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Andrea López López, segunda autora
Este trabajo, publicado en Nature, sugiere un cambio de paradigma en la comprensión de enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple, el Alzheimer, o el Parkinson. Es autoría de investigadores del CiMUS de la USC y de la Universidad de Cambridge

Autoría: Comunicación CiMUS

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge y del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la Enfermedad de Parkinson del CIMUS (USC), con la colaboración de otras instituciones europeas como el Instituto Karolinska, propone una nueva forma de entender cómo se daña y también cómo se repara el cerebro.

El trabajo, cofinanciado con fondos europeos y publicado en Nature, demuestra que las lesiones en la sustancia blanca no son solo una consecuencia del daño neurológico: pueden actuar como el punto de partida de una cascada de cambios positivos en el funcionamiento cerebral.

Los hallazgos, en general, “revelan una forma de plasticidad regenerativa que acopla la integridad de la sustancia blanca con la función de la sustancia gris, lo que podría subyacer a múltiples afecciones neurodegenerativas, y resaltan el potencial de dirigir la regeneración de la mielina para prevenir la neuroinflamación crónica”.

Mielina, clave en la reparación del daño cerebral

La sustancia blanca contiene la mielina, una capa que recubre las fibras nerviosas y permite que las señales eléctricas se transmitan con rapidez y precisión.

Cuando esta mielina se pierde, no solo se altera la comunicación entre neuronas (sinapsis).

Según este estudio, también se activa una respuesta inflamatoria en el cerebro, incluso en regiones alejadas de la lesión inicial. Esta reacción puede provocar cambios en la actividad neuronal y la eliminación de algunas conexiones entre neuronas, esenciales para el funcionamiento normal del cerebro.

Sin embargo, los investigadores señalan que este proceso no es negativo. En parte, representa un intento del propio cerebro por adaptarse al daño y favorecer su reparación.

La inflamación y los cambios sinápticos observados formarían parte de un mecanismo coordinado que reduce la actividad neuronal temporalmente y facilita la regeneración de la mielina.

“La clave está en si el cerebro consigue completar esa reparación. Cuando la mielina se regenera, la inflamación desaparece y las conexiones entre neuronas se recuperan, permitiendo restaurar la función normal. En cambio, si la regeneración falla, la respuesta inflamatoria se vuelve crónica y el daño neuronal continúa progresando con el tiempo”, apunta la segunda autora del estudio e investigadora del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) Andrea López López.

Este mecanismo ayuda a entender mejor lo que ocurre en enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple, el Alzheimer o el Parkinson, en las que el cerebro no logra repararse completamente y la inflamación persiste.

Los resultados sugieren que el objetivo terapéutico no debería centrarse únicamente en reducir la inflamación, sino en favorecer la regeneración de la mielina para permitir que el proceso de reparación se complete.

En conjunto, el estudio apunta a que potenciar la capacidad del cerebro para regenerar la mielina podría ser una estrategia clave para frenar e incluso revertir el deterioro asociado a distintas enfermedades neurológicas. Sin inflamación transitoria no hay regeneración

Para comprobar el papel de la microglía, los investigadores eliminaron selectivamente estas células en la sustancia gris.

En esas condiciones, las neuronas dejaron de reducir su actividad de forma adaptativa y, de manera crítica, la remielinización en la sustancia blanca quedó bloqueada.

En ausencia de microglía, el sistema pierde su capacidad de regenerarse. Este resultado demuestra que la inflamación transitoria no es un efecto colateral del daño, sino un componente esencial del proceso de reparación cerebral.

De forma complementaria, cuando los investigadores impidieron la regeneración de la mielina, el sistema quedó atrapado en el estado opuesto.

La respuesta microglial, que en condiciones normales es transitoria, no se resolvió y evolucionó hacia una inflamación crónica sostenida, acompañada de una pérdida persistente de sinapsis.

Este escenario reproduce la denominada inflamación de bajo grado que caracteriza la progresión de múltiples enfermedades neurodegenerativas.

En conjunto, los resultados establecen un principio fundamental: la regeneración de la sustancia blanca y la resolución de la inflamación en la sustancia gris están estrechamente acopladas. Cuando este equilibrio se rompe, la inflamación deja de ser una respuesta adaptativa y el daño tiende a cronificarse

Especial relevancia en el envejecimiento

El estudio demuestra además que, con la edad, la microglía pierde su capacidad de respuesta adaptativa: no incrementa su densidad, no modifica su morfología ni lleva a cabo la eliminación sináptica necesaria tras una lesión.

Esta pérdida de plasticidad funcional convierte a la microglía envejecida en un elemento incapaz de activar el programa regenerativo, lo que contribuye directamente al fracaso de la remielinización.

Referencia: de Faria, O., Vagionitis, S., Lopez-Lopez, A. et al. Focal white matter lesions drive grey matter inflammation and synapse loss. Nature (2026)https://doi.org/10.1038/s41586-026-10414-w