Dr. Daniel Bracho, vida al servicio de Dios y la Medicina

Por Nela Requena de Bracho

Daniel Santiago Bracho Ochoa nació en Puerto Cabello el 8 de noviembre de 1940. Estudió primaria en el Colegio Evangélico de Puerto Cabello. En sus años juveniles estudió piano y se destacó en la música.  A los 12 años, tomó la decisión de aceptar a Cristo como su Salvador personal.

Cursó el nivel básico de bachillerato en su Puerto natal. El cuarto año lo llevó a cabo en el Liceo Pedro Gual, en Valencia; el quinto año lo cursó en el Liceo Carlos Soublette, en Caracas.

Durante estos últimos dos años incursionó en el periodismo estudiantil, llegando a ser fundador y director del periódico del Liceo donde estudió 5to año. A esa publicación, Bracho la bautizó: CASO. Al finalizar la secundaria le atrajo la política, pero Dios tenía otros planes.

Estudió Medicina en la Universidad Central de Venezuela, UCV, y durante ese tiempo vivió en el topito de un cerro, en El Valle, y atravesó numerosas carencias económicas. Pero eso no impidió que el 13 de agosto de 1965 recibiera su título de Médico Cirujano y ocho días más tarde el de Maestro de Educación Primaria.

En el aspecto religioso colaboró en el periódico “La Voz en el Desierto” y se inició como maestro y predicador del evangelio.  Su don de servicio lo llevó incluso a colaborar como mesonero en conferencias bíblicas.

Después de su graduación se desempeñó como residente en el Hospital del Centro de Adiestramiento Naval (HCANES), Catia La Mar (65-67). En 1968 comenzó la residencia de Neumonología, en el Hospital Vargas de Caracas; en junio de 1969 dio sus primeros pasos como instructor por concurso de la Cátedra de Historia de la Medicina en la Escuela José María Vargas.

Durante el año 70 laboró ad-honorem en el servicio de Neumonología del Hospital Vargas, hasta que por credenciales fue designado como Médico-Adjunto.

En ese mismo tiempo trabajó como médico general en el Seguro Social, donde ocupó el cargo de delegado gremial.  A la par ejerció la consulta privada de su especialidad. Además, inició sus estudios de Educación en la Universidad Católica Andrés Bello (curso nocturno) de donde egresó como mejor alumno de su promoción el 27 de septiembre de 1973.

Por un mensaje telefónico conoció de las Iglesias Evangélicas Libres de Venezuela y comenzó a congregarse allí. El 7 de diciembre de 1974 contrajo matrimonio en segundas nupcias con Nela Elvira Requena. Dicha unión fue bendecida por Dios con cuatro hijos (Nelayda Esther, Daniel Enrique y las gemelas Dayné Elizabeth y Neysa Elena) y tres nietos (Mateo Alejandro, Kristen Alejandra y Alison Gabriela).

Servir a Dios y a los hombres

Recién casado en enero del 75, y en su deseo de prepararse mejor para servir a Dios y a su pueblo, inició estudios para el pastorado en el Seminario Evangélico Asociado (SEA).

En julio del mismo año fue electo presidente de la citada organización evangélica. Trabajó arduamente en la constitución y estructuración de esta, manteniéndose en dicho cargo por elección mayoritaria durante 7 años.

Sin descuidar su trabajo profesional, en 1977 inició su labor pastoral (ad-honorem) en la Iglesia Evangélica Libre ubicada en Los Jardines de El Valle, donde laboró hasta el año 1980. A partir de ese momento, se dedicó más de lleno a su rol dentro de la organización de iglesias evangélicas, a fin de que su expansión y proyección tuviera un mayor alcance.

En noviembre de 1979 se integró a la Cruzada Médica Evangélica Indigenista (CRUMEI), grupo liderado por el Dr. Benjamín Páez, que entraba a las comunidades indígenas de la selva venezolana tres veces al año.

Para este fin el Dr. Bracho se esforzó por conseguir aportes de medicinas a través del Ministerio de Educación y de diferentes laboratorios farmacéuticos. El viaje a la selva lo hacía cubriendo sus propios gastos o levantando ofrendas. Y junto al resto de la CRUMEI viajaba de una comunidad indígena a otra utilizando la avioneta de la organización “Alas de Socorro” o, si era necesario, curiaras con motor que ofrecían los indígenas.

Una vez culminado su período presidencial en la organización de iglesias evangélicas, recibió un nuevo llamamiento, esta vez al pastorado de una Iglesia ubicada en San Bernardino, Caracas.

Nuevamente aceptó llevar este trabajo ad-honorem y de inmediato comenzó a trabajar en la constitución de la Iglesia y en su registro respectivo en el Ministerio de Justicia y Culto.

Allí, junto con Nela, su esposa, llevó adelante dos ministerios que trajeron vitalidad y crecimiento a la congregación religiosa. El primero fue “Evangelismo Explosivo” y el segundo fue el trabajo entre las barriadas pobres de San Bernardino a través de los Clubes Oansa –estos últimos dirigidos hacia el estímulo y desarrollo de la niñez–.

Asimismo, mediante talleres de enriquecimiento personal, Bracho ayudó a salvar y reconstruir matrimonios y promovió las relaciones familiares mediante la realización de campamentos.

El crecimiento de la iglesia hizo necesario que para finales de 1984 se trasladaran a una nueva sede, en el mismo San Bernardino, la cual posteriormente también tuvo que ser ampliada para albergar a los nuevos creyentes.

Para el año 1985, su visión y don de presidir le dio los méritos para resultar electo presidente de la Fraternidad de Ministros Evangélicos de Venezuela (Framinev). Durante su gestión, se realizaron reuniones y conferencias pastorales a nivel nacional, se promovió el programa de Evangelismo Explosivo y el compañerismo entre los pastores del país.

Otro medio de crecimiento y proyección a la comunidad fueron los Planes Bíblicos Vacacionales y manualidades para las madres.

Igualmente, Bracho fomentó el servicio a la comunidad a través de la visitación y predicación en diferentes geriátricos de San Bernardino. Además, no fue mezquino con las instalaciones de la iglesia donde pastoreaba, pues, una y otra vez, se le facilitaron las mismas a la Escuela de Música local, José Reyna, para varias de sus actividades docentes.

Siendo miembro correspondiente nacional de la Sociedad de Historia de la Medicina, escribió un libro dedicado a la memoria de su profesor de Neumonología intitulado Juan Delgado Blanco, El Maestro.

Para ello contó con la invaluable ayuda de su esposa Nela en la transcripción, y de la licenciada Ilba Gómez en la corrección. El libro fue editado y publicado por el CONICIT y el 19 de marzo 1986 dio su discurso de incorporación basado en el mismo tema.

Pasión por la historia

En 1986 fue recibido como Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, ocupando el sillón No. XX. En su colaboración y ayuda a esta institución ocupó varios cargos en diversos períodos:  Secretario de Actas y Correspondencia, Vicepresidente y Presidente.

Al surgir el partido político ORA, inició su militancia en el mismo y los esposos Bracho fueron invitados por el Congreso de los Estados Unidos al Desayuno Presidencial de Oración, en febrero de 1988.  Animado por varios de los miembros del partido se lanzó como candidato a Senador. No obstante, la labor pastoral tuvo más peso y desistió del intento.

En 1999 fue jubilado del Servicio de Neumonología del Hospital Vargas, pero continuó laborando tanto en la Cátedra de Historia de la Medicina como en la Jefatura del Departamento de MPS de la Escuela de Medicina Vargas.

Cinco años más tarde, en 2004, la organización de Iglesias Evangélicas Libres (Adiel), requirió nuevamente la presencia del Dr. Bracho, resultando electo presidente encargado de la misma.

Unos meses más tarde fue ratificado. Para ese momento la institución enfrentaba una crisis económica sin precedentes. Sin abandonar sus múltiples roles personales, profesionales y ministeriales, Bracho y su directiva se entregaron al duro trabajo de levantar de nuevo a la organización de Iglesias.

A pesar de algunos problemas físicos, de su trabajo profesional, de la atención a la grey, del trabajo de predicación de cada domingo en la iglesia y de todo ese otro trabajo en la organización, en ningún momento descuidó su labor de esposo abnegado y padre ejemplar.

Por si fuera poco, logró apartar el tiempo para estudiar y sacar su anhelado doctorado y el 23 de junio de 2006, una vez concluida su tesis doctoral en la UCV, Daniel Bracho recibió el título de Doctor en Historia.

En el 2010, reelecto como presidente en la Adiel ya por tres períodos consecutivos, dejó completamente saneada la administración de la misma y le pasó el testigo al pastor licenciado Abdi Pereira, quien quedó seleccionado como nuevo Presidente de la organización.

A finales de 2011, bastante agotado físicamente, y  después de pasar por una operación de columna, ya no era el mismo. Luego de ejercer el pastorado por casi 30 años ininterrumpidos, puso su renuncia como pastor.

Sin embargo, esta no fue aceptada y lo consideraron más bien como una jubilación. Así fue como ejerció el cargo de pastor hasta noviembre de 2012, exactamente a 30 años de haber iniciado su labor en la Iglesia Evangélica Libre Jezreel. Sumando su experiencia previa en la iglesia de El Valle, fueron en total 33 años que dedicó su vida al pastorado.

El 3 de julio 2013, el Dr. Bracho recibió una Licenciatura en Teología, Mención Pastoral, otorgada por el Instituto Bíblico “Dios es amor”.  Junto a él, su esposa Nela también recibió una Licenciatura en Teología, Mención Gerencia Eclesiástica.

El 20 de septiembre de 2017 la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina lo nombró Miembro Emérito y en el año 2018 solicitó su jubilación en la Universidad Central de Venezuela, después de ejercer apasionadamente la docencia en la Escuela de Medicina Vargas durante 49 años.

En su Cátedra de Historia de la Medicina, a la que tanto amaba, pasó por todos los grados del escalafón universitario hasta culminar como Profesor Titular.

Sin embargo, el organismo del Dr. Bracho continuó menguando y en busca de mejores aires, debido a la convulsión política y social de Venezuela, se vio en la necesidad de trasladarse con su esposa a Bogotá, Colombia, para vivir junto a su hija mayor.

Allí, Dios no les faltó sino que de manera asombrosa les proveyó de todo lo necesario, incluso en las horas más oscuras de su enfermedad, cuando el flagelo que hoy amenaza destruir la humanidad lo atacó.

Aunque luchó muy duro, no logró vencerlo. Siempre cordial y atento, cuando aún tenía capacidad para hablar, una de sus últimas oraciones fue de gratitud al equipo de médicos y enfermeras que lo estaba asistiendo.

Semblanza autoría de Nela Requena de Bracho
Bogotá, 18 de mayo de 2021