de la expedición la cual partió del puerto de La Coruña, el 30 de noviembre de 1803, a bordo del navío María Pita.

A bordo del navío María Pita viajó una dama, quien era enfermera y rectora del Orfanato de la Caridad de La Coruña, Isabel Zendal Gómez (1771- ¿ Puebla de los Ángeles, México), al cuidado de 22 niños de la Casa de Expósitos de La Coruña, que viajaron a América, con edades de entre 3 y 9 años, y de los 26 que fueron luego a Filipinas durante los diez años que duró la expedición para llevar la vacuna de la viruela a los territorios españoles de ultramar.

En octubre de 1803 se publicó un decreto en el que incorpora a Isabel Zendal Gómez a la expedición.

La primera enfermera

Isabel, es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera de la historia en misión internacional (1950).

Desde 1974 el gobierno de México concede el Premio Nacional de Enfermería Cendala Gómez en su honor. El ayuntamiento de La Coruña dio su nombre, Isabel López Gandalia, a una calle de la ciudad y en 2017 se cambió el nombre a Isabel Zendal Gómez.

Viruela en Venezuela

Llega al puerto de Caraballeda desde las costas de Guinea un barco portugués en 1580, infectado de viruela. La enfermedad se transformó en epidemia de forma rápida, contagiando a los indios y llevando la ruina a la Gobernación para convertir la ciudad en “lástima y horrores”.

Este primer brote devastador de viruela se contuvo con los años, pero regresó trece veces entre 1606 y 1663. En 1658, durante los primeros meses, la viruela mató a más de dos mil personas y en 1674 hubo más de mil muertos en Caracas.

Las epidemias de viruelas en el siglo XVIII, fueron bien abundantes y la que comienza en Caracas, en 1763, la más trágica:

“Esta enfermedad se mantendrá con sus efectos terroríficos y lacerantes entre los pobladores de la ciudad, desde 1763 hasta comienzos de 1777. La mayoría de los enfermos morían sin poder obtener ayuda, para lo cual se construyeron varias zanjas cerca del campo de Santa Rosalía, donde se lanzaban los cuerpos de los fallecidos por la enfermedad; mientras que los enfermos eran trasladados hasta el degredo, con intención de esperar que murieran o superaran con vida la enfermedad

Esta epidemia que azotó a Caracas, continuó periódicamente en los años siguientes, propagándose a todas las provincias, llegando hasta Cumaná, donde murieron 2.005 individuos de los 8.396 que se contagiaron.

Primeros intentos de vacunación en Venezuela

El primer intento de variolización en Venezuela data de 1769, cuando Juan Antonio Perdomo Bethencourt (1737-1800), médico y teniente de justicia mayor de La Victoria, durante la epidemia que hacía estragos, trata a 5.000 personas en la región.

En Cumaná, el licenciado Alonzo Ruiz Moreno, dos años antes de la llegada a Venezuela de Balmis, comienza a aplicar la vacuna antivariólica o jenneriana, mérito que hay que reconocer.

  • En 1803, el médico venezolano José Domingo Díaz recomendaba y practicó la vacunación valiéndose del fluido de vacas criollas, sin lograr éxito. El formó parte posteriormente de la Junta Central de Vacunación, a la llegada de Balmis.
  • Llega a Venezuela la expedición de Balmis y recorrió el país durante cincuenta días, dirigiéndose a Caracas, La Guaira, Puerto Cabello, Maracay, Margarita, Cumaná y Maracaibo, llegando a vacunar a 38.724 personas.

Fases de los granos de la viruela

Darío Curiel Sánchez y la Lucha Antivariólica

Comenzaremos con las palabras expresadas por Briceño Romero:

“Cuando un hombre consagra su vida y su ciencia a resolver los intrincados problemas de la salud colectiva, olvidando su propio bienestar para preocuparse exclusivamente por el conglomerado en donde vive y actúa, ha de poseer reservas inagotables de altruismo y de espíritu abierto a las manifestaciones de la humanidad”.

Este ha sido el caso del Dr. Darío Curiel Sánchez, científico notable, patriota desvelado y varón de vasta sensibilidad social para comprender y resolver los problemas de su pueblo”.

Dr. Darío Curiel

Su obra positiva y permanente le conquistó un sólido prestigio en las esferas sanitaristas internacionales en donde su documentada palabra se oyó con respeto, al igual que en Venezuela en donde su nombre es símbolo de ponderación y eficiencia.

Nació en Coro, estado Falcón, el 23 de diciembre de 1907. Fueron sus padres el Dr. José Curiel Abenatar y su honorable esposa María Sánchez. Contrajo matrimonio con la distinguida dama coriana María Octavia Carías Diez. De esta unión nacieron: Maruja+, Darío+, María Josefa+, Raúl, Roberto+, Ernesto y María Octavia.

Se graduó de Bachiller en Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1928. Se doctoró en Ciencias Médicas en la misma Universidad el 29/9/1930.

Realizó cursos de postgrado y obtuvo el título de Perito en Salud Pública en la Universidad de Johns Hopkins, Baltimore, EE.UU., en 1937 y de Doctor en Salud Pública en la misma Universidad, en 1938.

Al regresar al país se incorpora al Despacho de Sanidad donde funda la División de Epidemiología y Estadística Vital (1938). Compuesta por tres secciones: la de pautas y asesoramiento, la lucha anti epidémica, y la de estadística vital.

La sección de Pautas y Asesoramiento se ocupa de: 1) Recolección, centralización y tabulación de los datos referentes a la estadística de la mortalidad de las enfermedades transmisibles 2) Supervisión y asesoramiento de las oficinas locales de sanidad 3) Elaboración de pautas para el control de las enfermedades transmisibles.

Curiel, hombre de gran sensibilidad social, fue republicano, afecto al estado de derecho, hombre de servicios. Adoptó la actitud del “pionero”, nunca fue pasivo, sino que, sin caer en el conflicto, le pone el sello de su personalidad a las acciones que emprende.

La erradicación de la viruela en Venezuela se debe principalmente a Darío Curiel y su equipo que lo formaban: Dres. J.G. Halbrohr, J.I. Rodríguez, E. Echezuría, A. Puma, G. González, L. Erquicia y D. Ceballos, cuya acción se inició en 1949, después de 10 años de estudios previos, un primer plan de vacunación antivariólica, de cuatro años de duración, seguido de un segundo en 1953 que finalizó en 1959, de escala nacional, vacunando todo el país, casa por casa y en forma repetida, con la colaboración de su equipo, cuya labor callada merece ser revelada, para reconocimiento nacional.

Mal endémico

En nuestro país esta enfermedad pestilencial era endémico-epidémica desde la época de la colonia, al punto que en el quinquenio 1946-1950 hubo un promedio de 8.140 casos anuales; el resultado de este plan de vacunación fue que después de mayo de 1956 no se han presentado casos autóctonos en el territorio nacional. Así en Venezuela fue erradicada 21 años antes que esto fuera logrado por la Organización Mundial de la Salud a nivel mundial. Fue un notable éxito.

Curiel estuvo 22 años al frente de la División de Epidemiologia y Estadística del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Como lo señala el Dr. Aníbal Osuna en su biografía: “Talento y la voluntad fueron dos de sus cualidades. Toda la gestión sanitaria presentada trasluce esas cualidades…

En lo somático era alto, delgado, contextura fuerte, blanco, facciones caucásicas, pelo negro, ojos verdes, ágil, voz fuerte y grave, buena salud, usaba lentes para leer…

La modestia era otra de sus características, poco escribió sus logros. En el trato era sencillo, franco, sin afectación; de elevada mística por el trabajo…era extrovertido, alegre, simpático, cortés, respetuoso, lo que le facilitaba el trato personal. Era fumador”.

Su experiencia en el campo de la salud pública trasciende nuestras fronteras: en 1949 fue nombrado miembro del “Panel” de Expertos sobre Estadísticas Sanitarias de la OMS.

Igualmente, en 1953, conformó el Grupo de Expertos sobre cuarentena internacional de la misma organización mundial; y en 1954 miembro del Grupo Asesor sobre Clasificación de Enfermedades (OMS).

En 1955 se creó el “Centro Latinoamericano de Clasificación de Enfermedades” con sede en la División de Estadísticas del MSAS que el presidía.

Curiel participó en reuniones de expertos en numerosos países como Chile (1950), Egipto (1951), Ginebra (1964), Washington (1947), Bogotá (1950), notándose la importancia de su gestión.

Formó parte de la Cátedra de Higiene y Medicina Social de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), desde el año 1945, permaneciendo hasta el año 1978, cuando se jubiló, llegando hasta la categoría de Profesor Titular.

Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, puesto # 41. Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Salud Pública.

Recibió la Orden del Libertador, Andrés Bello y al Mérito de la República del Ecuador.

El Dr. Curiel con su familia

A su fallecimiento, el 16 de septiembre de 1983, Darío Curiel había dejado a Venezuela un legado excepcional: “una nueva configuración demográfica, un nuevo mapa de la salud, un nuevo ciudadano en cada venezolano que nacía libre del flagelo de la viruela”.

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